Crítica: Así pasa cuando sucede.

Mamá, ¡él estuvo nominado al premio nobel!… Boris, cariño,  ¿Fue para  mejor película verdad?…

Woody Allen es un director que no necesita una presentación, pues posee una solida reputación en el medio cinematográfico. Tiene infinidad de seguidores y una cada vez mayor cantidad de detractores, quienes preferirían que el realizador se retire ya del  cine y mantenga la imagen que ha construido en base a varios de sus filmes, que se han consolidado ya como clásicos dentro del panorama cinematográfico.

Una de las principales críticas que ha recibido Allen desde el principio de su carrera es precisamente el querer ofrecer un lado sumamente intelectual,  cargado de acidez, pesimismo y un desesperante pero enriquecedor nerviosismo. No es necesario mencionar que su trayectoria tuvo su inició en la comedia, género en el cual cosechó gran éxito, basta citar la aclamada y ahora paradigmática “Annie Hall”, película revolucionaria que muestra claros signos de un estilo definido y una latente genialidad.

Pronto el nervioso director busca expandir sus horizontes y entrega una película de una increíble fuerza y  similar belleza estética, y  que además posee  del espíritu de su creador, me refiero a; Manhattan.

Con el paso del tiempo Allen ha buscado mantener el balance entre lo comercial y lo artístico, aunque desafortunadamente no ha tenido demasiado éxito, basta ver lo intrascendente que fue “Vicky, Cristina, Barcelona” y lo olvidada y desdeñada que ha estado su obra en todo el continente americano. Es en este panorama de olvido y desinterés que nos llega a México; “Whateaver Works” o como aquí le pusieron ridículamente; “Así pasa cuando sucede”. Vale la pena destacar que la obra nos llega dos años después de su estreno y con una distribución sumamente limitada.

El principio de la película puede no lucir prometedor, incluso pareciese desganado, hecho a la ligera, sin trascendencia. Quizás desde el arranque la película se antoja poco prometedora, pero pronto comienzan la sorpresas y a los pocos minutos somos testigos de recursos claves en el lenguaje clásico de Allen. Nos encontramos con la historia de Boris quien con toda la calma nos la cuenta directamente, ignorando la cuarta pared y el eje óptico y de acción. Estos recursos son recurrentes en  la filmografía de Woody Allen.

Nos encontramos entonces con un protagonista típico de este director, es decir sumamente humanizado, lleno de defectos, desesperante, con una gran arrogancia y una inteligencia que destila grandes cantidades de sarcasmo, además de la recurrente hipocondría y la siempre bien recibida burla intelectual.

Se nos ofrece una comedia sumamente dura que incluso podría catalogarse de denigrante, pues las actitudes del personaje parecen hacerlo repulsivo  y poco agradable, pero es precisamente su forma de ser la que le otorga fuerza  a la historia y la hace funcionar. Este humor inteligente se ve fortalecido por un contrapeso, desempeñado por una sumamente correcta y admirable Evan Rachel Wood, quien demuestra grandes dotes para la comedia.

Los dos personajes son fuerzas contrarias que en su afán de complementarse dan lugar a situaciones sumamente peculiares, pero que carecen de trascendencia, ya que la trama es por obvias razones predecible y se limita a llevarnos por un paisaje ya conocido, salpicado por momentos de increíble genialidad, pero inconexos y concluidos apresuradamente.

Se trata sin duda alguna de una película con una gran fuerza, sumamente acida y con una comedia dura y sagaz. Son sus virtudes también sus peores armas pues “Así pasa cuando sucede” no es el tipo de películas que el gran público prefiere.

Woody Allen nos ofrece un guiño hacia el pasado, hacia esa genialidad que la gente ha olvidado y que aun sigue ahí. Estamos ante una historia que el ya ha realizado e incluso protagonizado, esta vez recurre a un alter ego y tristemente para fines financieros, se olvida de que la verdad suele incomodar y más del modo en el que él suele decirla.