junio 2015

Tomorrowland. El “incierto” futuro de Disney.

Parece ya una costumbre que Disney, año con año, tenga por lo menos una película que fracase en taquilla y obligue a los ejecutivos de la empresa del ratón a modificar sus planes sobre futuros proyectos. En 2010 tuvo doble golpe con los fracasos de “El Príncipe de Persia: Las Arenas del Tiempo” y “El Aprendiz de Brujo”, donde el sello de Jerry Bruckheimer no terminó siendo garantía; en 2011 fue el turno de la producción animada “Marte necesita mamas”, pero la pobre publicidad no apoyo mucho; en 2012, “John Carter” se convirtió en una de los fracasos más grandes de todos los tiempos; en 2013, fue el turno de “El Llanero Solitario”, que no levantó ni con Johnny Depp en su reparto. En 2014 no hubo ningún fracaso así, y pareciera que esa racha se había terminado. Hasta que llego el turno de Tomorrowland de estrellarse ante el monstruo de mil cabezas.

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He de confesar que la primera vez que vi la película salí decepcionado de la sala: visualmente la película era impresionante, pero en la historia quedaba a deber y los personajes no me habían convencido. Pero pasado el tiempo y pensando más detenidamente sobre la película, me encontré disfrutando genuinamente esta entrega. Lo único que habría que hacer es dejarse llevar por todo: la historia, los personajes, los efectos, las actuaciones, incluso por la música y el diseño de producción. Combinado todo eso, nos encontramos ante una película bastante buena, aunque tiene sus pequeños detalles.

De esos detalles quizá el más grave sea Britt Robertson como Casey Newton; no creo Britt sea una mala actriz, pero el problema es que carga con el personaje menos interesante de todos: una adolescente 100% optimista y que siempre le ve el lado positivo a las cosas; no es que sea malo ese enfoque, es solo que aquí no termina por convencer y creo que se debe a los actores que rodean a Britt, que les toca personajes mucho más interesantes que el de ella. Eso quizás no sería un problema si no fuera porque Casey es el personaje principal de la historia, quitándoles minutos a los personajes de Clooney y Laurie especialmente.

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Clooney hace lo que puede para sacarle jugo a su personaje, con resultados bastante interesantes; Laurie es criminalmente desperdiciado, con un giro a villano que sale de la nada y crea un final bastante forzado. De los personajes, es sin lugar a dudas Raffey Cassidi es quien se lleva los mejores momentos, ya que su interpretación como la robot Athenea es lo mejor que hay en el rango de la actuación. Le auguro un buen futuro a esta niña.

Pero el mejor brillo de la película, cae en los efectos especiales: estos son mostrados en buena cantidad, sin llegar a excesos, y transmiten algo de magia que hace que te enganchen con la historia.

Hablando de la historia, una de mis acusaciones era que tardo bastante en adentrarse, precisamente, al mundo de Tomorrowland, y que cuando entramos a este, no nos encontramos precisamente con la publicidad que los trailers y posters nos ponían. En un principio yo me decepcione con este resultado, pero confirme mas lo termine pensando, esto transmite un mejor mensaje de lo que uno pudiera esperar: en vez de esperar esa magia, tu créala; un mensaje que, en estos tiempos, no se debe de obviar.

Puede que la película, en historia, no este del todo bien; pero tiene la suficiente magia para engancharte y llevarte a un viaje increíble, de esos que uno quisiera vivir.

Mundo Jurásico, renaciendo de las cenizas

Dos tristes secuelas dejaron en la lona a Jurassic Park porque jamás logró encontrar la fórmula necesaria para mantenerse relevante. Después de tanto tiempo, un nuevo grupo de científicos cinematográficos busca recrear de las cenizas un híbrido diseñado para proveer nostalgia y al mismo tiempo trazar un nuevo rumbo de una franquicia que se creía en peligro de extinción. ¿Lo habrán logrado?

Yo pienso que sí. Aún con los errores que cometieron, logran sobrevivir una tarea que se creía imposible. Creo que no había otra solución más que con un desfibrilador tratar de resucitar el T-Rex con prácticamente un templete de la primera película.

