Que el superhéroe éste presente en la cultura moderna no debe sorprender a nadie en lo absoluto, más si tenemos en cuenta los tiempos tan obscuros y difíciles que tenemos, y no precisamente por la debacle económica. Curiosamente éste año en curso llegaran a nuestras salas varias películas de superhéroes, todas, o al menos la mayoría, de cómics. Sin embargo hay una en particular que sin hacer mucho ruido, en publicidad o en presupuesto, ha dado de que hablar desde su estreno en los Estados Unidos hace poco más de un mes, me refiero a Poder sin límites. Cinta dirigida por el debutante Josh Trank y escrita por Max Landis, si, el hijo del cineasta John Landis.

¿Pero que hace tan diferente a esta historia de adolescentes con superpoderes? Es muy fácil: su forma de estar narrada técnicamente. Apoyada en la cámara en mano, en su mayoría, cómo si de un falso documental se tratase, Trank nos mete en la miserable vida del joven Andrew Detmer, un desconocido Dane DeHaan, un estudiante promedio atormentado por una vida al aborde del abismo, pues al mismo tiempo que su madre agoniza, su padre le carga en demasía la mano, haciéndolo sentir una basura y un inútil. Su único amigo, su respaldo, es su cámara, con la cual pretende filmar todo a su alrededor. Su cámara es el único amigo verdadero que ha tenido.

Al mismo tiempo que nos identificamos con Andrew, el claro protagonista, somos testigos de su entorno y de su propia vida, con lo cual nos damos una idea de lo atormentado de éste pobre sujeto. Pasan los minutos y conocemos al resto de personajes, para ser sinceros solo tres relevantes. Los dos amigos con los cuales compartirá un poderoso secreto, su primo Matt Garetty, interpretado por un magnifico Alex Russell, por mucho el mejor personaje, y el chico popular del colegio llamado Steve Montgomery, interpretado por un carismático Michael B. Jordan. A ellos tres le sumamos el interés romántico  de Matt, me refiero a la guapa Casey Letter, interpretada por Ashley Hinshaw, en un papel secundario pero convincente.

Es durante una fiesta universitaria, en donde más, cuando los tres amigos encuentran algo sobrenatural y que derivara en los asombrosos poderes que obtendrán. A partir de aquí la película despega y cobra vida por si sola, somos testigos del uso irresponsable de los poderes, aunque seamos sinceros, ¿ustedes no usarían sus habilidades para jugar bromas y joder a la gente?  Por supuesto que si. Por ello mientras esperamos el clímax principal de la historia, que podemos intuir apenas transcurren quince minutos, somos participes de las aventuras del trío de adolescentes que lo único que buscan es divertirse y tratar de encajar, Andrew principalmente, en una sociedad elitista.

Finalmente cuando llega el momento de mayor angustia en la película, donde la conversión de antihéroe a villano queda completada, no hace falta decir quien es, estamos preparados para un desenlace formidable y espectacular. Una verdadera cátedra de cómo filmar escenas de acción con tal fortaleza narrativa y audiovisual, que seguramente hartos directores mediocres arderán en envidia. La fotografía de Matthew Jensen es responsable también en sumergirnos en la batalla final, al usar de manera genial y con bastante originalidad, todo tipo de cámara que éste alrededor de los personajes, desde cámaras de seguridad hasta teléfonos celulares, y es que toda la película esta justificada con cámara en primera persona, lo cual es maravilloso, al menos para éste relato.

Si bien Poder sin limites comete ciertos clichés propios del genero, cómo el villano, y tiene un final predecible, la dirección de Trank y la fotografía de Jensen salvan un producto que en manos de personas con menor talento sería una película del montón. Actualmente ya Landis esta escribiendo el guión para una continuación, pero no se ha confirmado aun si Trank volverá a la silla del director, yo espero sinceramente que si. Y es que si seguirán por esta línea tan novedosa y entretenida de acción, adelante, por mi pueden hacer hasta una trilogía. Esto es entretenimiento de calidad, recomendable para todo público.

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