Enrique S.

Saga Crepúsculo – Amanecer Parte 2, juntos eternamente

Como bien sabemos, se ha estrenado ya el tan esperado desenlace de la Saga Crepúsculo y esta ha llegado a su fin con la segunda parte de “Amanecer”. Repite Bill Condon en la silla del director así como la fotografía de Guillermo Navarro.

El fin de una historia que cuenta con fervientes admiradores y por supuesto detractores, ¿Pero que es lo que podemos encontrar en Amanecer parte 2?

Aprovecho para hacer una pequeña digresión, pues es curioso el fenómeno que provocan esta clase de estrenos, que al tratarse de productos mediáticos, siempre generan una gran expectativa y logran conjuntar una serie de circunstancias que en otros momentos podría calificarse de surreales. ¿A que me refiero con esto?, sencillamente al poder de convocatoria de propuestas como Crepúsculo y al fenómeno social que esto provoca. Analicemos entonces hasta dónde es posible generar una alta expectativa y una gran aceptación de parte del público, resumiré lo anterior mencionando el lamentable incidente que recién se suscitó en una sala de cine, sin duda una tragedia que provocó un gran malestar y que irónicamente el anhelado estreno que nos ocupa logró  superar sin dificultad alguna.

Regresando a Crepúsculo es un hecho de que nos encontramos ante una obra polémica, visto por donde quiera ser visto, pero centrándonos en la película  tenemos una serie de detalles importantes, se  trata de la segunda parte de una adaptación de la novela homónima y que a juicio de muchos, bien podía ser contada en un sola película, aunque este discutible metraje adicional tiene mucha tela de donde cortar.

Las luces de la sala se apagan, mientras un puñado de chicas adolescentes grita con emoción, he ahí al fin,  el punto álgido de sus sueños, aquel momento tan anhelado… Bella Swan  es ahora un vampiro, junto al hombre de sus sueños: Edward Cullen. Todo parece perfecto sin embargo desde un principio aparecen los problemas y una característica que tristemente ha pasado a ser insignia de la saga de Crepúsculo. No lleva ni un par de minutos en pantalla el filme, cuando es obvio que cuatros películas anteriores no bastaron para poder ofrecer efectos especiales si no decentes, por lo menos no risibles, lo que da inicio a una serie de desafortunados momentos que rayan en la comedia y no precisamente premeditada.

Fiel a mi consigna de evitar spoilers, la trama se desarrolla de forma lenta, ocupándose de demostrar la nueva vida de los protagonistas y los negros nubarrones que sobre ellos se ciernen, por momentos pareciese que no se va a ningún lugar, cuando sin aviso tenemos una serie de nuevos personajes, completamente sin trasfondo y que lo más que ofrecen es un ligero destello, sin llegar a más. No podemos olvidar personajes recurrentes como Aro, encarnado por un Michael Sheen increíblemente sobreactuado y que nos obsequia algunos momentos en pantalla lamentables.

Tampoco podían faltar las secuencias de acción que siguen presentando problemas en su ejecución, a pesar de ello reconozco que hay un gran merito en esta parte de la película,  una sencilla y previsible vuelta de tuerca, que extrañamente funciona de forma sensacional.

A pesar de algunas deficiencias, la película es capaz de dejar satisfechos a los fanáticos de los libros y de entretener por momentos al espectador que por algún despiste termine viendo la película. Desafortunadamente algo no cuadra con este cierre, carece de fuerza y abusa de la emotividad para su desenlace y aunque tengamos unos estimulantes créditos finales, la duda no desaparece del todo, al igual de la incertidumbre de que todo pudo ser mejor.

Crítica: Thor

Chris Hemsworth interpreta a Thor

¿Siempre te vistes así?… te queda bien.

Ha llegado el verano  cinematográfico,  tenemos ya en cartelera las primeras propuestas y las siguientes vienen en una sucesión bastante normal, donde el premio es la taquilla y las victimas o afortunados son los espectadores.

