Me es difícil de aceptar que el gran gigante de las películas ya no se encuentre entre nosotros en su forma física, porque su trabajo como actor perdurará para siempre.

Su primera participación fue como uno de los empleados de Bruce Willis en la misión para salvar el planeta de un asteroide. Su imponente presencia, combinado con su increíble sensibilidad, lo volvió uno de los favoritos entre la manada de humanos dispuestos a arriesgar sus vidas. Ni como olvidar esa escena con el psiquiatra, mientras sólo le hacía unas inocentes preguntas.

Sin duda su mayor legado es su participación en Milagros Inesperados (The Green Mile), a lado del ratoncito más famoso… y por supuesto también Tom Hanks. Fue tanto su talento que los llevo a ser candidato al Oscar como mejor papel secundario, tener su propia parodia en Los Simpsons y un buen número de puertas abiertas que le permitieron tener una constante presencia en las salas de cine.

El hecho de haber sido una persona de gran altura y musculatura, no paso desapercibido por varios directores que solicitaban su participación para llenar ese vacío de villano poderoso. No importa si se tenía que disfrazarse de simio (Planeta de los Simios), soportar el intenso sol ( El Rey Escorpión), romper preconcepciones raciales con Kingpin o de plano llenar el perfil con  Manute (Sin City); es indiscutible su legado ya no tanto como uno de los multigalardonados actores a los que se les brinda tributo,  si no como una constante del cine de Hollywood.