Jurassic World

El parque de diversiones regresa en toda su gloria y por fin vemos realizado el sueño de John Hammond (no quiero pensar cuánto cuesta el boleto a Hawai, perdón, Costa Rica). Con la majestuosa banda sonora de John Williams como escolta, es que conocemos los detalles del parque y el director Colin Trevorrow brinda un aire de nostalgia que se extrañaba.

Es digno de reconocer el tiempo que se toma la película para establecer los personajes, sobretodo las funciones que tienen dentro de este mundo donde los gigantes prehistóricos han vuelto a la vida. Es así que tenemos a la bella actriz Bryce Dallas Howard, quien es la versión femenina casi idéntica de su padre Ron Howard, canalizando a una dama profesionista que busca el optimo funcionamiento financiero de sus activos (dinosaurios). Pareciera que estoy relatando un cliché, pero ¿acaso en estos tiempos ya no todo lo que vemos en el cine son clichés?

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Quizás varios se inclinen por esta propuesta por Star-Lord o como pretende llamarse en esta ocasión: Owen. No hay duda que Chris Pratt es un actor cuya carrera esta en ascenso por su carisma y simpatía. Aunque esta presentando limitantes como el encasillamiento con personajes de héroe de acción. Esta vez, digamos que su labor es satisfactoria. Nada trascendental, o que arruine la experiencia, simplemente en lo que cabe cumple su función.

No sería una producción de Spielberg sin tener dentro del elenco a dos jóvenes actores pretendiendo ser hermanos. Por más esfuerzo que se hace, creo que son los personajes que más salen sobrando. Entiendo la necesidad de drama, pero a estas alturas es ingenuo pensar que algo grave les pueda ocurrir. Son buenos para las requeridas persecuciones, ser un foco de identificación con la audiencia infantil, y ya.

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Lo más destacable es que aún con el elenco humano robando cámara, son los dinosaurios los que vuelven a ser el centro de atención y la dirección por parte de Trevorrow se encarga de ello. La mayoría del tiempo involucra escenas donde vemos humanos convivir con una gran variedad de reptiles y no olvidando que la tecnología ha evolucionado, las limitantes en número son inexistentes.

Con el elenco definido es que la película da a conocer pequeños trozos del futuro de esta franquicia que involucra el uso de los dinosaurios para fines bélicos. El villano Hoskins (Vincent D’Onofrio), es quien se encarga de traer el conflicto y comprueba una vez más que jamás se abandonará la moraleja de que los humanos somos unos idiotas cuando nos creemos ser los dueños absolutos del mundo.

El problema fundamental de esta franquicia, es que jamás ha logrado crear un villano interesante. Hemos tenido demasiados ingenuos billonarios que por lo visto no aprenden su lección o en este caso ambiciosos directivos que jamás saben lo que hacen. Creo que el mejor antagónico es el Dr. Henry Wu (BD Wong), quien funciona como vinculo con la trilogía anterior y nos brinda una justificación de las criaturas mutantes.

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Después de esperar una hora, es que la película regresa a la acción de dinosaurios saboreando a los humanos. En esta ocasión el responsable es un Indominus Rex con gran variedad de trucos que hace interesante las masacres de los inocentes empleados. Una pequeña adición a un Mundo Jurásico, que no estaba bromeando, necesita desesperadamente de algo nuevo para mantenernos interesados.

Entre lo positivo sin duda es el regresar el centro de atención a los dinosaurios quienes se habían vuelto lagartijas gigantes de muerte y destrucción. El sentimiento de asombro en su mayoría ha disminuido, más eso no impide que el director Trevorrow lo intente con ángulos dinámicos, panorámicas y plano secuencias de decenas de seres digitales que en esta ocasión vale la pena crear.

Como bien aclara el Dr. Henry Wu, el crear un híbrido con grandes dientes también incluye sus defectos, es por eso que a pesar de que logra seguir los pasos de la versión original, también comete los mismo errores.