Es posible ver la última película de la saga de Rápido y furioso que ha tenido un gran éxito en taquilla, Marvel por otro lado nos ofrece su Thor, superhéroe con el que nos tendremos que conformas ante el “lamentable» retraso de linterna verde en nuestro país.

La producción de Thor generó expectativa desde la secuencia final de Iron Man 2, posteriormente se mostraron las primeras imágenes de Chris Hemsworth, que no dejaron satisfechos a todos. Con el paso del tiempo los avances de la producción iban aumentado las dudas sobre Thor, y en cierto punto pareció incluso que la película sería lamentable en el mejor de los casos. Posiblemente esta situación juegue a favor del filme, pues se esperaba realmente poco del mismo.

Del realizador Kenneth Branagh pueden decirse muchas cosas, pero me limitaré al hecho de que es ciertamente extraño que le hallan ofrecido a él este tipo de proyecto, con el cual ha tenido resultados contrastantes.

De inmediato resulta evidente lo difícil de mantener el balance en la trama, pues pasamos de un prometedor y enérgico inició a un mediocre desarrollo, donde por momentos parece que estamos ante dos propuestas completamente distintas, por la carencia de cohesión de las mismas. Iniciamos en Aasgard el hogar de los dioses, concebido como una extraña mezcla entre clasicismo y modernidad, encontramos ante nosotros una serie de efectos medianamente aceptables, un diseño de producción y vestuario excelente,  no así la interpretación de algunos de los personajes.

Anthony Hopkins parece haber perdido el brillo que lo caracterizaba,  se le nota limitado, incomodo en su papel, apabullado por la rigidez  exigida por este tipo de producciones con pocas oportunidades de demostrar su calidad actoral, por otro lado tenemos al joven Thor que hace gala de una forzada y a momentos cómica arrogancia, este tipo de actitudes pasarán a ser chistes recurrentes a lo largo de la película, donde el cambio de actitud del  protagonista no logra sustentarse adecuadamente.

En Loki tenemos al típico personaje orillado a la maldad por las circunstancias, desafortunadamente la forma en la que es interpretado y su papel en esta historia lo hacen palidecer en comparación con su homologo de los comics. No podemos olvidar a los secundarios que  obedecen a la típica configuración de la banda de amigos.  A pesar de sus limitaciones la primera parte del filme, desarrollada en Asgard, cumple al entretener, nos ofrece un escenario interesante, hay acción, intrigas y un maquillaje bastante cuestionable. Técnicamente esta primera parte es aceptable, a pesar de que Branagh nos regala una  criticadísima serie de planos holandeses, que a razón de la crítica y la academia no tienen justificación dramática, aún así hay algunos bastante logrados.

El principal problema de la película comienza cuando cambian a Asgard por la Tierra, el ritmo cae gravemente y entramos en una etapa de comedia involuntaria que no aporta nada y que únicamente hace ver ridículos a los actores.

El papel de Portman cobra más importancia aunque  puede decirse que lo limitado de su personaje no le ofrece mayor rango dramático, por grandes momentos la tenemos en pantalla, donde increíblemente no tiene naturalidad, lo cual se agrava con una Kat Dennings cuya gracia radica en una irónica espontaneidad.

Aun así Natalie Portman en su papel de Jane Foster será parte vital del viaje iniciático de Thor, que lo llevará de un salvaje troglodita a un sabio y prudente guerrero. Tristemente las partes de la trama que transcurren en la tierra no tienen modo de competir con las llevadas acabo en Asgard, ni de en función de la historia ni en la ejeucion de la misma, pues el hecho de estar intercalando lo que sucede en ambos lados no beneficia del todo a la película.

Inteligentemente para el cierre de la película se optó por retomar los elementos iniciales; es decir un Thor completo  y un escenario con mayores posibilidades, desafortunadamente esta decisión luce tardía y al final parece que nos encontramos ante una visión incompleta, que deja al espectador anhelando un verdadero comienzo y no sólo un esbozo sobre este héroe.

