El problema que existe con esta película es que no me importan los enanos y por lo tanto sus aventuras son insípidas, sin emoción o importancia. Mientras que la segunda película de la primera serie (Las dos Torres) logra darle peso a algunos de sus personajes con una épica batalla y por lo tanto involucrarnos el oscuro destino de Tierra Media; ‘El Hobbit’ no puede ni ocasionar simpatía para su protagonistas. Todos los enanos son insoportables y más su líder: Thorin (Richard Armitage). Hasta da gusto que el dragón se haya apoderado de su hogar con todo y sus toneladas de oro incluidas. Hasta parece una analogía a los millones de ingresos que han recabado los productores que entupidamente decidieron extender un libro en tres películas.

He dialogado con Josué al respecto y el tiene su opinión de que este libro no debió de haber sido traducido a la pantalla grande por ser de naturaleza infantil. Si bien es cierto que el tono no cuadra con la obra de cine principal, se me hace injusto no darle oportunidad al mismo equipo que con talento resucito el género de fantasía épica y que hasta hoy estamos viviendo de las consecuencias con Games of Thrones.

Bilbo-Bolson

La película narra la travesía de un grupo de enanos que buscan recuperar la Arkenstone, una piedra preciosa que al parecer idiotiza a quien la ve para hacer creer que Thorin Oakenshield es el heredero del reino. Dentro del grupo se encuentra Gandalf el Gris (Ian McKellen), quien desaparece para contemplar peligros con otro hechicero y abandonar los enanos a su suerte. Tampoco se me puede olvidar incluir al metiche de Bilbo Bolsón (Martin Freeman) que busca aventuras y tiene cerebro para engañar cualquier enemigo que sirve para inflar el tiempo de duración.

No suficiente con haber soportado una primera parte, todavía tenemos que aguantar más de la mitad de la cinta para por fin llegar a ver al tan nombrado dragón. Es un ejercicio a la paciencia soportar secuencias extensas en donde Gandalf se la pasa balbuceando sobre la oscuridad que ha de venir, o los aristócratas de los elfos actuando tan pedantes como siempre. Con dos secuencias de acción para despertarnos, sólo comprueba una vez más la maestría digital de los genios de WETA, y también porque no decirlo, la habilidad de Peter Jackson para crear el mundo de Tierra Media.

Thorin-Oakenshield-y-sus-enanos

Los nuevos personajes por lo menos brindan cierta frescura a una saga que se había vuelto insoportable por los enanos. Yo que tanto me queje de Legolas (Orlando Bloom), este resultó ser de lo más entretenido junto con la bella Tauriel (Evangeline Lilly) y en su… ¿adivinen qué? otra trama de amor no correspondido. ¡Vaya originalidad! Pero eso no fue lo que me agrado, lo que sí, fueron sus habilidades ninjas para aniquilar con todo uso de violencia la horda de Orcos que venían persiguiendo a los enanos. Me dejaron tan buena impresión, que hasta me estaba convenciendo de que la actriz Evangeline Lilly tiene futuro y que la serie de Lost no supo aprovechar su talento. Tampoco es para marearse, porque  no tienen mucho que ofrecer al pasarsela la mayoría del tiempo disparando flechas y ver a la camára con pose heroíca.

Por cierto, ¿alguien quiere a los enanos? Y si así lo fuere, ¿por qué me deben de importar? Esa es mi gran duda y principal problema que tiene todo esto. Por más que quieran recordarnos del éxodo causado por Smaug, y el sufrimiento que han tenido que soportar los enanos al no tener poder sobre los demás; todo este trayecto es para dormirse. En vez de simpatizar con su causa, con cada minuto que están en la pantalla dan ganas de apoyar a la gran cantidad de enemigos que quieren verlos muertos. Llegue a pensar que era un problema de origen literario, hasta que vi la incompetencia de Peter Jackson para familiarizarnos con los habitantes de Lake-Laketown y fue ahí que me di cuenta que ni con todo el tiempo del mundo podrá hacer que esto me importe.

Tauriel-y-Legolas

Ya me había resignado, hasta que llego la introducción del gran dragón y por fin puse más atención al filme. Smaug es una maravilla digital, lástima que no se compara a Gollum en cuanto a personalidad. Ni quien podría. Lo que si tenemos es la inigualable voz de Benedict Cumberbatch (versión subtitulada) brindando una necesaria dosis de suspenso, a lo que se había vuelto una diversidad de monstruos con más ladridos que mordidas. Las escenas en donde cuestiona Smaug a Bilbo sobre sus motivos para arriesgar su vida, son de nuevo los intentos de una película para explicar en breves minutos lo que se le puede llamar remedo de trama. Cuando por fin se calla el reptil (¿creo?) , es que inicia la orgía de efectos visuales que debo de aceptar que hacen que valga la pena pagar el boleto.

Lo peor es como termina. Me siento defraudado al tener que esperar otro año para conocer el obvio destino de un dragón. Lo que debió de ser resuelto en una sola película, se ha vuelto en una vergonzosa tendencia de crear varias partes para sacar más provecho a la inversión económica. Solo un amante del mundo de Tolkien puede soportar tanto tiempo de duración sentado esperando a que ocurra algo.

Smaug

El reconocimiento que ha tenido la crítica se debe más a los aspectos técnicos, que a cualquier merito por saber narrar una historia interesante: los personajes no importan, la supuesta oscuridad que se aproxima conocemos en que termina, Gandalf ya no tengo ni idea cual es su función en todo esto, los orcos son destruidos con tremenda facilidad, los elfos tan pedantes como siempre y todo mundo odia a los enanos. Que divertido. Todo lo anterior no fuera tan insoportable si hubiera sido en pequeñas dosis y con un desenlace que justifique nuestro tiempo.

¿Me gusto la película? Sólo por las escenas de los barriles y la lucha con Smaug me tengo que dar por bien servido, todo lo demás se vuelve cansado y el transcurrir de los minutos es palpable. Espero de verdad que la tercera parte sea la decisiva, porque de lo contrario utilizaré la caja de palomitas de maíz como almohada.