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Con solo recordar que Spielberg esta involucrado, no tengo que decirles las victimas son aquellas que tienen 5 segundos en pantalla. Es entonces que por más destrucción o ruido, el peligro no se siente tan real como debería de ser.

Los jóvenes que se la pasan disfrutando del parque, parece que aprobaron la prueba de inteligencia para encontrar problemas. Hasta se tiene el típico: nada malo puede ocurrir. Por más que intentan cerrar el ojo para verse auto concientes de la fórmula, terminan por verse anticuados.

La relación entre Claire y Owen se ve a kilómetros de distancia a donde se dirige, es por eso que tenemos los requeridos de tensión romántica, que me hubiera gustado más énfasis por parte de Chris Pratt.

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Al final llegamos a una batalla interesante, las despedidas junto a los sobrevivientes esperados y la promesa de más secuelas a seguir.

Tengo que reconocer que a pesar de que se sigue el formato de Jurassic Park, esta nueva secuela logra crear suficientes variantes para sentirse como una secuela y no un plagio. El esfuerzo por querer revivir de las cenizas es palpable y el resultado en su mayoría es positivo. Se tiene asombro, aventura, emoción, acción y un final de acuerdo a la audiencia familiar. Todo calibrado como el parque de diversiones donde nada malo puede suceder.

P.D. No tiren su dinero en 3D porque sigue sin valer la pena, al menos que quieran salir con un tremendo dolor de cabeza.

Terremoto: La Falla de San Andrés, y otras más

Tengo cierta debilidad para el cine catástrofe, y más cuando se tratan de terremotos.

Desde pequeño siempre tuve la curiosidad de investigar sobre placas tectónicas por el simple hecho que durante varios años la zona en donde vivo experimentó varios sismos: el terremoto de Northridge de 1994 fue uno para no olvidar porque nos mantuvo despiertos desde las 4:50 AM. Además que existe la estúpida idea entre mucha gente ignorante que la península de Baja California algún día estará bajo el agua. Así que fue inevitable buscar información o de plano empezar a empacar maletas para encontrar otra ubicación más segura.

Hace tiempo que no teníamos una película como Terremoto (San Andreas). La mayoría de las películas catástrofe ya vienen incluidas con el paquete de cómic y pues ya no eran necesarios estos desechos anticuados de otras épocas.Carla-Gugino-TERREMOTO

Las películas basadas en algún tipo de desastre: náutico, extraterrestre, o en este caso, tectónico; se supone que buscan canalizar un sentimiento primordial de sobrevivencia que todos instintivamente alguna vez llegamos a experimentar. Al menos eso era lo que ingenuamente pensaba, hasta que llegó este filme y destruyó todas mis expectativas.

Tengo que aclarar que no esperaba una maravilla épica, ni nada trascendental. Es más, mis expectativas eran mínimas: destrucción masiva, gente corriendo, desgracias a toneladas. Lo que no imagine era lo absolutamente idiota que resultó ser. Quisiera usar otra palabra, pero hay niños presentes.

El libreto de Carlton Cuse es desecho en todo el sentido de la palabra. Ni tan siquiera se tomó el tiempo de buscar en Wikipedia el mecanismo de un sismo, el sistema de fallas o por lo menos un video de You Tube con imágenes de un tsunami. No estoy buscando exactitud científica, se que no es un documental, y que debe de haber una tolerancia para que la trama se desarrolle, pero esto cae en lo más desagradable que el cine puede producir.

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Ya no es noticia que Dwayne Johnson es capaz de sostener una producción, o que Carla Gugino está severamente desperdiciada por Hollywood con papeles desechables. Ni que decir del bufón que se ha vuelto Paul Giamatti con su papel de Rhino y ahora de científico con expresiones de asombro cuando logra predecir un sismo. Dentro de lo que cabe, se intenta rellenar la fórmula con buenos actores que logren darle vida a este desecho.

Y se preguntarán: ¿por qué algunos pregonan que la película es entretenida? Simplemente porque lo único que les importa es ver ilusiones sin cuestionamientos. Es el llevar al extremo el escenario de destrucción lo que motiva la atención de la audiencia y eso es lo más triste que puede suceder.