Estamos ante una película de aproximadamente dos horas y aun así el manejo que se le dio a  la historia hace que la misma luzca incompleta y a momentos tediosa, aun así Thor ofrece entrenamiento por momentos y se erige como digno comienzo de una saga que aún tiene mucho por mejorar.

Crítica: Soy el Número 4

Alex Pettyfer y Dianna Agron protagonistas de Número Cuatro

¡Ah es un monstruo!

Podríamos llamarlo híbrido para no ser tan radicales, Soy el número cuatro es justo eso. Un cumulo de elementos mezclados que buscaron convertirse en un  enorme suceso en taquilla, justo como muchos otros cocteles “Cinematográficos” lo han intentado antes.

Por más que se esfuerce, “Soy el número cuatro” no puede deshacerse de su esencia aspiracional, es claramente un flojo intento de crear una nueva franquicia. Acción nada nueva por supuesto.

Entrando en materia nos encontramos con la adaptación de un libro que tiene un público pre-establecido y que al dar paso a la gran pantalla intenta alcanzar un mayor rango de gente y las cuantiosas ganancias de una película con éxito, sin embargo el material de origen no contaba con el renombre con el que si contaban otras franquicias.

Sin duda la película que nos ocupa es un estuche de tristes sorpresas, comenzando con una historia poco creíble que mezcla de forma muy poco afortunada la magia con la ciencia ficción; somos testigos del modo de vida de “John” un pobre  e inadaptado adolecente, que esconde un gran secreto. Su vida corre un grave peligro y deberá utilizar todos los recursos que estén a su alcance para sobrevivir, a la par que se conoce así mismo y a gente que lo ayudará en su lucha.

Como pueden apreciar se trata de una historia genérica, la misma formula ya sin gracia debido a su sobre-explotación, la ejecución de este argumento es cosa aparte y en este apartado es responsable DJ Caruso, un realizador sin pisca de personalidad, que con el paso del tiempo se ha convertido en un autómata; encuadra así, párate aquí…

Tenemos un elenco de actores cuasi desconocidos, hay la típica dosis de efectos que le estorban a la trama, un guión flojo y una serie de momentos que definitivamente daban para más. El principal problema de “Soy el número cuatro” es su falta de solidez, la forma en la que se van atando las cosas, que nunca termina por convencer. Cosa aparte son los protagónicos que no tienen química y son completamente olvidables, seguramente esta situación empeoró por la mano tan impersonal del director DJ Caruso, quien parece bastante decidido a usar un lenguaje visual mas acorde a la televisión, propuesta que se ve reforzada por lo pobre del diseño de producción y lo rudimentario de la dirección de arte. Todo en su conjunto nos hace sentir que estamos ante una serie televisiva de ciencia ficción.

A manera de coda me gustaría comentar cierta frase de un escritor de manuales de guión de cierto renombre:  “No es bueno salir de ver una película y ante las fallas decir: ¡al menos la fotografía estaba bien”.

Tristemente este no es el caso de Soy el número cuatro, donde la fotografía increíblemente corrió a cargo del ganador del Oscar Guillermo Navarro, su trabajo en esta ocasión luce deslucido y carente de pasión y me atrevo a afirmar que en momentos mediocre e intrascendente. Sin duda Navarro busca ahora moverse en un circulo más comercial, hipótesis que se afirma con su participación en la saga Crepúsculo.

Lamentablente Soy el número cuatro es una película trivial  y completamente olvidable, entretenida a momentos, pero nada más.

Crítica: Así pasa cuando sucede.

Mamá, ¡él estuvo nominado al premio nobel!… Boris, cariño,  ¿Fue para  mejor película verdad?…

Woody Allen es un director que no necesita una presentación, pues posee una solida reputación en el medio cinematográfico. Tiene infinidad de seguidores y una cada vez mayor cantidad de detractores, quienes preferirían que el realizador se retire ya del  cine y mantenga la imagen que ha construido en base a varios de sus filmes, que se han consolidado ya como clásicos dentro del panorama cinematográfico.

