septiembre 2010

Crítica: Machete

Danny Trejo protagonista de Machete

La intención de divertirse de Robert Rodríguez se ve plasmada en su última gran producción. Es que no existe otra forma de ver este delirio de basura cinematográfica que glorifica un género setentero por más extinto. Bien que todo este show le pudo haber salido pésimo, tantos elementos negativos juntos sólo pueden disgustar o peor hacer que salgamos corriendo del cine (puede que algunos lo hagan). Lo cierto es que el director logra transmitir esa energía de niño después de haber hecho una travesura y los resultados son más que satisfactorios.

Cuando ves la lista de actores no puedes ni imaginar que tales personalidades estén allegadas a tal proyecto: Robert De Niro, Steven Seagal, Jessica Alba, Michelle Rodríguez y hasta la polémica Lindsay Lohan en un proyecto que por sanidad de sus carreras nadie se atrevería, pero ahí están y lo mejor es que el protagonista principal de Danny Trejo (Machete) no es opacado en ningún momento. Claramente se ve que se la están pasando a todo dar exclamando absurdidades, desvistiéndose y salir disparados a todos lados por explosiones. Tampoco entre los requisitos se requieren de actores shakesperianos, pero lograr su objetivo.

Resulta que Machete es un ex agente federal exiliado de México, ahora viviendo en Texas como cualquier otro inmigrante. Cuando gente nada amigable le solicita sus servicios para asesinar al senador John McLaughlin no se necesitan muchos sesos para saber que nada sale como lo acordado.

Desde el principio la película establece que no será producto de censura de ningún tipo. Hasta reta a nuestra imaginación para adivinar de que tantas formar Machete puede destruir a sus enemigos una y otra vez. Si bien las escenas pueden ser a momentos repetitivas, es la variedad de personajes, ridículos diálogos, explosiones exageradas y lo absurdo de la trama lo que nos mantiene riéndonos de vergüenza ante lo que estamos viendo.

Es muy difícil establecer un límite entre acción y comedia, pero Robert Rodríguez sabe que nada de lo que este haciendo puede tomarse en serio y hasta exagera en los errores. Literalmente nos guiñe el ojo cada vez Machete se le ocurre usar los intestinos de un hombre como mecate para salvarse, o ver toda mujer a una distancia de 10 metros a la redonda, rendirse a los pies de su héroe.

El uso exagerado de elementos mexicanos, parecieran como si fueran un grito desesperado por mantener la identidad de una población que a cada momento está siendo segregada en un país que te pide documentos para ser privilegiado con derechos básicos. Rodríguez nunca retrae en mostrarnos  la hipocresía de un sistema migratorio ahora restringido a los mismas personas que llegaron a ese país para fundarlo. Acepto su versión de protesta, quizás sólo así pongan atención aquellos americanos de hueso colorado que piensan que son los reyes del mundo.

Crítica: Verónika decide Morir

Existen demasiados casos de suicidio llevados a la pantalla grande, es por eso que se debe de tener en consideración que la película esta basada en el libro del mismo nombre, escrito por Paulo Coelho.

Resulta que Verónika (Michelle Gellar) ha tenido suficiente con su vida y termina por tragarse medicina como si fueran chicles. La lógica indica que sobrevive porque solamente llevamos diez minutos en la película y en nombre de la protagonista se encuentra en todos los carteles promocionales. De ahí en adelante vemos a Verónika lidiar con su estancia en un centro psicológico y conociendo nuevos amigos.

Soy de la opinión que dándole un buen guión, la actriz Michelle Gellar tiene con que para interpretar papeles importantes. Su presencia en pantalla y simpatía hicieron que Buffy cobrará vida más allá de la pésima película de donde inició. Estonces es grato verla interpretar a la deprimente de Verónika, aún cuando la temática no sea de risa. Su versión de una chica al borde del suicidio no llega al fastidio porque mantiene al personaje siempre enfocado en el objetivo y no en las payasadas que tiene que hacer para conseguirlo.

La dirección de Emily Young es muy pasiva, incluso llega a la timidez, por lo que se siente la duración de la película ante la gran cantidad de escenas de relleno con vistas a la escenografía sin diálogo. Pero a pesar de eso, nos hace querer a Verónika y en especial los últimos minutos se convierten en un gusto ver el desenlace de su conflicto.

Otro punto a favor, es que nunca se llega al drama o tragedia, si no en como hacer que Verónika valore su vida, al ser ella misma la que se ha saboteado Para lograr el objetivo es necesario el Dr. Blake (David Thewlis) y Eduard (Jonathan Tucker), un paciente muy interesado en Verónika.

El clímax se reduce a una verdad que resulta mentira y por lo que estamos muy agradecidos. Nada de explosiones, gritos de histeria, si no un aprendizaje sobre la oportunidad de vivir y sobre todo el valor que tiene ver un nuevo amanecer.

 

Crítica: Resident Evil 4: La Resurrección

Milla Jovovich protagonista de Resident Evil 4

Difícilmente ganará nuevos adeptos, pero la propuesta del director y guionista Paul W. S. Anderson logra satisfacer a los fanáticos seguidores con el agregado del actor Wentworth Miller y el uso adecuado del 3D.

