Las Mejores Secuencias del Cine: Parte 3

Uno pensaría que con más de un siglo de cine disponible para elegir, esta labor sería más sencilla de lo que parece. Pero eso de pensar cuales son las mejores secuencias y sobre todo conseguir los videos que estén disponibles en You Tube, tiene su chiste.

Aún así es gratificante escribir sobre esas secuencias que hicieron de nuestras bocas aeropuertos para insectos o en algunos casos hasta desbordar líquidos en nuestros ojos.

Es así, que continuamos con nuestra saga de las mejores secuencias del cine, que nos hacen recordar una vez más lo bello de este arte.

El Gigante de Hierro. Brad Bird, 1999

El Gigante de Acero

“Superman”

Después del nuevo renacimiento que tuvo Disney en la década de los noventas, ningún otro estudio cinematográfico se atrevía a ingresar al mismo mercado de la animación. Se consideraba un gran riesgo, por lo que la empresa del ratón aún con Dreamworks pisándole los talones, mantenía un monopolio en ese genero simplemente porque su competencia no encontraba un éxito digno de reconocimiento.

Fue un verano de 1999, cuando Warner Brothers apostó por el ahora conocido y galardonado Brad Bird para realizar una adaptación del libro infantil de Ted Hughes, The Iron Man (“El hombre de hierro”). Como muchas joyas, paso desapercibida hasta aumentar su fama con las versiones en vídeo y DVD.

Es en su forma fuera de lo convencional a lo que Disney nos tenía acostumbrados: con una narración más sincera, temas interesantes, personajes definidos y sobre todo la gran creación del ‘Gigante de Hierro’, lo que hace de la película un clásico.

Tal adjetivo se lo gana a creces con la gran secuencia final donde el Gigante sacrifica su vida para salvar a los habitantes de Rockwell de un misil nuclear.  No suficiente con el momento de despedida, la excelente animación o música de orquesta de Michael Kamen; la película nos da un gancho al hígado con las palabras que dice el robot antes de morir:  “Superman”.

 

El Show de Truman. Peter Weir. 1998

El Show de Truman

“Buenos días, buenas tardes y buenas noches”

Antes de tanto programa de reality o el estreno del degradante ‘Gran Hermano’ en México, existió una película que nos hacia cuestionarnos temas existenciales y con nada menos que con Jim Carrey de protagonista.

Su interpretación de Truman Burbanks no sólo fue una revelación, si no que ocasionó un serio disgusto por la negación de los miembros de la Academia a lo que muchos consideraban la mejor oportunidad de Carrey para ganar una estatuilla.

El éxito de la película se debe a una combinación de elementos que van desde la dirección, hasta el magnifico guión de Andrew Niccol (Gattaca), de quien se dice que realizó constantemente modificaciones hasta que Weir y la productora Paramount le dieron el visto bueno.

Aún conociendo el gran secreto, es simplemente cautivante el desarrollo que tiene Truman como personaje. Lo más increíble es que a pesar de ser un mundo artificial, nunca sus diálogos o actitudes por más excéntricas que parezcan, logran distraernos de su lado humano.

Ni que decir del magnifico desenlace que llega a tener una culminación de épicas proporciones cuando todo el cielo literalmente le cae a Truman, para luego dar paso a una calma que se vuelve hipnótica cuando recorre el bordo de lo que es el estudio de televisión más gran del mundo.  Si eso fuera poco, todavía tienen la audacia de hacernos explotar de alegría con una despedida que nos tiende hasta las lágrimas.

.

La Mosca. David Cronenberg. 1986

La Mosca

El fin de “Brundlemosca”

Es una de las mejores películas románticas de la historia del cine. Y no crean que me he equivocado. Deben de aceptar a pesar del grotesco desenlace, existe una historia de amor que trasciende la película a niveles más haya del terror.

