El Mejor Momento

Las Mejores Secuencias del Cine. Prólogo

Hay escenas que se vuelven la cereza del pastel en una película, a tal grado que llegan a transcender y ser recordadas por dicho momento.

Si acaso existe duda de su legado, algunas cintas inclusive tiene una buena cantidad de parodias dispersas en los medios de comunicación y hasta en otras producciones cinematográficas. No importa si se corre el riesgo de caer en un plagio o el que reciban una carta de algún abogado reclamando los derechos de autor, al final se reconoce el impacto que esos instantes han tenido en el público y por lo tanto desean explotar al máximo.

Haciendo homenaje a esos momentos que nos han hecho la piel de gallina, hemos decidido realizar un especial de multiples partes. ¿Cuantas se preguntarán? No tengo ni la más minima idea, porque en más de un siglo de vida el cine nos ha ofrecido un buen número de emociones que puede hacer de esta labor algo eterno.

Así que es mejor que empecemos con las mejores secuencia del cine.

El Mejor Momento: Alien

Aún con el paso de los años una película considerada un clásico no pierde su valor y reafirma su condición provocando las mismas emociones como si se tratara de la primera vez. Eso me ocurrió cuando decidí volver a mirar Alien como ejercicio para despejar algunas de las dudas dejadas por Prometeo. ¿Funcionó? Pues claro que no. Lo que sucede es que son dos películas con objetivos diferentes.

Lo peor es que sigo sin entender que sucedió. ¿Por qué Ridley Scott no pudo hacer más impactantes las revelaciones? ¿Acaso fue demasiado material que se le acabo el tiempo, o debo culpar a los guionistas? Con Alien si pudo. Por supuesto que el libreto era mucho más sencillo, no era precisamente un ejercicio filosófico que demandaba replantar tus creencias sobre el universo, si no que su principal motivación es la hacerte fluir la adrenalina y no tanto de mover neuronas; que sin embargo logra hacerlo al plantear varios misterios que hasta fue necesario crear una precuela para explicarlos.

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Lo sorprendente de esta película es que se toma su tiempo. Cualquiera podría haberse quedado dormido con las primeras escenas descubriendo la nave, sin embargo es un logro el que sea tan interesante aún en estos tiempos donde se ha vuelto una necesidad el que ocurran explosiones o persecuciones en cinco minutos o menos. Sin embargo, la lentitud en la trama logra involucrarnos en los misterios y se recompensa con una creciente tensión que termina en la insuperable escena en la nave de evacuación.

La cinta sufre tres transformaciones a lo largo de su duración: primero somos testigos de como la tripulación del Nostromo investiga una nave extraterrestre, luego la terrible condición médica de Kane (John Hurt) nos mantiene atentos hasta que milagrosamente se recupera y por último la terrible persecución del Xenomorfo. Cada una de las fases nos cuestiona lo que sucede, aún cuando el monstruo esta persiguiendo a Ripley seguimos dudando de cómo logrará destruir la criatura. No será algo para romperse la cabeza, pero tampoco se asfixia queriendo ser más inteligente de lo que es.

Es  la creación del artista H. R Giger la responsable de no sólo el mejor momento, si no de varios, al ser prácticamente cada una de las apariciones de la criatura verdaderos eventos dentro de la película. Desde su agresivo inicio saliendo de los intestinos de Kane, hasta cuando muestra su dentadura marca Colgate. Es sin duda una de las criaturas más terribles que se hayan visto en el cine. Hasta la fecha no deja de ser reverenciado como un verdadero icono digno de parodias e innumerables referencias en la cultura popular.

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Lo mejor es como el director Ridley Scott elige mostrarnos el Xenomorfo y hasta se da sus baños de grandeza cuando el gato Jonesy es testigo de una de las tantas masacres. Ese instante pudo haber pasado a la historia como ridículo, hasta absurdo, pero es tan efectivo, que no importa si el gato se mira desconcertado en la escena. Esa es precisamente la cualidad de la película, el saber como y cuando utilizar el monstruo sin llegar ser un cansancio.

Con el paso de los años podemos presumir ciertos detalles que nos hacen apreciar las limitaciones tecnológicas de aquellos tiempos. En especial la escena con la criatura deslizándose de la mesa de comedor que grita ser un muppet. Ni que decir cuando pegan la cabeza del androide Ash al piso para que comience a vomitar todo lo que sabe, pero el diseño del Xenomorfo es algo que aún en nuestros días es difícil de replicar. Creo que si alguien quisiera hacer un monstruo atacando una tripulación este sería 100% pixeles y para colmo se vería falso, algo que nunca sucede en Alien.

