En lo que se puede catalogar como un respetable intento por mantener vivo el género musical en el cine, el director Tom Hooper (El discurso del Rey) se da a la tarea de lograr otra hazaña digna de reconocimiento. Con lo anterior no quiero decir que sea una obra impecable, sin embargo, considerando el legado tanto de la obra literaria y del musical del mismo nombre, los resultados se pueden catalogar dentro del rango de aceptable.

El nivel de exigencia ha de haber sido tremendo. Con tantas versiones disponibles para el público, la trama no es el principal atractivo y por lo tanto debe de valerse de otras herramientas para justificar su existencia. Se nota que el director utilizó todo lo que estuvo a su alcance para brindar calidad: desde ángulos de cámara llamativos, dinamismo con la cámara portátil,  tremendos acercamientos al rostro de los actores, bella fotografía y hasta el  uso de efectos visuales. El hombre se quería presumir.

Jean Valjean y Fantine

La primera escena con  la cámara descendiendo para enfocar al rostro del convicto Jean Valjean (Hugh Jackman) deja una  grata impresión. Sin tapujos Harper decide llevar la producción a una escala épica, en donde no existen limitantes en la calidad de los escenarios, vestuarios y actuaciones. Todas esas nominaciones están bien justificadas. Aún con todos los aspectos técnicos cubiertos a la perfección,  el valor de esta versión recae en  su elenco,  que con algunas excepciones a varios de ellos les quedaron grandes los personajes. Ha de ser difícil para los actores mantener el equilibrio en sus interpretaciones, un paso en falso da indicios de exageración y por lo tanto de incredulidad por parte de la audiencia. Eso es de lo que precisamente padece la película, aún cuando cuenta con un respetable elenco, no todos están a la altura de las circunstancias, unos por inexperiencia y otros porque simplemente no se les da.

Javert

Pero voy a comenzar por el lado positivo. Si alguien todavía decide dudar de la capacidad de Guepardo para el canto, basta con investigar y encontrar que es ganador del premio Tony, presentador del mismo y hasta de los Oscars. Irreconocible es como primero los vemos gritando a los cuatro vientos su desgracia, bajo la mirada sigilosa de su compatriota australiano Russell Crowe. Es innegable que el hombre tiene un carisma natural que nos mantiene interesados de inicio a fin y no por nada tiene su merecida nominación al Oscar de mejor actor. Su sufrimiento es el de un hombre que padecido una injusticia y que aún habiendo cumplido su pena sigue cargando un estigma social que lo lleva a cometer el mismo crimen por el cual se le acuso.

Luego tenemos a la bella actriz Anne Hathaway con su interpretación de Fantine que la ha llevado a recibir elogios. Si la dama se lleva el gran premio no habrá nadie que objete. Tenía en contra una increíble interpretación de “I Dreamed a Dream” por parte de la sensación de You Tube, Susan Boyle, a eso hay que agregar las restricciones de tiempo que tiene su personaje para convencernos de su tragedia. Literalmente estaba todo puesto para que fuera un desastre, pero logra con mesura proyectar un dolor emocional que roza en lo intimo, de aquel que se expresa pocas veces, sin exagerar o caer en llanto, simplemente sabes que la pobre esta pasando un infierno.

Monsieur Thénardier y Madame Thénardier

Si estuviera en mi poder un control remoto para el cine, yo me quedaría con las escenas en donde aparecen Hugh Jackman y Anne Hathaway. En ellos dos recae la fortaleza de la producción a tal grado que todo lo que sigue flaquece ante su presencia. Desde un Russell Crowe con un Javert que necesita a instantes bocanadas de aire para respirar e inflar sus cachetes y así poder demostrar cierta emoción; hasta un romance con una gris Cosette (Amanda Seyfried) y su amado Marius (Eddie Redmayne); llegando a lo peor con supuesta pareja cómica de los Thénardier (Sacha Baron Cohen y Helena Bonham Carter). Estos dos últimos deberás que se convierten en un hoyo negro en donde aparecen, si acaso se salva Helena porque conozco de su capacidad, pero Sacha Baron Cohen no tiene nada que hacer ahí. El actor ha de tener un muy buen representante para que le consiga papeles en películas nominadas a premios, primero fue ‘Hugo’ y ahora ‘Los Miserables’, sólo que esta vez no cuadra en nada.

Por lo general es casi una regla que la mayoría de los niños actores sean empalagosos a tal grado que nunca les crees, por eso hago un breve espacio para reconocer a la pequeña Cosette (Isabelle Allen) y el valiente Gavroche (Daniel Huttlestone), quien al final provee la intensidad adecuada a una crucial escena que hace de  la batalla final mucho más que explosiones y ángulos de cámara calculados.

Cosette y Marius

La película no se siente, es extensa. He visto videos del musical en la presentación que se hizo en Londres, además la versión de 1998 con Liam Neeson por lo que notas los claroscuros de lo que funciona y lo que no. A ratos ya sólo quieres que se maten entre ellos mismos porque no hay variantes de lo que conoces. No quiero saber lo que voy a pensar cuando mire las otras seis versiones para el cine.

Ahora viene la parte interesante de esta propuesta para quienes hablamos el castellano porque la  película es 95% musical , por lo tanto la mayoría del tiempo es estar leyendo subtítulos sin noción de la calidad de la letra debido a la barrera del idioma. Sinceramente, será una fatiga constante que altera la experiencia del público. Si no tienes conocimiento de la obra de Victor Hugo, puede ser hasta que hasta prefieras mejor leer la obra original.