Da risa el mirar la destrucción de cientos de edificios sin ninguna consecuencia para los protagonistas. Si pensaba que 2012 de Emmerich estaba de locos, ahora con Terremoto pienso que hemos llegado a un nivel más bajo.

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En el pasado las herramientas virtuales eran un lujo el cual se tenía que utilizar en menor cantidad. La emoción provenía de los personajes, o en muchos casos del poder del protagónico para complacer. Claro que existía el avance tecnológico, si no pregúntenle a James Cameron, pero había cierta lógica dentro del libreto que todas esas cosas maravillosas como cyborgs del futuro podían ser una realidad.

Aquí el propósito es llevar a Dwayne Johnson en una misión de rescate para que haga uso de sus múltiples habilidades de aviación, conducción de auto pick-up y navegación en lancha. Anexa un conflicto marital, una hija en peligro, y tenemos una película llamada Terremoto.

Este género, como otros, te exige un amplio margen de credulidad. Literalmente mientras compras tu boleto debes de estar conciente que todo lo que este en pantalla es una mezcla letal de ilusiones. En eso no hay pecado, pero si cuando la exigencia es extrema a cambio de tan poco.

Vengando los Vengadores con agentes de SHIELD

Los Vengadores 2 fueron una tremenda decepción que entre más escucho aquellos que defienden la producción, más me convenzo que el amor es ciego.

Pero no es para hacer enojar a los fanboys por lo que escribo estas breves notas, si no por las constantes entrevistas del director Joss Whedon que intenta justificar su talento como uno victima del sabotaje por parte de los altos ejecutivos de la casa productora.

No voy a ser ingenuo en pesar que los estudios no manipulan las películas a su antojo, después de todo es su dinero el que esta en riesgo. La mayoría de los estrenos que observamos en el cine son producto de esa relación entre el ejecutivo que busca sus retorno de inversión y la visión creativa de un artista que quiere contar su historia.

Lo que quiero es encontrar motivos para defender la ambición de Joss Whedon, porque sus declaraciones me han convencido de que tenía toda la intención de crear una película referente que sea halagada como lo mejor de Marvel. Pero parece que su propia ambición lo cegó a las obligaciones comerciales que implica crear un producto para satisfacer a un público infantil.

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A inicio de la de década pasada, cuando la fiebre cinéfila era menor, recuerdo el desear que la película a la que estaba dispuesto a ver por lo menos tuviera una duración de dos horas. Llámenme codo, avaro o ambicioso, pero quería mayor retorno por el costo del boleto de cine. Ahora, se ha vuelto una tendencia que mínimo las grandes producciones tengan dos horas y media o más. Algunos filmes lo justifican, otros simplemente se vuelven un fastidio.

Los Vengadores 2 intentó ser ese gran estreno de más de tres horas, sólo que se olvidó que su audiencia es de mayoría infantil y sobretodo que el dúo Disney-Marvel no aprobarían semejante costal de cemento, a tal grado de sabotear la película con una edición destructiva, todo con tal de obtener lo que ellos piensan que es un estreno veraniego.

Y ese es el punto, que un grupo de ejecutivos piensen que para satisfacer a su audiencia sólo es necesario tener grandes grandes escenas de acción sin importar que destruir el alma de la película. Prefieren destruir cualquier desarrollo en el personaje o diálogos aburridos, con tal de tener en su totalidad las monstruosidades visuales que inevitablemente atraen al público y por los cuales varios personajes tanto en You Tube o en internet comentan que es la mejor película de acción que hayan visto en su vida. Si esta práctica continua en las siguientes películas de la tal anunciada fase 3, entonces es hora de irnos despidiendo de la nueva era del cómic en el cine.

Lo que me extraña es la ingenuidad de Joss Whedon en pensar que era un creador con el pase libre a dar a conocer toda su obra. Las prioridad de Disney-Marvel son evidentemente mercadológicas. Le importa un bledo si deseas crear una epopeya épica con héroes en disfraces, lo que quiere es dinero, dinero y más dinero.

