Crítica El Enviado

Imagen de un niño caminando en la oscuridad en la película El Enviado

Esta película es escrita y dirigida por Darren Lynn Bousman, quien recordarán como el culpable del éxito de Saw II y el causante de la excesiva cantidad de secuelas al lograr con algo de lógica la continuidad de la misión de Jigsaw, hasta su retirada de la saga con Saw IV y con ello el declive de todo lo referente al asesino en serie.

Ahora el tema a tratar es una serie de números que invaden constantemente en la vida del escritor Joseph Crone (Timothy Gibbs), hasta descubrir que se acerca el 11 de noviembre de 2011 ó 11-11-11 y el inminente peligro de que cualquier cosa malvada puede ocurrir. Para hacerlo más emocionante existen subtítulos con sonido propio robado de los rechazos de «La ley y el orden» que implica el terror de tal fecha. Todo muy aterrorizante.

Lejos del tema profético o la introducción de los sobre utilizados demonios, lo más agobiante en la lentitud con la que la película llega a desenvolverse. En el pasado he reclamado la falta de atención en los personajes para que la acción tenga importancia, pero aquí no sólo abusa , hasta se ve claramente que no existe demasiado material para soportar los 90 minutos de duración. Lo peor es que todo el tedio que tuvimos que soportar lo apuesta en una impactante revelación final que resulta ser como un previo a una secuela que nunca veremos y hasta una justificación para aplaudir el ingenio de habernos engañado durante la mayoría del tiempo.

Aquí lo más difícil con lo que tuvo que trabajar  Bousman es el ritmo de la historia. El hacer una cinta de suspenso o de terror involucra el aumento constante de emociones, por lo tanto puedes desbordar tu imaginación para espantar  la audiencia como se te plazca. El problema es que utiliza los mismo trucos del hombre en las tinieblas acechando al escritor Crone y los fastidiosos números una y otra vez que son más una molestia que una muestra de ingenio. Entre los aquellos momentos en donde se aparece el «Lonje Moco» tenemos incesantes diálogos sobre la existencia de Dios y el rol de la religión, muy interesante si no fuera que la profundidad del asunto no sale del constante reclamo de creer en lo intangible.

Después de  también soportar la presencia de personajes secundarios actuando como viejos locos con excelente inglés en la ciudad catalana de Barcelona, llega el momento esperado con el 11-11-11 para soltar una versión de demonios con malos maquillistas en lo que puede ser una de las secuencias más ridículas del año, que en vez de causar temor, son fuente de risas de lo torpe que resulta ver gente con máscaras de plástico haciendo sacrificios humanos en medio de la densa neblina.  Es en ese momento donde por fin se nos da a conocer el gran plan que en manos de otro director hubiera funcionado mejor, y que debo de reconocer que resulta tener algo de ingenio tantas supuestas pistas sobre la naturaleza de los eventos paranormales.

Aún así, el resultado no es del todo positivo. Se tarda mucho en llegar al grano, casi más de la mitad de la película para poder ser remotamente interesante, termina en un carnaval para luego pretender ser inteligente en su desenlace que parece más una avance de una secuela que de seguro va ser 12-12-12. Sinceramente no vale la pena.