Crítica: El Libro de los Secretos

En el futuro la civilización se a colapsado y un hombre llamado Eli (Denzel Washington) se la pasa todo el tiempo caminando rumbo al oeste de los Estados Unidos. En su recorrido no existe persona alguna en quien confiar, es todos contra todos, por eso cuando una pandilla de asaltantes decide robarle, Eli usa su carisma y un machete para aniquilar a todos.

Denzel Washington se brinca la barda con su actitud, es un espectáculo ver como despacha a los malos hasta con la mirada, me siento mal por decirlo, pero es divertido ver las escenas de sangre y descuartizadera de cuerpos.

¿Pero que hay de la trama?

Digamos que los creadores de la película tienen un punto de opinión sobre el papel de la religión en la sociedad. El poder que tiene la fe para crear y destruir una civilización es evidente en las motivaciones de los protagonistas.

Carnegie (Gary Oldman) es un hombre hambriento de poder, conocedor del la trascendencia espiritual que tienen las palabras escritas en la Biblia. Manda a sus achichincles (subordinados) a buscar posiblemente el último libro existente después de la gran catástrofe. Por el momento se conforma con el caciquismo de un pueblo abandonado en medio del desierto, aterrorizando a sus dos bellas damas y gobernando a un grupo de idiotas que quien sabe porque lo siguen (quizás porque sabe leer). Entonces llega Eli con su libro tan buscado y no le importa nada para obtenerlo.

No podía faltar el talento femenino con la preciosa Mila Kunis que la hace de acompañante inexperto en las aventura de Eli. No molesta , ni aturde su ignorancia, pero es al final cuando se la cree de alma guerrera cuando me emocionan las posibilidades de verla en una película de acción.

El ritmo de la «El libro de los secretos» es sereno, sin prisas. Puede que algunos les fastidie durar cinco minutos en cruzar una bahía, pero va con el estilo de los directores . Aún con sus momentos tranquilos donde admiramos los escenarios desoladores, el filme logra mantener nuestra atención. El motivo fue que los directores en los primeros minutos fueron exitosos en que el público simpatice con Eli, algo que se les esta olvidando a la mayoría que llegando nos zangolotean con acción y monos que ni conocemos volando por explosiones.

Lo que en un principio pudo haber sido novedoso el ver un mundo en ruinas, ahora se ha vuelto común en este tipo de cintas apocalípticas: puro sol, arena y no mar, sólo muerte y destrucción con las típicas tonalidades de colores grises en todas las escenas.

Tengo dudas si la película será exitosa con la mayor parte del público adolescente deseoso de adrenalina esperando explosiones cada cinco minutos. Aún haciendo un acto de equilibrio entre sermón y acción , el primero es quien gana, por lo que no se que tan deseosos estén de clases de teología. Esto último me lleva al final de la cinta donde vemos si el asesinato de personas (aún en defensa propia) justifica la fe. Porque Eli es un misterio hasta el final cuando se revela su naturaleza inspiradora, la fuente de su fortaleza y sus múltiples escapatorias de la muerte.

Pues ahí tienen una propuesta aceptable para estos fríos días de invierno en el norte y de calor intenso en el hemisferio sur.