Skye y madre

La inclusión en el estreno de Blu-ray de las escenas desterradas poco harán para resarcir el daño ocasionado a la imagen de Whedon. La novedad se ha perdido, haciendo cualquier otro visionado a la película un trabajo de observación de detalles perdidos, comentarios o de plano masoquismo.

Sin duda, el premio de consolación se encuentra en el final de temporada de los Agentes de SHIELD, en donde Whedon ha podido crear a su antojo y al parecer mínima intervención. Aún quedan varios detalles por mejorar: como que las historias se vuelvan repetitivas, o que algunos personajes simplemente no son tan cautivantes como otros, aún así, no se puede negar la mejoría de una serie de televisión que dejaba mucho que desear.

Lo patético es que con tanto dinero, actores, efectos y el beneficio de la pantalla grande; me atrevo a decir que la experiencia del final de temporada de SHIELD resultó mejor que la de Los Vengadores 2. Y es triste, porque no debería de ser así.

Marvel-Disney deben de mostrar respeto a sus creadores y haber logrado un equilibrio con la visión de Whedon, o por lo menos detenerlo a tiempo. No puede volver esto a suceder. Lo creativo debe de imponerse a los parámetros de un mercado que a larga se cansará de las fórmulas que piensan ciertos ejecutivos tienen calibradas a la perfección. De lo contrario, mejor me espero a los estrenos en Blu-Ray porque son los que cuentan.

Critica a la Carta: Pie de Página. Amor, familia…y ego.

Cuando uno ve películas que tratan de problemas familiares (ya sea en dramas o comedia), uno termina viendo prácticamente lo mismo: una historia donde uno o todos los miembros tienen problemas, surge algún evento o algo que empeora la situación o impulsa a mejorarla y termina con la familia (o un pequeño segmento de ella) mas unida que nunca. No hay nada malo en eso, pero es un patrón que se ha vuelto algo repetitivo.

Pero de vez en cuando ahí surge una película que toca problemas familiares, pero no se empeña en darles una solución adecuada. Eliezer Shkolnik (Shlomo Bar Aba) es un profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén cuyos estudios sobre la Talmud de esa región han sido su más grande pasión, tanto que ha descuidado mucho sus relaciones familiares y sociales. Caso contrario a su hijo Uriel (Lior Ashkenazi), que es amado por su familia (aunque le falta ser más estricto) y respetado por la sociedad, tanto que así que fue seleccionado como merecedor del prestigioso Premio Israel; por desgracia, una confusión de las autoridades provoca que se crea que Eliezer es el ganador y al momento de comunicarle a Uriel de la situación, este empieza una contienda interna entre no herir a su padre o decir la verdad.

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Leyendo la historia, uno podría creer que estamos ante un drama común, donde padre e hijo empiezan a tener problemas en su ya de por si relación tensa, pero el director Joseph Cedar se las ingenia para agregar algunos pequeños momentos que nos pueden parecer cómicos, especialmente al principio de la película, donde pareciera que tendría un tono más humorístico. El director combina bien esos elementos, pero al mismo tiempo sabe como separarlos en los momentos adecuados para el disfrute de la película.

Otro de los mejores puntos de la película son las actuaciones: no serán conocidos (son actores israelíes), pero todos actúan de manera bastante natural frente a la cámara y componen unos personajes bastante agradables ante mi propia sorpresa. Sholo Bar Aba y Lior Ashkenazi son los más favorecidos, dado que son los personajes principales de la entrega, pero ambos demuestran que pueden sostener la película sin ningún problema.

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La historia es quizás en donde radica la mayor virtud de la entrega y su mayor defecto. La película simplemente no es para cualquiera: es una historia sobre dos familiares (padre e hijo) con enormes diferencias entre ellos y que no parece venirse alguna forma de cambiar. Pero también es una crítica sobre las entregas de premios: como algunas diferencias personales o ideológicas pueden provocar la no asignación de reconocimientos con mayor preparación o mayores meritos.

