noviembre 2016

Doctor Strange , ni tan extraño como aparenta ser

Una película de Marvel donde los protagonistas no sean los Vengadores pierde algo de interés. Aunque después de Vengadores 2 tengo que replantearme tal afirmación, pero luego recuerdo Capitán América 3 y se me pasa. El principal motivo de esa falta de interés es la fórmula sin variación del individuo descubriendo sus poderes para lograr vencer a un villano patético, en parte porque ya uno se encuentra saturado de este tipo de historias que uno puede adivinar fácilmente el desenlace, y por la otra, no ofrece ningún grado de peligro que te cautive. Es entonces de gran merito que otra vez Marvel, ahora con su ‘Doctor Strange’, logra disfrazar tales deficiencias con una película bien lograda, entretenida, con un protagonista interesante, y la exploración del misticismo en el universo cinematográfico que siempre está en constante expansión.

Ahora es el turno de Steven Strange (Benedict Cumberbatch), un neurocirujano reconocido que para variar tiene un ego que rivaliza con cierto personaje innombrable de la política. Como es de esperarse, el destino le destruye sus talentosas manos y ahora está en busca de la cura que le ayude a regresar a ser el gran individuo que era antes. Su desesperación es tanta que lo lleva a una ciudad mítica en medio del Tíbet, donde un grupo de hechiceros tienen una escuela comandada por la versión femenina de Aang (Tilda Swinton). Es esta primera parte es donde ocurre lo más interesante porque Benedict se luce con su carisma natural que le permite emanar inteligencia, sin llegar a caer mal, ustedes saben, prácticamente cada personaje que ha interpretado a lo largo de su carrera. Pero esta no es la película para extender sus capacidades histriónicas. El hombre hace su trabajo creando interés en cada línea de diálogo que sale de su boca. Y vaya que si hay mucho diálogo, básicamente es una explicación tras otra de como el negocio de los hechiceros funciona, pero no me quejo, al contrario, hace que la acción que corresponde al resto de la película digamos que sea más entendible y emocionante.

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Después de la serie de escenas de entrenamiento, con todo y prueba forzada en donde se pone al pupilo al borde de la muerte; es cuando se nos da a conocer otra terrible amenaza global de consecuencias inimaginables que se sabe será resuelta al final de la cinta.  El causante de tanta angustia es Voldemort Junior disfrazado de Hannibal Lecter, con futuro de pañal desechable, y desgraciadamente interpretado por el actor Mads Mikkelsen quien se merecía algo mejor. La misión de su existir es destruir tres barreras protectoras, localizadas convenientemente en tres mercados de ingresos de taquilla considerable, para dejar pasar a nuestro universo un Aurelion Sol (Dormammu) que es capaz de causar desgracias y a la vez incapaz de  mantener seriedad con tal nombre. Es en está segunda parte donde se pierde la historia de vida de Dr. Strange y el carisma de Cumberbatch para dar paso a los elementos de fantasía con todo y escenas de acción que son necesarios para despertar  del asiento y proclamar que es una buena película.

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Aquí la novedad son precisamente las escenas de acción con efectos tridimensionales en donde se muestran las capacidades de los hechiceros para manipular su entorno. Hagan de cuenta que están mirando una versión en anabólicos de ‘Inception’ con los edificios doblándose y desafiando las leyes de la realidad. Quiera o no, es demasiado llamativo como para ignorar y brinda un toque distintivo con los hechiceros brincando de un lado a otro mientras luchan con armas de otras dimensiones. Los efectos visuales son agradables al ojo y brindan espectacularidad a lo que de otra forma vendría siendo más de lo mismo.

El libreto no es nada fuera de este mundo, sigue el templete de todo este tipo de aventuras, pero a diferencia del resto esta vez es el elenco de grandes actores quienes elevan un material plagado de frases y nombres ridículos, en algo digno de prestar atención. Tampoco es la gran película con la que se llevarán un Oscar, porque el  material transcendental es inexistente. Esto es prácticamente otro escalón en el universo Marvel para lo que será una interminable lista de películas, solo que han encontrado un hueco para narrar una historia con diferentes elementos; y por supuesto que se agradece.

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Pero como se ha vuelto costumbre, Marvel debe de declararse incompetente en no poder crear un villano memorable. Esto ya raya en lo ridículo, más cuando tienes al actorazo de Mads Mikkelsen para interpretar un ser de maldad absoluta que nos haga temblar en el asiento. ¿Ya cuantas películas llevamos así? ¡Vamos! Me van a decir que es inútil la experiencia para crear héroes titulares y no poder enfocarse tan siquiera un poquito en el lado de la villanía. Y mejor ni seguimos con la cosa llamada Dormammu, que sigue la tradición de los seres todos poderosos aderezados con harta cantidad de CGI, para supuestamente hacerlos temibles, y terminan en la larga lista de entes ridículos.

