Creo que estamos de acuerdo que Star Wars opaco cualquier cosa que tenga que ver con el cine. No existió medio de comunicación inmune a lo que se volvió más fenómeno de nostalgia, que un portento de la fantasía cósmica. Es por eso que esta nueva temporada de premios resulta desangelada. Con muchos estrenos aún por estar en las carteleras, los nombres de las candidatas son desconocidos y prácticamente se ven aburridos.

En esta ocasión no voy a profundizar de la falta de credibilidad a los Globos de Oro, eso lo hice el año pasado (Globos de Oro 2015. ¿Deberás importan?), y mejor prefiero concentrarme en la pachanga que fue ver a la mayoría de los grandes nombres de Hollywood disfrutando de una noche que a la mayoría ni le importó.

El principal culpable de la falta de seriedad fue el actor británico Ricky Gervais, quien con sus constantes chistes de mal gusto me provocó más tristeza que risas. Ni el uso de temas actuales como la aprehensión del Chapo, logran validar la rudeza de su discurso. Y se que existen algunos que defienden su estilo (¿verdad Josué?) porque ocasiona morbo la presencia del personaje, eso, y además de ver sufrir a varias luminarias que se creen intocables. Pero su participación me dejo insatisfecho y a lo mucho su encuentro con Mel Gibson fue lo más destacable al ser un chiste orquestado a través de los años.

Lo más triste es que este año los premios Globos de Oro no disfrazaron su objetivo de ser un producto digno de transmisión para la televisión, y muy lejos de ser un referente para reconocer lo más destacado del medio, o guía para los premios Oscar. La cantidad de noticias que genera hasta una mirada de un Leonardo Di Caprio demasiado alegre para no estar ya algo pasado de copas, es razón suficiente para levantar el rating.

El triunfo de Sylvester Stallone, aunque emotivo, no deja de ser cuestionable ante el trabajo de otros y eso que solo he visto IdrisElba porque está disponible Beast of no Nation en Netflix. Es por eso que tengo que conformarme ante tal reconocimiento porque no puedo juzgar el trabajo de Stallone, hasta no ver Creed, que se estrena el 22 de enero. Por lo tanto ante este vacio de ignoracia no me queda más que aceptar todo lo que me proponen.

El-Marciano-comedia

Pero muchos de los ganadores se vio claramente que fueron elegidos por ser la novedad, como Rachel Bloom, en la serie Crazy Ex-Girlfriend. Ni quien haya visto tal programa en la cadena de televisión menos vista en Estados Unidos. O que me dicen de Gael García ganando sobre el favorito Jeffrey Tambor. El colmo llega en la burla que fue la nominación a comedia para ‘The Martian’, y su eventual triunfo tanto para el filme como para su protagonista Matt Demon.

Esta vez los Globos de Oro no se midieron con las discrepancias en sus ganadores, lo que hacen de su ceremonia una tremenda farsa. Se ha conformado con crear una fiesta en donde la mayoría pone de su parte para verse alegres, cómicos o de plano en ridículo.

A mi como audiencia no me genera confianza que ”The Revenant’ sea la ganadora a mejor película, que Alejandro González Iñárritu haya ganado por segunda vez consecutiva como mejor director, y no porque tiene un apellido extranjero muy afín a los miembros de la prensa que dice votar con conocimiento.

Es así, que otra ceremonia llega a su fin como un pedazo de entretenimiento que espero no se tomen tan en serio. Un logo de nominado o ganador a Globos de Oro no vale nada después de lo visto el domingo. Ahora, es tiempo de esperar los Oscars que tienen todavía un poco de credibilidad, aunque les parta el alma no hacer una ceremonia tan entretenida con un Gervais desatado.