Según James Cameron se tardó tanto tiempo en producir Avatar porque no existía la tecnología para reproducir el maravilloso mundo de Pandora. Uno de los principales motivos era la falta de salas 3-D.

Con tal información me decidí pagar 30% más de lo que cuesta un boleto en el cine, me puse los lentes de plástico encima de los que regularmente uso y comencé a disfrutar la novedad de los objetos tridimensionales con tal de disfrutar “Avatar” como se supone.

Al principio es novedoso querer tocar los objetos de la pantalla con la mano, pero es el tiempo el peor enemigo del 3-D porque poco a poco comienzas a darte cuenta de la inconveniencia que resulta .

Hace un par de meses ví una escena en internet de Avatar en la que Jake era perseguido por un remedo de dinosaurio. El mismo momento traducido a la pantalla grande en tercera dimensión resulta borroso y confuso; tus ojos no alcanzan a adaptarse lo suficiente para lograr detectar lo que ocurre. En su momento pense que fue una mala adaptación al formato, pero seguía ocurriendo una y otra vez.

El segundo síntoma es la necesidad de remover los odiosos anteojos a mitad de la película que dura dos horas y media. Resulta cansado para los ojos tanto tiempo tratando de compensar la falta de nitidez y no es recomendable el uso prolongado.

Hasta que no existan pantallas de cine en 3-D que no requieran los fastidiosos anteojos no creo volverme animar a pagar de más por tener un dolor de cabeza y si acaso llegara a considerarlo será para un filme animado de 80 minutos o menos.

Me arrepiendo de haber visto “Avatar” en 3-D, fue un distractor que me impidió disfrutar la película. No le veo necesidad pagar de más, lo que cuenta es el arte y no el empaque con el que venga.