Es así como la saga de Marvel se consolida como el líder en historias del cómic en la gran pantalla. Su fórmula podrá ser restrictiva, pero no se pueden negar que los resultados le favorecen. Le duela a quien le duela tenemos otra película entretenida, familiar, visualmente llamativa y que complace a la mayoría. ¿Qué más se puede pedir? ¿Innovación? ¡No me hagan reír!

Endless Love. ¿A esto le llaman romance?

Es difícil para mí odiar a morir una película: claro que existen algunas que no soporto ver, pero es raro que una película se gane mi profundo desprecio; el último caso fue para “Son Como Niños 2” donde Adam Sandler, sin hacer un esfuerzo aunque sea mínimo, propone una comedia con escenas y situaciones que no causan gracia y que han sido repetidas hasta el cansancio. Sandler simplemente no ofreció nada nuevo en su filme.

Pues bueno, poco más de un año después de esa infame película, que vi por perder una apuesta con Josh, las puertas de mi salón de la infamia han vuelto a abrirse para incluir otra película a este catálogo, pero colocándose prácticamente en la punta. Así es: puede sonar algo precipitado pero “Endless Love” de 1981, protagonizada por Brooke Shields y dirigida por Franco Zeffirelli, se ha convertida en mi película más odiada de todas.

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Es difícil saber por dónde empezar, pero lo haré con la historia: básicamente nos habla de la relación entre dos jóvenes de 17 y 15 años respectivamente llamados David Axelrod (Martin Hewitt) y Jade Butterfield (Brooke Shields) que viven un intenso romance que todos veían bien en su momento, hasta que eso empezó afectar los estudios de la chica, por lo que su padre decide ponerle fin a la relación entre ellos, pero eso es algo que David no está dispuesto a aceptar y llegará hasta las últimas consecuencias con tal de seguir con Jade.

Leyendo la trama así sin más, parecería más una historia genérica (de esas que abundan en los romances, sea comedia o drama), pero el principal problema de la película es el tono que tiene. La película está basada en el libro del mismo nombre escrito por Scott Spencer en 1979, que nos habla sobre la obsesión que una persona puede desarrollar sobre otra, trayendo terribles consecuencias. Pero esta película, no sé si por decisión de Zeffirelli o por lo productores, decide entonarlo todo en plan romántico, lo que provoca que las situaciones que deberían ser perturbantes se vuelvan más perturbantes aun, debido al tonito de la entrega.

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Ver a este chico incendiar una casa, espiar en la casa de la madre de su ex, o provocando la muerte del padre del mismo en un tonito que pretende ser romántico no solo resulta tonto, sino molesto. Este tipo no tiene nada que envidiarle a Jason Voorhees, Michael Myers o Freddy Krueger. Así es: esta película tiene más aspecto de slasher que las secuelas que tuvieron “Viernes 13”, “Halloween” y “Pesadilla en la Calle del Infierno”, y eso no sería problema si esto fuera un slasher, pero se supone que es una entrega romántica.

Las actuaciones y personajes tampoco ayudan mucho a mejorar la película: el nivel de subactuacion o sobreactuación llega a niveles tan alarmantes que no sabes si sentir pena, risa o coraje de lo que muestran en pantalla. Brooke esta tan nefasta como lo estuvo un año atrás en “La Laguna Azul”, mientras Martin Hewitt es el vivo reflejo de la exageración. Sus momentos de drama son lo peor sin duda de la película, y la química que tiene con Brooke es inexistente. Básicamente son ellos besándose, teniendo sexo y dedicándose palabras de amor que harían que Nicholas Sparks se avergonzara (y eso es llegar lejos). Al menos en “Crepúsculo” hay momentos donde se Edward y Bella hablan de otros temas, o desarrollan su relación (de manera pobre, pero lo hacen); pero aquí ni eso tenemos. Lo más cercano a una buena actuación vienen a un cameo de menos de 1 minuto de Tom Cruise (lo que uno debe hacer para comer), en una de sus primeras actuaciones.

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El único de los personajes que me levanto cierta simpatía es el padre de la chica, ya que es el único que parece actuar de manera correcta ante la situación (o por lo menos lo hace a veces); mientras que el personajes que mas desprecie viene siendo la madre de la chica: todo en ella son puras tonterías sin sentido para justificar el “amor” que hay entre los jóvenes.

Lo único medianamente bueno que esta película tuvo fue la canción del mismo nombre, con las voces de Diane Ross y Lionel Richie, que es de hecho una de las canciones más románticas que me ha tocado escuchar, pero aparte de eso, no hay nada más que decir.

“Endless Love” es una de las peores películas jamás hechas, mi nueva entrega más odiada, incluso más que “Son Como Niños 2”, pues esta al menos es comedia, que no causa gracia, que es repetitiva, y que es más grotesca que nada, pero al menos estaba programada para ser comedia. Esto está lejos de ser romántico, y pretende venderse como tal. Recientemente tuvo un remake que le fue igual de mal con la crítica, ¿es que es mucho pedir que las ideas de este libro (uno de los más aclamados, tengo entendido) sean bien puestos en la pantalla?