Una de las principales críticas que ha recibido Allen desde el principio de su carrera es precisamente el querer ofrecer un lado sumamente intelectual,  cargado de acidez, pesimismo y un desesperante pero enriquecedor nerviosismo. No es necesario mencionar que su trayectoria tuvo su inició en la comedia, género en el cual cosechó gran éxito, basta citar la aclamada y ahora paradigmática “Annie Hall”, película revolucionaria que muestra claros signos de un estilo definido y una latente genialidad.

Pronto el nervioso director busca expandir sus horizontes y entrega una película de una increíble fuerza y  similar belleza estética, y  que además posee  del espíritu de su creador, me refiero a; Manhattan.

Con el paso del tiempo Allen ha buscado mantener el balance entre lo comercial y lo artístico, aunque desafortunadamente no ha tenido demasiado éxito, basta ver lo intrascendente que fue “Vicky, Cristina, Barcelona” y lo olvidada y desdeñada que ha estado su obra en todo el continente americano. Es en este panorama de olvido y desinterés que nos llega a México; “Whateaver Works” o como aquí le pusieron ridículamente; “Así pasa cuando sucede”. Vale la pena destacar que la obra nos llega dos años después de su estreno y con una distribución sumamente limitada.

El principio de la película puede no lucir prometedor, incluso pareciese desganado, hecho a la ligera, sin trascendencia. Quizás desde el arranque la película se antoja poco prometedora, pero pronto comienzan la sorpresas y a los pocos minutos somos testigos de recursos claves en el lenguaje clásico de Allen. Nos encontramos con la historia de Boris quien con toda la calma nos la cuenta directamente, ignorando la cuarta pared y el eje óptico y de acción. Estos recursos son recurrentes en  la filmografía de Woody Allen.

Nos encontramos entonces con un protagonista típico de este director, es decir sumamente humanizado, lleno de defectos, desesperante, con una gran arrogancia y una inteligencia que destila grandes cantidades de sarcasmo, además de la recurrente hipocondría y la siempre bien recibida burla intelectual.

Se nos ofrece una comedia sumamente dura que incluso podría catalogarse de denigrante, pues las actitudes del personaje parecen hacerlo repulsivo  y poco agradable, pero es precisamente su forma de ser la que le otorga fuerza  a la historia y la hace funcionar. Este humor inteligente se ve fortalecido por un contrapeso, desempeñado por una sumamente correcta y admirable Evan Rachel Wood, quien demuestra grandes dotes para la comedia.

Los dos personajes son fuerzas contrarias que en su afán de complementarse dan lugar a situaciones sumamente peculiares, pero que carecen de trascendencia, ya que la trama es por obvias razones predecible y se limita a llevarnos por un paisaje ya conocido, salpicado por momentos de increíble genialidad, pero inconexos y concluidos apresuradamente.

Se trata sin duda alguna de una película con una gran fuerza, sumamente acida y con una comedia dura y sagaz. Son sus virtudes también sus peores armas pues “Así pasa cuando sucede” no es el tipo de películas que el gran público prefiere.

Woody Allen nos ofrece un guiño hacia el pasado, hacia esa genialidad que la gente ha olvidado y que aun sigue ahí. Estamos ante una historia que el ya ha realizado e incluso protagonizado, esta vez recurre a un alter ego y tristemente para fines financieros, se olvida de que la verdad suele incomodar y más del modo en el que él suele decirla.

Crítica: Perras

ADVERTENCIA: Grandes dosis de sarcasmo a continuación.

En esta frase puede ser resumido el reciente despropósito de Guillermo Ríos,  quien se atreve a recurrir a las más patéticas estrategias para promover un filme insulso, terrible y ofensivo como lo es Perras.