El final puede que no guste a muchos, dado que se decide por un giro amargo, pero eso no quita los enormes meritos a esta película, que sin lugar a dudas merece que más gente la conozca. Si tienen la oportunidad, no la dejen pasar.

Anexo escrito por Cristóbal C.

Durante la primera mitad de la película estuve más interesado por la pronunciación del idioma hebreo, que por los berrinches del catedrático Eliezer Shkolnik. Pero creo que ese era el punto. A cambio de soportarlo es que la trama fija su atención en el más ameno de su hijo Uriel, quien intenta lidiar con las actitudes de su padre y que nunca por lo visto logra hacer algo que le caiga bien.

Es interesante como una historia que hemos visto innumerables ocasiones como lo es la falta de aprobación de tu progenitor, se vuelve en un enjambre de matices gracias a un libreto refrescante e intrigante.

Al principio quizás la dirección de Joseph Cedar puede parecer demasiado desesperada para mantenernos atentos. El estilo de presentarnos los personajes con un breve listado de sus gustos y defectos me escapa porque el humor que intenta es tan tenue que apenas se percibe. Es cuestión de gustos, y no piensen que demerita la obra, al contrario, le brinda una característica única que refuerza su identidad y que sólo esta película puede ofrecer.

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Ya pasada la mitad de la película, lejos de las introducciones o escenas de la vida cotidiana de Eliezer y Uriel, es que el dilema principal se presente en una escena clave que involucra una reunión en una habitación diminutiva y con personalidades de grandes egos. Es ahí cuando la película se infla a niveles sorprendentes gracias a un libreto envidiable y que deja en claro su falta de conformidad a lo conocido.

Hace mucho tiempo que no estaba tan atento a un diálogo, sin importar que este fuese en subtítulos de un idioma hebreo incomprensible para mi cerebro. El actor Lior Ashkenazi, quien interpreta a Uriel, nos transmite su desesperación y hasta terror al saber que sería acreedor al grandioso premio por el cual su padre había tanto soñado y hasta amargado su vida.

Lo que sigue es un filme que logra plasmar los cambios de sus personajes y sobretodo las consecuencias de sus actos. Lo más importante es que no son necesarias las trilladas escenas de confrontación que tanto estamos acostumbrados y que esperábamos en el desenlace. Es por eso que muchos se sienten como si la película nunca llega a tener una resolución, pero ocurre todo lo contrario, es solo que no lo entendemos o no lo alcanzamos a ver.

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Esta es la historia de la transformación de Uriel: que pasa de ser un hijo optimista que busca la aprobación de su padre, a ser la viva copia al carbón de él con todos sus rencores y frustraciones. Lo doloroso es que Eliezer al conocer la verdad del embrollo no le importa cualquier dolor que pueda causar, todo lo que dice sobre su trabajo, colegas o inclusive de su hijo; para él es cierto. El tan codiciado premio se lo merece, de eso no hay duda.

El filme plantea una pregunta importante: ¿qué tanto estas dispuesto sacrificar a costa de tu propia felicidad? Más cuando el ingrato descubres que es de lo más despreciable que jamás un comité querrá reconocer, o tan siquiera conocer en persona.

Y es de nuevo donde la película sorprende con sus múltiples facetas que hasta nos ofrece una visión de como funcionan los certámenes o dichosos premios que reconocen lo mejor de lo mejor. De nuevo el filme plantea nuevas interrogantes: ¿cómo puedes evaluar el trabajo de una persona? ¿Qué determina el valor para ser digno de ser excelente en alguna rama de conocimiento?

De verdad, después del aparente lento inicio, al final quede satisfecho ante una obra de exquisita complejidad. Por favor, no se dejen llevar por las convenciones de los establecido y busquen una confrontación innecesaria. El desenlace habla más de lo que podrían habernos ofrecido una batalla entre padre e hijo, inclusive termina con mayor impacto ante la tragedia que es la propagación del resentimiento, frustración e incomprensión porque nadie de los involucrados desea cambiar en absoluto.