Podremos cuestionar la validez de Prometeo,  pero sin duda existe algo en que podemos estar de acuerdo y es que Alien es una película digna de reverencia.

El Mejor Momento Star Wars Episodio I: La Amenaza Fantasma

Amenaza Fantasma Episodio I

Creo que uno no necesita rascarse la cabeza para pensar en el mejor momento, de lo que para muchos consideran la peor película de toda la saga. Háganse un favor, vean el video de la batalla final y dense por satisfechos. Créanme que no se pierden de nada interesante.

Aún con el reciente lanzamiento de la nueva versión en 3D, no considero necesario pagar por un filme que deja demasiado que desear. Esta cosa es 100 minutos de relleno, en donde tienes que soportar intrigas políticas de un senado intergaláctico, lo bueno es que a la mitad existe una peligrosa carrera en donde el mini Darth Vader participa para ganar su libertad, de lo contrario pueden poner su reloj despertador para los últimos instantes que valen la pena.

La batalla de Qui-Gon Jinn y Obi-Wan, contra Darth Maul, es una de las mejores que tienen que ofrecer esta nueva trilogía. No solo hace uso de los efectos visuales que tanto admira George Lucas para tapar sus deficiencias como escritor, si no que logra brindar emoción a un lucha con espadas de luz como jamás habíamos visto.  Ahora, antes de que empiecen los tomatazos, debo de aclarar: Lucas sabe crear conceptos, personajes, ideas de este fantástico mundo; pero deja mucho que desear cuando los personajes tienen que pronunciar sus horribles diálogos. Son tan malos, que ni el grandioso Liam Neeson puede esquivarlos.

Esta breve batalla sería una sombra que perseguiría los siguientes intentos por tan siquiera igualarla en términos de espectáculo o emoción. El principal problema fueron lo patético que resultaron los villanos de las siguientes secuelas, en donde apenas Count Dooku (Christopher Lee) logra asomar cabeza con su supuesta pelea a muerte con Yoda. Luego tenemos a Grievous, quien se volvió en un concepto mal empleado por la tecnología que se supone iba a brindarnos algo de que asombro y terminó siendo en una caricatura borrosa de partes metálicas con palos fluorescentes, como si su verdadera profesión haya sido el de pela papas.

Sin emitir demasiado diálogo, Darth Maul logró cimentar su presencia con un excelente diseño, mirada amenazante y compostura de perro de caza hambriento. Ahora sí, que con su simple presencia fue suficiente para mantenernos atentos. No se si haya sido lo correcto el haberlo matado tan pronto, quizás se hubiera vuelto más temible con el paso del tiempo, o peor, considerando que no emitió dialogo alguno, no quiero pensar en las incoherencias que habría de decir ( Spoilers: ¿Será porque se ha vuelto tan famoso, que lo revivieron en la serie animada?)

Lo más triste, es que sin esa pelea al final, nada de lo que sucede en esta película tiene relevancia. Claro que uno tenía interés en conocer la transformación de Anakin Skywalker a Darth Vader, pero no de esta forma, suficiente fue aceptar que el era el protagonista y no su hijo Luke, para todavía soportar aventuras de un niño que fue concebido por midiclorianos.

Espero que en un futuro no muy lejano, haya alguien capaz de editar las tres películas en una sola, para evitarnos la pena de tanto relleno que no sirve para nada. Eso es lo que debió de haber hecho George Lucas, en vez de seguir jugando con la imagen de sus películas, como lo ha venido haciendo cada cinco años.

El Mejor Momento: La Bella y la Bestia

La Bella y la Bestia

Eran los tiempos en donde la animación todavía era considerada como exclusiva para el público infantil, impensable que alguna alcanzase el honor de ser nominada por la Academia como la mejor del año.

En 1991, Disney venia de haber tenido un tremendo éxito con «La Sirenita»  y un fracaso con «Bernardo y Bianca en Cangurolandia», ya muchos estaban dudando de que pudieran sacar otro as bajo la manga. ¿Quién hubiera imaginado que sería una de las mejores películas románticas de todos los tiempos?

Ahora con el reestreno en 3D, del cual me imagino que debieron realizar un extensivo trabajo de restauración que de seguro filmaron para incluirlo en un disco blue-ray que se  ha de vender por tiempo limitado, es tiempo de recordar este clásico de la animación y en especial lo que considero el mejor momento de la película.

Después de un increíble inicio musical con todo el tumulto de gente del pueblo cantando hasta quedarse afónicos, es que uno comienza a darse cuenta que es la misma fórmula de Disney, pero con tanta calidad que llegan a romper el molde.