En el panorama nos encontramos con las típicas triquiñuelas utilizadas para vender un producto que en el mejor de los casos es mediocre. Ríos tiene el cinismo de vender su opera prima alabándose así mismo, argumentando que es el quien se ha encargado del guion de Capadocia y además en está su gran obra se cuenta con la exclusiva e incitadora participación de Galilea Montijo. “Actriz que con su gran capacidad dramática” transforma a la película en una obra que debe verse a toda costa.

Sobra decir que no faltaron los desplegados y reportajes en medios informativos y revistas para jovencitas.

Entrando en materia Ríos ha tenido una formación más apegada a la escritura de guiones,  el teatro y una breve  incursión en televisión. Perras es una adaptación de una obra teatral de su autoría, que ha gozado de relativo éxito, que mejor pretexto que ese para hacer una película y tirar un millón de dólares en semejante aberración.

Perras inicia con el original e innovador recurso dramático de arrancar por el final, tenemos así un comienzo en off y aparecen los problemas…las “actrices” están sumamente limitadas, pues cuando desde el inicio es más que obvio la falta de naturalidad y lo forzado de los diálogos, no es una buena señal. Así somos acompañados por una narración de alguien quien parece leer y que para empeorar la situación no lo hace bien. Pronto se nos muestra a las protagonistas, las cuales “inteligentemente” y para aceptación del publico promedio, obedecen a una convención en la forma en la que están concebidas… en pocas palabras son estereotipos andantes, que erróneamente el director y guionista confunde burdamente con arquetipos. La ingenuidad de Ríos llega al grado de publicitar su película diciendo: En ella verás a Sofía, la típica chava que todos envidian porque es bonita, tiene dinero…

Claro el hombre tiene fe en la estupidez de la gente y lo digo sin afán de ofender, pues estoy seguro que pensó que las niñas de catorce irían corriendo a identificarse y sentirse realizadas con sus homologas en pantalla. Afortunadamente Ríos no pudo estar más equivocado.

Regresamos a la trama y nos encontramos con un grupo de amigas, cada una de las integrantes con características bien definidas y un perfil a cumplir. Sobra decir la poca calidad actoral de las jovencitas, que increíblemente y según el ya mencionado hasta el cansancio director, provienen de un casting de más de 400 postulantes.

Los personajes se encuentran al nivel de los que vemos en los programas “edificantes” juveniles, abunda la inexpresión o la sobreactuación y por supuesto una falta total de  carisma y un pronunciado problema de dicción, quizás se podrían perdonar todos los errores si nos encontráramos ante un historia loable e interesante, pero este no es el caso. Se nos prometió una visión de la perspectiva de las jovencitas, una vista de su mundo, lleno de dolor y erotismo(sic).

Lamentablemente la historia no funciona bien y es evidente que algo anda mal con el desarrollo de la película, pues si encontramos el mundo juvenil, pero estereotipado y en lo absoluto verosímil pues el mismo no corresponde con la realidad. ¿Por qué me atrevo a afirmar esto?… nadie absolutamente nadie habla como lo hacen las protagonistas de perras, problema que también encontramos en las telenovelas y shows de escaso contenido. Su representación de la realidad es burda y sin un trasfondo. También esta ahí el erotismo prometido, pero no desde la perspectiva juvenil, si no desde un evidente ángulo de la preconcepción adulta.

La película se encuentra envuelta en un halo de extrañeza, la misma se mueve en un ritmo discontinuo y todo da la sensación de estar fuera de lugar.  Lo cual podría encontrar explicación en la formación teatral del realizador, lo que si no es justificable es lo risible de muchas circunstancias y el como la trama es desplazada por una serie de sub-tramas que no vienen al caso, así entonces somos testigos de una historia que continuamente invita a salir de la sala por la forma en la que esta contada.

Perras sin duda alguna es una propuesta fallida, increíblemente mala y tremendamente insoportable… es más que obvio que a Perras ni cubriéndola de barniz se arregla.

