Crítica: El Cisne Negro

Natalie Portman protagoniza El Cisne Negro

La película comienza con una escena en donde la cámara sigue a una bella bailarina de ballet interpretando «El Lago de los Cisnes», sin considerar que el público se pueda ver afectado por la cantidad de vueltas que la dama realiza, no es si no la belleza e intensidad lo que inmediatamente me cautiva. El rostro de la actriz Natalie Portman se convierte en el medio por el cual somos capaces de comprender las emociones de un arte que no vemos todos los días.  De repente resulta ser todo un sueño y de ahí en adelante es un calvario porque la película resulta ser melodramática hasta el tuétano.

El director Darren Aronofsky logra la difícil tarea de enseñarnos los efectos de la obsesión de Nina mediante la alegoría del cisne negro. Para lograr el objetivo el guión es una constante organización de momentos donde se nos recuerda en la dualidad que requiere la bailarina para alcanzar la perfección, muchas de las escenas contienen personajes que son estereotipos del ambiente artístico:  la compañera celosa, el maestro deseoso de algo más que la obra, la veterana que no acepta el cambio,  es entonces donde sabiamente Aronofsky toma el control para sólo enfocarse en el perfil psicológico de su protagonista. Es por eso que Portman resulta ser fundamental que nos haya vendido la idea de ser toda una profesional del ballet y para colmo algo no tan cuerda. No existe duda de lo justo que fue su reconocimiento con un Oscar.

La cinta lleva un ritmo lento que va en aumento conforme los minutos transcurren. Es en la mitad donde me sentí asfixiado por constantes escenas de autodestrucción que no te dejan un buen sabor de boca y me hacen comprender el porque la ambivalencia tanto de la crítica como del público para juzgar la película. Dependiendo de como sea tu empatía hacia Nina te sentirás con deseos de bofetearla o hasta ignorarla por los constantes ataques de histeria que no tienen fin, por fortuna ya cuando estaba harto de tanta agonía es cuando inicia el frenético desenlace que nunca pensé que me iba a sorprender tanto como la primera escena.

Es así como me siento insatisfecho con esta producción que ofrece claroscuros cada cinco minutos: por un lado la majestuosa interpretación del lago de los cisnes y por el otro el drama desgarrador que te hace huir de la sala de cine. Se que lo que escribo va a diferir con quienes creen que en el todo es una excelente propuesta digna de reconocimiento y tampoco puedo ignorar la calidad de la producción, en especial la exquisita fotografía.