Que comercialmente, en cines, un documental llegue a nuestro país es algo muy raro de ver y escuchar, al menos en tiempos recientes, donde nuestra cartelera esta plagada de películas hollywoodenses, secuelas, franquicias interminables, y demás cosas nefastas. Si acaso llegamos a ver un documental en cines, lo más probable es que sea mexicano o que tenga en su contenido un tema morboso para el espectador promedio. El resto de documentales, en su mayoría extranjeros, se van directamente a formatos domésticos. Una lástima.

El cineasta alemán Werner Herzog, conocido por cintas tan emblemáticas cómo Nosferatu: El vampiro o Fitzcarraldo, y documentales de igual importancia cómo Grizzly Man entre muchos otros, se pone al frente de un proyecto impresionante por donde lo quieras ver. La carrera cinematográfica de Herzog, en activo desde hace ya más de cinco décadas, goza de prestigio y pocas cosas, sino es que nada, se le puede negar. Solo él pudo ser capaz de que el gobierno francés le permitiese grabar en el interior de la cueva de Chauvet, ubicada en el suroeste de dicho país y que guarda un secreto que por miles de años permaneció oculto y que sirve de punta de iceberg para conocer más sobre nuestros antepasados y su cultura, misma que quedo reflejada en los muros de dicha cueva.

El objetivo del documental que Herzog quería realizar era mostrar al mundo, al menos al que no lee noticias, me incluyo, sobre éste maravilloso lugar perdido en los rincones inexplorados de nuestro mundo. Sobre las paredes de la colosal cueva se alcanzan a visualizar pinturas rupestres echas por el hombre que retratan la naturaleza misma, cómo lo son los animales. Cada detalle de las pinturas es altamente disfrutable a la vista debido al uso de cámaras 3D que se usaron, mismas que, si me lo permiten decir, le dan un toque perfecto de profundidad a la cueva misma. Nunca el 3D se vio tan bien.

Otros factores, igual de importantes, que aquí se lucen son la exquisita y conmovedora música a cargo de Ernst Reijseger, misma que en conjunto con la fotografía de Peter Zeitlinger, y la narración de Herzog cobra un valor indescriptible. Y hablando de la narración de Herzog, mismo que produce, y dirige también, es un paladar para tus sentidos, pues las palabras que dice y el ritmo de las mismas, conducen al espectador a través de los recuerdos de nuestro pasado.  Un pasado glorioso y que a través de éste documental quedara grabado en la eternidad cómo un poema al arte mismo y a la naturaleza del ser humano.

Las pocas entrevistas que Herzog incluye en el documental sirven en demasía para conocer datos y opiniones de expertos en el tema, cómo arqueólogos, sobre la importancia de esta cueva para conocer más sobre nuestro pasado y poder comprender un poco más nuestra cultura moderna y hacia a donde vamos. Maravilloso uno de los diálogos finales, en donde se cuenta una anécdota de una tribu africana y la espiritualidad de la misma para pintar en roca la vida. Es en éste punto, con éste discurso, que el documental completo cobra vida y significado, aquí sabes que el viaje ha valido la pena y que lo disfrutaste a más no poder.

Si eres de esos que te gustan los documentales, pero más que nada el cine en general, no debes perderte esta maravilla, y en 3D. Si tienen la oportunidad de verla en cines háganlo, es por tiempo limitado, la pueden encontrar en la programación de Ambulante 2012, gira de documentales a lo largo del país, que ya cumple siete años. Es una experiencia única e maravillosa de la cual no se arrepentirán nunca. Eso se los puedo garantizar.

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