.
La reciente noticia de que Pixar no esta más interesada en crear secuelas, me suena más a disculpa, que a un anuncio para generar optimismo en el futuro del estudio cinematográfico.

Es evidente que la adquisición que hizo Disney por Pixar le ha hecho daño. La misión principal de llevar historias fantásticas a la pantalla grande esta siendo relegada a la de producir un estreno forzoso por año. Ya no importa que sea un estreno original o una horrenda secuela, a fuerzas se deben de cubrir las expectativas económicas de un grupo de inversionistas que apuestan en Disney para generar jugosos rendimientos.

Al principio las mentes creativas de Pixar contaban con un buena cantidad de ideas y la noción de secuelas eran consideradas como una perdida de tiempo. Con el merecido éxito del estudio esas historias que pensaban tomarían una años se convirtieron realidad en tiempo record, además que el riesgos que ellos consideraban al crear una secuela fueron hechos polvo con el rotundo éxito que tuvo Toy Story 2.

Hablar de secuelas para películas animadas era el ir al videoclub y encontrar una versión barata de todos los estrenos de Disney de la década de los noventas. No eran producciones destinadas al cine si no estrenos en video. La película de Toy Story 2 iba tener el mismo destino si no fuera que la trama cautivo tanto al estudio que consideró digno arriesgar millones de dólares. El resultado todos lo conocemos a tal grado que las consecuencias aún las vivimos.

Se ha vuelto una obligación que cualquier película de animación capaz de recaudar 100 millones de dólares en la taquilla norteamericana tenga su secuela. Y ahora es más frecuente que esto suceda con el uso de técnicas de mercadotecnia que hacen de cualquier porquería un éxito en traquilla.

pixar

Pero Pixar no tenía el porque caer en esa obligación. Si Toy Story 2 nació de una necesidad creativa al tener un libreto digno para una secuela, este no tenía porque contagiar a otras de sus propiedades como Cars y Monsters Inc. , ambas cintas son necesarias para alimentar al pulpo capitalista de Disney hambriento de acaparar todo lo que no puede y no quiere el producir. Al ver la competencia de Pixar y que sus patéticos estrenos ya no generaban interés, decidió evitar cualquier enfrentamiento y en vez de conformarse con la distribución de películas , decidió comprar de una vez el estudio de producción.

Después de inolvidables triunfos que marcaran la historia del cine, Disney se deshizo de sus estudios de animación porque según ellos ya no eran rentables. ¿En serio? Millones de dólares generados tan siquiera con el Rey León y sus múltiples versiones en video no fueron suficientes para mantener sus estudios de animación.

Ahora tengo miedo por Pixar. Si no logra darnos otra joya capaz de recuperar la confianza me temo que se dirige a la misma ruta que alguna vez recorrió Disney, esto hasta que llegue otro joven competidor capaz de generar interés en el pulpo, lo compre y se deshaga de lo que alguna vez fue la década Pixar.

Por eso me suena más a disculpa del ejecutivo el que diga que prioritizaran ideas originales sobre las secuelas. Si bien es cierto que Brave no fue tan pésima película como la horrible Cars o la mediocre Monsters University, estos genios de la animación se están viendo opacados por su propio legado. Quizás es el precio de la fama.