Lo que sucede es que el creador ha logrado encontrar la fórmula que se les escapa a la mayoría: el enfocarse en los personajes no es un pecado y si lograr crear la simpatía del público mucho mejor; no importa que este sentado en el retrete durante horas, al final eres capaz de pagar un boleto para irlo a ver al cine. Anderson a logrado lo anterior con el casting de dos actrices que no importan si han ganado Oscares, mientras se vean bien en cada lucha interminable entre los zombies vivientes, harán que los jóvenes se sientan satisfechos.

El libreto es una excusa para ver constantes batallas digitales , mejoradas por el uso de cámara lenta y el 3D. La promesa de alguna pelea mejor que la primera escena con los clones de Alice (Milla Jovovich) se diluye con el paso del tiempo. Tenemos que conformarnos con el truco de ver objetos volar por la pantalla de forma que podamos identificar lo que sucede en pantalla. Y admito que la novedad funciona para darle frescura a un proyecto que ya muestra signos de agotamiento.

Con tantos viajes que hace Alice alrededor del mundo uno esperaría llegar algún lado, pero nunca se llega a una conclusión o algunos indicios de que estamos llegando algún lado. Todo es un constante descubrimiento de personajes viejos y nuevos como si esto nunca fuera a terminar. Claro ejemplo es el constante fracaso por asesinar a Albert Wesker (Shawn Roberts) en interminables centros secretos de investigación para que al final cuando piensas que está muerto, revive una y otra vez. Cuando vez el paracaídas al final llegas al colmo de los colmos.

Se que no debo de buscar coherencia en una película que sólo pide dejar a un lado tú cerebro, pero Anderson abusa de extender la saga más allá de su ingenio. Claramente busca la explosión antes de la coherencia cuando decide cambiar la naturaleza de su protagonista, al hacerla supuestamente vulnerable, para que luego sobreviva un choque en tierra de un helicóptero.

Reconozco que no es para todos, es muy fiel a la acción de los videojuegos hasta en la trama. De un lado para otro buscando al gran malvado , encontrar personas para ser luego asesinadas y terminar en donde mismo con otro momento de suspenso que implica una secuela. Por lo visto que esto seguirá hasta que alguien se canse.

Crítica: Celda 211

Protagonistas de Celda 211

Una característica que he notado de las películas producidas en España, es la sinceridad con la que se desenvuelven los personajes. El motivo para lograrlo son los diálogos tan atinados en el libreto que no se anda con rodeos y sólo quiere mostrar la realidad de un mundo paralelo segregado de la mayoría.

Celda 211 no tarda mucho en comenzar las emociones, se limita a los primeros minutos mostrarnos el escenario de lo que pronto se volverá una bomba de tiempo.

Resulta que el primer día de trabajo de Juan Oliver (Alberto Ammann) se convierte en una pesadilla a tal grado que para sobrevivir tiene que pensar rápido o de lo contrario tendrá un infierno en la tierra. El motivo es un motín que se ha desatado entre los internos que exigen mejores condiciones de vida y para lograrlo muchos de ellos harán lo imposible al no tener ya nada que perder.

Durante la cinta , las escenas se dividen principalmente entre burócratas discutiendo como proceder ante la emergencia, recuerdos de momentos felices con la esposa de Juan Oliver y Malamadre (Luis Tosar); la estrella principal que se roba toda nuestra atención. Los primeros se convierten en una bola de cobardes de los cuales no queremos volver a ver más, es un ir y venir de incompetencia que nos es única a ciertos países, lo segundo se vuelve un punto clave para hacernos creer el drama que seremos expuestos del cual no me imagine capaces de llegar a tanto, y por último, el conocer a una persona que es líder en su ámbito, pero al mismo tiempo se siente con inquietud de sus decisiones.

El director Daniel Monzón Jerez logra crear un thriller compacto que nunca se desmorona sobre su premisa, manteniendo la tensión constante y sobre todo con situaciones que aumentan el grado de peligrosidad. Su tenacidad para mostrarnos un mundo para algunos desconocido y todavía educarnos al mismo tiempo que la personas recluidas no son basura social es interesante. Sobre todo, no lo hace como si fuera un documental, nunca se aleja de enfocarse en sus personajes y sobretodo de mostrarnos el lado humano de Malacara.

Es en el clímax donde Luis Tosar casi me lleva hasta las lágrimas, su interpretación pudo haber sido de un simple pandillero común y corriente, pero nos muestra inteligencia en sus decisiones e increíble gratitud de los que le sirven. La conversación que tiene con Juan Oliver es sinceramente una belleza en el guión, sin traicionar las personalidades que acabamos de conocer.

Otro punto a favor es el desenlace del cual se veía telegrafiado desde el principio y sin embargo logra cautivar por la intensidad de las actuaciones.

Definitivamente que es una muy aceptable propuesta, que de nuevo me tarde demasiado en valorar.

