Hay documentales que son un total aburrimiento con sus gráficas, números, voces de actores que la hacen de locutores y temáticas que solo pueden interesar a los que estudian postgrados o doctorados.

Es por eso que causa tristeza saber que esta película no va ha recibir la misma distribución en otros países al menos que sea ganadora al Oscar (no tengo dudas que así será). Si llegan a localizarla por cualquier medio vale la pena verla.

En nuestra sociedad existen mayores problemas que causan más interés que la matanza de delfines. Es más suena ridículo el asunto cuando la mayoría de lo que consumimos son cadáveres de animales.

El documental intenta sensibilizarnos en que los delfines son una forma superior de vida y por lo tanto no los debemos asesinar para consumo humano. Y nadie mejor para demostrarnos tal hecho que el ex-entrenador de delfines Ric O’ ‘Barry, famoso por haber cuidado de los cetáceos que interpretaban a Flipper.

Resulta que en Japón , en el pueblo de Taiji, existe la cacería de estos seres de mar con el fin de entrenarlos para parques de diversiones y los menos afortunados terminan siendo asesinados para usar su carne para consumo humano.

El equipo de producción hace una hazaña para lograr obtener pruebas irrefutables de la masacre, creando al mismo tiempo una experiencia de cine digna de la serie de televisión misión imposible. La mayoría del tiempo no la pasamos viendo la logística, motivación y recursos necesarios para llevar a cabo este conmovedor documental.

Todo hubiera resultado en otro especial del Museo del Papalote en México si no fuera por la motivación de Ric O’ Barry. Este personaje es el responsable de darle sentimiento a lo que hubiera sido otra propaganda de los grupos de conservación de especies (aunque no deja de serlo). Su historia es conmovedora hasta las lágrimas y no te quedan dudas de que lo que hace es de corazón.

El fundamento principal en la cacería de delfines y que esta presente en la justificación de tales acciones es el aspecto cultural. Nosotros matamos ganado y los orientales pescado. Entonces , ¿qué derecho tenemos de exigir algo no aprobado por la mayoría del mundo?

Se muestran las tácticas políticas utilizadas para mantener esto en secreto, los controles gubernamentales, los incesantes discursos y es frustrante.

Por eso me quedo con el aspecto positivo del documental que es invitar al cambio de actitud como individuos y finalmente como sociedad para que esto no ocurra. Lo ideal seria no comer animales, pero se que eso es difícil considerando la ausencia de frutas y vegetales en nuestra dieta, pero hay que ser sinceros y debemos de admitir que sería lo correcto.

¿Alguien quiere sopa de cadáver de pollo?