Desde que conocemos a Bella empezamos a ver una tendencia por empujar los límites de lo que se había considerado una conservadora visión del destino de una mujer. El casarse y tener hijos es desechado por la protagonista como el principal propósito de su vida y  lo que ella busca es descubrir el mundo a través de sus libros ¿y por qué no?, hasta lograr hacerlo en persona. Es entonces que durante la primera mitad resultan cómicos los intentos del iluso Gastón por conquistar a la dama con demostraciones de salvaje hombría.

Cuando por interesantes circunstancias nuestra protagonista encuentra el castillo encantado con tanta chatarra que baila, canta, canta y vuelve a cantar. Es que conocemos el tan maldecido príncipe transformado en una especie de Yeti con cuernos, al que  por cierto, debe de enamorar a una chica antes de que el último pétalo de la rosa se marchite. Por fortuna tiene una gran cantidad de sirvientes que le hacen ver las posibilidades de romper el hechizo con la «veintiúnica» mujer que existe en sus dominios.

Entonces  tenemos una serie de pactos en donde se chantajea la liberación del padre de Bella a cambio de que se quede ella en el castillo. Al principio, no todo es miel sobre hojuelas, cada quien esta atrapado por circunstancias que en apariencia nunca buscaron.

Existe un problema que los mismos escritores se impusieron al inicio de la película y es como  lograr que la dama termine enamorándose de la Bestia sin hacer que no se vea forzado o porque la historia así lo pide. Claro que fueron haciendo el esfuerzo los guionistas con el sermón de la belleza interior, pero no es hasta que somos testigos de la gran escena en el salón de baile cuando todo lo anterior da resultados y marca la pauta para lo que se volvió una escena icono de la animación.

Desde la entrañable música melosa que derrite cualquier témpano de hielo, sin importar si es la versión en castellano o la de español latino, el mensaje resulta ser el mismo. Estos dos terminaran juntos por siempre y para siempre.

Cuando tenía en mis manos la versión en vídeo, no dejaba de reproducir está escena  porque me era increíble tanto realismo, creo que mi mayor sorpresa fue que no se veía falso al lograr una integración entre los dibujos animados y los escenarios digitales

La película ganó su buena cantidad de premios por sus innovadores efectos visuales porque en esos tiempos todavía la animación por computadora estaba en pañales. Era impensable realizar una escena y mucho menos una película completa con computadoras que ahora pueden ser remplazadas por un IPhone.

Es increíble que hoy después de 21 años, la magia de esos minutos inolvidables no se encuentren en otras películas. Quizás podemos comparar con instantes de grandeza que han tenido los genios de PIXAR, pero ese momento de asombro cuando se desliza la cámara sobre la pareja y muestra la grandeza del gran salón de baile en todo su esplendor, es sin duda una belleza incomparable.

El Mejor Momento: La Cosa de Otro Mundo (1982)

Kurt Russell en La Cosa

Ya se abusa demasiado de los efectos digitales. Es difícil encontrar un director que elija métodos tradicionales para crear montruos capaces de aterrorizarnos. El último que recuerdo fue Guillermo del Toro con «El Laberinto del Fauno» y los resultados son excelentes.

Hasta el momento los únicos capaces de convencernos en las bondades de lo digital son los especialistas neozelandeses de WETA. Con su creación maestra de Gollum y recientemente con César del remake  «Planeta de los Simios»,  me hacen creer que la falta de credibilidad en los efectos visuales se deben a la falta de talento por parte de los estudios.

Aún en estos días, el uso de los efectos visuales prácticos con los que cuenta la «La Cosa» de aquel lejano 1982, compiten con cualquier otra y hasta con la nueva vergonzosa versión que no pudo hacerle honor con el uso indiscriminado de pixeles para impactarnos. Es comprensible que el uso ahora de la computadora para crear sin límites con nuestra imaginación mundos sin igual, se debe a lo económico que se ha vuelto para los estudios. Atrás quedo el ingenio de los robots o los muppets y a cambio tenemos premios por la mejor alta definición y el uso del 3D.

Por eso es sorprendente que el mejor momento sea cada vez que aparece el engendro de «La Cosa. Desde su aparición al salir del indefenso can con sus tentáculos moviéndose agitadamente a todo lo queda para mostrar su grotesca forma, no sólo ocasiona asco, si no verdadero miedo. A eso hay que agregarle un excelente trabajo de efectos de sonido, que con un insoportable grito cada vez que un humano es capaz de hacerle daño se vuelve intolerable.

Luego cuando a uno de los científicos le están dando electroshock cardíacos para salvar su vida, el pobre hombre realizando la maniobra le son amputados los brazos por lo que parece una gran boca de tiburón. El colmo es cuando el extraterrestre separa la cabeza de la victima, este parásito no sólo sabe sobrevivir, si no adaptarse a cualquier situación que inclusive logra crear pies de una cabeza .