El grandioso David Cronenberg no sólo supero las expectativas al realizar su refrito, si no que marco literalmente una década con su película. Desde sus temas psicológicos, hasta las analogías con personas con enfermedades o simplemente el transcurrir de la vejez,  no sólo brinda los espantos con un impactante final,  si no que también brinda contenido cuando muchos hubieran optado por lo primero.

Ni tampoco olvidar el talentoso Jeff Goldblum, quien se merecía mínimo una nominación al Oscar. Fue su interpretación de Seth Brundle lo que nos mantiene al borde del asiento por su dilema, nada exagerado, por demás humano, es de verdad de derramar una lágrima su trágico fin.

La última escena es una conjunto de elementos que van desde la actuación, dirección, musicalización y hasta los novedosos efectos especiales.  Si acaso juzgan del porque mi resistencia a los efectos digitales, solamente con ver estos minutos se darán cuenta del ingenio y sobre todo el realismo que es ver una transformación de hombre a mosca.

No hay minuto desperdiciado, desde que  Stathis Borans (John Getz) entra al laboratorio de Brundle, es una tensión constante que nos lleva al completo asombro cuando Veronica Quaife (Geena Davis)  toma la escopeta a un deteriorado Brundle, después de haberse integrado con una parte del telepod.  Simplemente sorprendente… y por supuesto trágico.

.

La lista de Schindler. Steven Spielberg. 1993

La Lista de Schindler

La despedida de Oskar Schindler

Es un tema demasiado delicado para ser manejado por cualquier director novato. Se requirió una extremada sensibilidad que sinceramente considero lo hecho por Spielberg y su equipo proviene de inspiración divina.

En lo que para otros actores hubiera sido suficiente excusa para sobreactuar, Liam Neeson lleva su personaje de Oskar Schindler a la completa redención de sus actos en una escena muy difícil de no ser conmovido hasta las lágrimas. Avergonzado por recibir el reconocimiento de quienes logro mantener con vida, el hombre es juzgado por el mismo como incapaz de haber salvado más personas. Es por fin, que el peso de todo lo que le ha sucedido le cae de golpe en un monologo que refleja el desarrollo que ha tenido a lo largo de la película.

La omnipresente música de John Williams nunca llega a robar la atención del momento, sirviendo de complemento a una escena que pasa a la historia como el cierre de una de las mejores películas. No sólo por su complejidad, si no hasta por su belleza.

Luego la templanza de la dirección de Spielberg que cualquier otro pudiera haber catalogado como tímida, cierra la escena con una panorámica de todos los trabajadores mirando el automóvil de Oskar alejarse, huyendo de lo que de seguro puede ahora ser su muerte. Para dar paso al legado de los sobrevivientes de un hombre pecador que al final hizo lo correcto.

 

Ustedes los ricos. Ismael Rodríguez. 1948

Ustedes los Ricos

¡Torito!

Si existe una escena que ha marcado a generaciones de mexicanos, ha sido la de Pedro Infante llorando desconsolado por la muerte de su hijo.

Es cierto que cae en un drama exagerado hasta llegar a cortarse las venas, sin embargo son las actuaciones de Infante y Blanca Estela Pavón las que logran superar las defensas de lo imposible, para brindarnos un momento icónico que perdura hasta la actualidad. Nadie puede poner en duda el trabajo de ambos actores que cada segundo no sólo desgarran la pantalla, si no que hacen trizas nuestros sentimientos.

Más allá de ser un retraso social de aquellos tiempos, con lecciones de que el amor y la amistad es más importante que el dinero. Lo que más sobresale es la valentía de los guionistas para incluir un acto impensable que lleva la película a niveles más allá de la tragedia.

La dirección de Ismael Rodríguez es soberbia, porque cada escena explota al máximo el talento de los actores, haciendo todavía más intensos los sentimientos de los personajes. Luego lo impensable de grabar el incendio del taller de carpintería con Pepe arriesgando su vida por salvar su hijo, con quien espero haya sido un extra. Aún en nuestros días y difícilmente en la televisión mexicana se puede ver tal escena.

Deja un comentario