Trailer Perras

Crítica: Gnomeo y Julieta

Gnomeo, ¿Dónde estas que no te veo?…

A estas alturas, es decir a mas de cien años de los inicios del cine, es del dominio público que el cine es una industria enorme, que se mueve gracias a cantidades increíbles de dinero y que la gran mayoría de veces lo que se persigue al producir es el obtener beneficios económicos, siendo este el objeto principal de las grandes productoras o de todo aquel que tenga como objeto el subsistir  de lo obtenido con las ganancias por la producción, es evidente que el interés económico sobrepasa  el fin estético y que en la lucha por la recaudación se sacrifican la gran mayoría de las veces los estándares mínimos de calidad que son requeridos.

Somos perfectamente conscientes de las maniobras de los productores y distribuidores para buscar el éxito, como el realizar re-takes, contratar a otro editor para intentar salvar los bodrios que suelen costarles la nada despreciable cantidad de 150 millones de dólares o la cada vez mas patética estrategia de generar interés de forma viral, por descontado sabemos que estos planes suelen fallar debido a que consideran al espectador como un ser inerte que compra y ve lo que le pongan…nada más alejado de la realidad.

En México como buenos seres con identidad imitada, nos vemos obligados a soportar las mismas risibles estrategias por parte de los responsables de la exhibición y distribución, me refiero al como intentan vender las películas, apelando a situaciones que poco o nada tienen que ver con el producto en su forma estética u argumentativa… los ejemplos sobran pero me remitiré a algunos de los mas usados, como el promover una nueva producción donde determinada pseudoactriz se desnuda por primera vez para la pantalla grande, u el doblaje de cierta película animada realizada por un “actor” de supuesto renombre, pues bien con este antecedente Gnomeo y Julieta se encuentra incluso aun por debajo de la media , al intentar venderse recurriendo a la música usada en ella, en este caso de Elton John y Lady Gaga… una propuesta bastante desacertada considerando el público a quien esta dirigido esta cinta.

Desafortunadamente para esta película el mercado de animación tiene un claro exponente y líder en el genero, a quien la competencia poco ha podido mermar, a excepción de realizaciones como las propuestas insignias de estudio Ghibli, aun así las producciones animadas ajenas al grupo dominante siguen buscando abrirse paso, algunas con cierta fortuna u otras como Gnomeo y Julieta de forma más que lastimera.

Kelly Asbury fue quien se encargó de la dirección de esta adaptación de una de las obras más importantes no sólo de Shakespeare si no de la literatura universal, en primera instancia el nombre del realizador podría no remitir a nada, pero estamos hablando del responsable de películas como “Spirit el corcel indomable” y “Shrek 2” que quizás no son precisamente excelentes películas, pero si muy por encima de lo logrado con la que motiva este análisis.

De entrada nos encontramos con una adaptación que se toma gran cantidad de licencias con el fin de hacer apta la historia para el publico infantil,  tenemos entonces que los Montesco y los Capuleto han reducido su enemistad al nivel de ver quien es el que tiene el mejor jardín y es aquí donde empezamos con los problemas pues para simplificar más la situación la rivalidad se ve reducida al color que porta cada “ Clan”, nos topamos entonces con una serie de personajes que no son precisamente atrayentes, mucho menos carismáticos y que extrañamente obedecen de forma estereotipada a los arquetipos en los cuales tienen su origen.

La trama se simplificó de la mayor forma posible, lo cual da como resultado una historia desangelada con personajes que no logran atraer del todo al público  y que desafortunadamente no propone nada nuevo, se limita a contar una historia ya conocida y versionada, pero en esta ocasión se hace sin gracia y se recurre a elementos dudosos para aumentar la popularidad del filme, como el uso innecesario del 3d o la música de los ya citados exponentes. No cabe duda entonces que con Gnomeo y Julieta Kelly Asbury nos estrega por mucho su peor película.