Pero en lo personal, disfrute demasiado la escena en donde verifican su sangre. Es un ejemplo del éxito que tuvo el director John Carpenter por crear tensión entre los sobrevivientes. Con cada supuesta prueba de sangre, estaba al borde del asiento y lo mejor fue esa sensación de que en verdad ni los infectados sabían que ya no eran humanos. El momento cumbre llega cuando el monstruo es revelado en otro soberbio despliegue, el cual me hace dudar de su capacidad de huir, siempre se queda parada «La Cosa» esperando a que la achicharren.

Es lamentable, pero la película no es perfecta. Tiene sus momentos confusos con tantos personajes saliendo y entrando del campamento, para luego aparecer después como héroes o ser sospechosos de ser infectados. Además que se vuelven muy ingenuos al momento de ser mutilados por el extraterrestre. Aquí parece que el único que tiene sesos para pensar es R.J. MacReady (Kurt Russell), pero creo que es necesario para que funcione. En donde se me hizo fuera de la norma, es cuando descubrieron la mini nave espacial que estaba siendo construida. En serio, ¿qué combustible iba a utilizar?, ¿hielo?

Sin duda la película es un ejemplo de la evolución de los efectos visuales, del talento y la audacia de artistas que si bien no lograr crear una obra de arte, al menos si se puede considera un clásico del cine.

Por último, disfruten la nueva transformación de «La Cosa».

El Mejor Momento: Superman

Christopher Reeve protagonista en Superman

Antes que Batman, Los X-Men, El Hombre Araña, Spawn,  Hulk, Iron Man, Los 4 Fantásticos, Thor, Wolverine, Linterna Verde… existió Superman. Fue el pionero en este tipo de historias que ahora se han propagado en la industria del cine como viables fuentes de dinero para los grandes estudios.

El riesgo enorme que implicó realizar una película de este genero en aquel algo remoto 1978, quedó atrás al involucrarse  un gran talentoso grupo de personas que fueron capaces de transmitir un clásico del mundo cómic a la pantalla grande. Su impacto aún se puede ver reflejado en los constantes estrenos que tenemos de superhéroes, siendo ahora considerados más que sólo entretenimiento para niños.

La película no es del todo perfecta. La pésima caracterización de Lex Luttor ( Gene Hackman) junto con sus cómicos compañeros, ponen en dudas la suprema inteligencia del villano al tener un incompetente equipo de asistentes. El mensaje era obvio. La cinta no debía de ser tomada tan en serio, pero eso fue imposible al contener escenas con una fuerza dramática que otros desearían imitar. Existen muchos momentos al respecto, desde el inicio con los orígenes extraterrestres de Kal-El, la muerte de su padre adoptivo y su viaje al polo norte en busca de respuestas; no solo fueron los cimientos de una gran historia, si no de un éxito rotundo con los fanáticos y los críticos de cine. Fue ese perfecto equilibrio de tantos elementos en la trama que en su lectura parecen ridículos por lo fantásticos que resultan y que hasta hoy nadie ha logrado imitar.

Ha sido tan grande su impacto que tampoco nadie se ha atrevido a realizar un reinicio de la saga y no es por nada, pero la emoción que evoca el ver a Superman volar por primera vez en su «Fortaleza de Soledad» no creo que pueda ser imitada. Me dió escalofrió ver a Christopher Reeve suspenderse sobre cables invisibles a la cámara, claramente se ve que es falso el asunto, pero el carisma del actor es innegable. Jamás habrá un Superman como el de Reeve y la nueva producción «The Man of Steel» tiene un arduo trabajo por salir de la sombra de lo que fue la versión del director de Richard Donner.

Claro que existen otros momentos dignos de reconocimiento, sin ser necesariamente explosiones o escenas de acción. Simplemente la primera vez que se conocen Lois Lane y Clark Kent es un gusto tremendo la interacción entre ambos, luego la escena donde vuelan en los cielos como si la gravedad es inexistente es una donde necesitas ya estar preparado psicológicamente para lo incrédulo que resulta. Los rústicos efectos especiales aún logran transmitir su mensaje de destrucción masiva siendo ahora más un caso de estudio en la historia del cine, pero lo sorprendente es que aún con los años representan el esfuerzo tecnico de personas capaces de ir más alla de las limitantes tecnologicas de aquellos tiempos. Porque nadie puede culpar la película su falta de ambición, el director Donner no se como le hizo pero me imagino que cuando vió el libreto ya se estaba rascando la cabeza.

Es innegable el legado que ha dejado en el cine está cinta y por lo tanto una cita obligada para poder observa la evolución del genero cómic en la gran pantalla.