Crítica: Ágora

Rachel Weisz protagoniza Agora

Existe un grave error en el título que se le ha impuesto en México a la producción de Alejandro Amenábar. Nada tiene que ver los romanos en esta cinta, lo único que van a ocasionar al agregarle «La Caída del Imperio Romano» es desilusión de quienes piensen ver batallas con centuriones. Que lamentable que se tenga que recurrir a tal engaño para que asista público en mí país, cuando en España a sido por de más bien recibida y hasta con récords de recaudación en taquilla.

De lo que de verdad trata la película, es de mostrarnos las dificultades de la matemática, filósofa y astrónoma Hipatia de Alejandría ; en una época llena de cambios por el aumento de la religión cristiana. ¡Nada que ver con los romanos! Es la interpretación de Rachel Weisz lo que nos mantiene atentos a la principal fascinación del personaje por resolver la naturaleza de las órbitas de los planetas. La mayoría de la cinta se nos hace ver la pasión que tienen el personaje por el aprendizaje y enseñanza, escena tras escena de diálogos dedicados a ver una visión del mundo tan distinta a la de hoy.

La polémica se desata con la interpretación de los recién convertidos cristianos en una bola de fanáticos violentos, comparables a los fundamentalistas islámicos. Bajo amenaza de tener una rebelión, se nos muestra como muchos gobernantes cambian sus creencias por las que conocemos, otros no tuvieron tanta suerte y terminaron muertos por herejes.

El director y guionista Alejandro Amenábar (co-escrito con Mateo Gil), hace un muy buen trabajo en enfocar su atención en Hipitia como una persona de sabiduría. Lejos de mostrarnos escenas eróticas con los múltiples pretendientes, se elige darnos a conocer la pasión reflejada en el conocimiento. Con elección de Rachel Weisz le ha dado vida a un guión que a otros fácilmente se les hubiera escapado de las manos con sexo y violencia. Así que no esperen desgarradoras escenas telenovelescas, aún cuando la sinopsis del cine también les hagan creer que es una historia de amor.

Aún con las escenas intensas de los cristianos destruyendo todo lo que se les ponga encima en contra de Dios, le llega a faltar emoción y puede que se empieza a sentir la duración de poco más de dos horas. Definitivamente no es un producto más hollywoodense, aquí existen ideas muy reales a nuestra época y se toma su tiempo en hacerlo, pero una mejor edición y recorte de escenas hubieran mejorado la experiencia.

Crítica: Crónicas Chilangas

El guionista y director Carlos Enderle, optó por mostrarnos tres historias con una supuesta relación entre ellas: cada uno de los personajes principales tienen que lidiar con alguna obsesión. La técnica usada para intermezclar las historias ya no es nada novedoso, lo hemos visto ser explotado al máximo por Alejandro González Iñárritu, no se si es porque tienen miedo de contar sólo una historia y haber cual pega, o deberás no les alcanza y mejor se hubieran convertido las historias en cortometrajes.

Para ser crónicas chilangas, simplemente les faltó salirse de lo ordinario, si bien los personajes creados son únicos, las situaciones que atraviesan no lo son tanto, se llega a ver la conclusión desde que inician los conflictos. Un claro ejemplo es el primer relato donde el joven adinerado Jean ( Adrián Ladrón de Guevara), se autosecuestra y para colmo dentro de la pandilla que realiza tal acto, se encuentra un tipo que se la pasa alucinando de ser contactado por extraterrestres, el llamado Jairo (Rodrigo Ostap). Díganme… ¿cómo creen que termine está situación? Al principio en la sinopsis, suena interesante la premisa de una persona con tal manía, pero con el paso del tiempo se vuelve un fastidio y nada disfrutable tal actitud. Ni la aparición especial de Polo Polo levanta lo que trataron de hacer.

Es con el relato de Claudia (Regina Orozco) donde la cinta por fin despega, gracias a la destacada actuación de la actriz y el pequeño detalle de ser aficionada al a pornografía. La calma con la que se nos muestran los motivos que la llevaron a tal obsesión, expresiones e intensidad que le imprime al personaje, hubieran sido suficientes para que toda la película haya tenido sólo el enfoque a dicho personaje. Nada de andar conectando historias por medio del vendedor de revistas o que exista una escena clave al final que los reúne a todos , en donde curiosamente la única que se ve con su presencia como una escusa es Claudia.

En el tercer relato con el señor Juvencio (Patricio Castillo) es donde debo de creer que fue desesperación los motivos que lo llevaron a tomar tales decisiones, cuando no se me dio a conocer lo suficiente el personaje. Si, vemos indicios de su necesidad económica en sus quehaceres cotidianos, pero todo lo hacia tan autómata , sin emociones, que nunca llegué a conocer como se sentía, derepente es cuando lo vemos de muy hábil para los nudos y las amenazas.

La película está muy bien hecha, no existe esa sensación de producción marca patito. Los actores también le echaron muchas ganas y la dirección logra no confundirnos al balancear las tres historias sin lograrnos perder con quien estamos esta vez. Esperen diálogos altisonantes que se han vuelto la norma para hacernos sentir mexicanos, como si todos habláramos de tal forma, a cinco pinche groserías por minuto.

Es una lástima que no se hayan decidido por una sola persona, no hubiera sido nada mal que todo haya sido una ilusión del vendedor de revistas y no del Jairo.