Crítica: El Árbol de la Vida

Jessica Chastain y Brad Pitt protagonistas de El Árbol de la Vida

La película se puede considerar un triunfo del cine de arte o un ladrillo para el público que inocentemente asiste a las salas de cine para buscar entretenimiento. De nuevo tenemos un filme que polariza la opinión entre el público asistente  y los eruditos del cine  que galardonan la producción con la Palma de Oro en el Festival de Cannes 2011 y amenazan con ser contendiente en la próxima entrega de los Premios Óscar.

Con tan sólo cinco largometrajes en su carrera, el escritor / director Terrence Malick pinta su raya como un artista que realiza películas por «amor al arte» y no como oficio para obtener millones de dólares.  Su más reciente obra es extremadamente ambiciosa en escala al pretender interpretar , nada menos , que la relación de Dios con su creación.

La historia se centra en una familia en la década de 1950 en Texas, en especial Jack (Hunter McCracken), el mayor de tres hijos, y su cuestionamiento del sentido de la vida. Desde el inicio la madre de  Jack (Jessica Chastain) nos indica dos caminos que podemos elegir en nuestra existencia. El padre de Jack (Brad Pitt) representa la «naturaleza», con una confianza, dominio, y extremado sentido de supervivencia; mientras que ella representa «lo divino», una presencia suave y acogedora que se mantiene firme  a los problemas que la acechan ( aún como la abnegada esposa) . Hasta ahí todo suena como el típico drama , sólo que Malick decide salirse de lo convencional para abarcar el universo entero, con una secuencia que muestra la formación de nuestro sistema solar, los orígenes de la vida y la súbita extinción de los dinosaurios, es particularmente impresionante y sirve para ver con otra perspectiva nuestras aparentemente insignificantes vidas, sólo que no es la película por la que muchos de ustedes estarían dispuestos a seguir durante 139 minutos.

La producción se siente extensa por la cantidad de tiempo que duran las escenas sin que algo trascendente suceda, es un constante observar la naturaleza que rodea a los personajes,  sin embargo , eso no es del todo negativo ya que la fotografía del mexicano Emmanuel Lubezki es un festín para nuestros ojos. El poco diálogo que existe da paso a secuencias visuales de extremada belleza, sólo que a cambio el ritmo de la historia se pierde al brincar constantemente entre el pasado y el presente, hay ocasiones que no sabemos en donde nos ubicamos y parece que alguien le cambio al canal, porque en un momento estamos viendo una madre llorar y de repente una escena de «Parque Jurásico». Es por eso que la cinta es digna de que los estudiosos del cine analicen constantemente tanto mensaje que puedan encontrar, lo que sería tan sencillo de solucionar si es que en el lanzamiento del DVD exista la función de comentario del director para aclararnos que es lo que estaba en su cabeza para contar una trama tan sencilla con tan peculiar complicado estilo.

Existen momentos cautivantes con las ideas que plantean los personajes, desde el sentimiento de abandono y confusión ante las circunstancias de la vida, los pensamientos de Jack ante un mundo que cambia frente a sus ojos y el principal logro de trasmitir la permanente presencia de Dios en nuestras vidas mediante fastuosos ejemplos de belleza en su creación.  Sólo que todo lo anterior no es evidente al instante, es necesario razonar cada decisión que toma Malick aún días después de ver la película y no creo que la mayoría tenga la paciencia necesaria para valorar el perpetuo mensaje presente a lo largo del filme.

«El Árbol de la Vida» no es para todos, se requiere afinidad a los dilemas que se plantean para lograr una conexión con la audiencia. Pretende abarcar tanto que simplemente al final te deja exhausto y ya sólo quieres que termine. En lo personal, no puedo decir que fue de mi completo agrado. Hubiera querido que fuera más conciso en su mensaje, sin tantas escenas en donde te puedes parar de tu asiento, ir a tú casa y regresar sin que nada hubiera sucedido. Es por eso que es importante que valoren lo que están a punto de ver y que sepan que el estilo de filmación no es de lo que estamos acostumbrados, esto es otra categoría de cine que no busca la aprobación en taquilla, si no compartir la visión personal de Terrence Malick de lo que el considera «vida».