Si creciste durante la década de los 90´s, principalmente, entonces durante la mayor parte de tu niñez tuviste que haber visto la serie animada, o anime, llamado Dragon Ball, o al menos escuchar de ella. Por aquél entonces el anime en México y en gran parte de Latinoamérica era muy diverso ya que podrías encontrar series para todos los gustos, sin embargo Dragon Ball tenía una pequeña chispa de talento con ese «algo» que hacia que te detuvieras a ver capitulo tras capitulo. Seguir las aventuras de Goku era muy emocionante y llegado la eventual continuación, Dragon Ball Z, la serie gano más adeptos y se empezó a hablar más y más de ella. Lo curioso es que no solo era una serie para el público masculino sino que el femenino también lo veía y disfrutaba. Aquellos eran buenos tiempos. Hoy en día la programación ha cambiado y el público igual, lo mismo que los propios gustos, y quizás, y solo quizás, un recordatorio nostálgico es necesario de vez en cuando.

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Dragon Ball Z: La Batalla de los dioses llega en una época en que las nuevas generaciones han cambiado de gustos y disfrutan de otros entretenimientos, pero para aquel público que creció al lado de los guerreros Z la situación es otra. Bien es sabido que la película en cuestión no iba a llegar a México y que tampoco tendría el doblaje original de la serie pero fue gracias a la insistencia de los fanáticos que el milagro se pudo concretar. La emoción y la nostalgia inundaba las redes sociales sin embargo noticias provenientes de oriente nos alertaban de ciertas cosas. La primera era el excesivo humor que tenía, propio de los japoneses, y el segundo era la inminente llegada de una serie de capítulos para televisión que derivarían de la película, la cual solo era una excusa para dar luz verde al esperado proyecto.

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Al acudir a la premiere, la cual genero en mí sentimientos encontrados, las noticias resultaron ser muy ciertas. Esto no es malo en general pero si resultara como una terrible decepción para aquellos que esperaban un regreso más antológico y acorde a la espectacularidad del anime. Las nuevas técnicas de animación en verdad le ayudan a la estética visual de la película pero fuera de eso, poco y nada. La Batalla de los dioses se desarrolla tiempo después de los acontecimientos de Majin Buu y antes de los ocurridos en GT, en el cual un dios, Billis, ha despertado luego de un largo letargo debido a una profecía que le decía que en esta época aparecería un ser de grandísimo poder. Billis se pone al corriente de los eventos acontecidos en el universo de Dragon Ball y es informado de la derrota de Freezer, razón por la cual decide ir a buscar al guerrero que venció al temible tirano.

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Hasta este punto de partida la película como tal tiene un propósito definido y una trama concreta, el problema es lo demás.La primera aparición de Goku, en el planeta de Kamisama, es emocionante, aunque nunca te expliquen que demonios hace ahí. Pero se perdona. Instantes siguientes acontece el primer enfrentamiento entre Billis y Goku que lejos de ser espectacular e inolvidable, resulta todo lo contrario. Y es a partir de aquí que la película decae en demasía. Muchos, me incluyo, esperábamos combates épicos y por lo menos una participación discreta de los demás personajes, a fin de cuentas por ello se lucho tanto para conseguir el doblaje de las voces originales. Nada más alejado de la realidad, los personajes de la serie tienen nula participación , exceptuando quizás a Vegeta, Piccoro, Gohan y Bulma; personajes muy queridos por los fanáticos que ven reducida su participación para dar lugar a escenas chistosas.

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El mayor problema de La Batalla de los dioses es que la película como tal no es una película sino más bien un capitulo extendido. No pasa absolutamente nada salvo la transformación, decepcionante, de Goku en dios. Y lo que pudo haber sido una batalla final para la posteridad queda como una simple ilusión. Una ilusión que muy probablemente haya destruido a millones de fanáticos. Lo único rescatable de esta entrega es la nostalgia que ofrece no tanto el anime en si, sino las voces que nos hicieron pasar tan gratos momentos en nuestra niñez y juventud. Al finalizar la película te queda la sensación agridulce de que lo que acabas de ver bien pudiste verlo en tu computadora o algún día en la televisión.

Dragon Ball Z: La Batalla de los dioses no cumple ninguna expectativa salvo la de volver a ver y escuchar a los personajes con los cuales crecimos y de igual modo amamos. Una película que sirve como excusa para prolongar una trama a una nueva sucesión de capítulos por los próximos años. No era ni remotamente necesario ni básico verla en una sala de cine, más ahora con los precios tan incongruentes que hay que pagar, pero ese pequeño niño que habita en tu cabeza quizás algún día te lo agradezca, o quizás no.