Crítica: Gato con Botas

Gato con Botas

Después de Shrek y el Burro, sigue el Gato.

Con tantas secuelas del ogro que exprimieron los bolsillos de la gente, fue prácticamente imposible que por fin el Gato con Botas tenga su merecido rol protagónico en su propia película. Se podría decir que era inevitable pasar desapercibido el éxito que ha tenido el personaje interpretado con la voz de Antonio Banderas.

El reto de los guionistas Brian Lynch, David H. Steinberg, Jon Zack, y Tom Wheeler, fue hacerle justicia a la simpatía que tiene el gato, no sólo con un estupendo trabajo de animación en 3-D, si no con una historia capaz de sostener la atención del público. Sin ser un guión fuera de este mundo, pero si con audacia para enfocarse en las cualidades positivas del felino, es como hacen que la película no sea otra del montón de estrenos. Desde el principio se nos da un ejemplo del carisma que tiene el Gato con botas con  un monólogo sobre su gran legado y quien lo culpa, si es por su capacidad de ser un presumido «Don Juan» lo que lo hace tener fanáticos.

Sin romperse mucho la cabeza, la historia es una mescolanza de elementos de cuentos clásicos que involucra frijoles mágicos, huevos de oro y hasta un romance con Kitty Patitas Suaves. Así es que tenemos una fórmula muy parecida a la de “Shrek”, con personajes extraídos de otras fábulas conviviendo en una versión barata de alguna villa española. La diferencia, está en que es divertida por tener la figura central un carisma que traspasa las limitaciones de su voz, además de contar con un humor para padres e hijos, también los escritores evitan sabiamente cualquier tipo de referencias a la cultura pop que tanto hundieron a la saga del ogro en sus últimas cintas. En cambio, el humor es impulsado por las interacciones de los personajes, con algunos de los mejores chistes que viene simplemente del hecho de que estamos tratando con gatos. Aún desconozco porque no existe algún comercial de Whiskas que se aproveche de la oportunidad.

Estoy sorprendido de la mesurada actuación de Salma Hayek para interpretar a Kitty, transmite seguridad y feminidad en lo que pudo ser otro derroche de sensualidad al extremo que tanto la caracteriza. Eso no es nada malo, pero en ocasiones se pasa y llega a verse extremadamente empalagosa. Otro punto a favor es la familiaridad que existe entre ella y Balderas que ayuda demasiado al momento de intercambiar diálogos que en otras bocas no harían taparnos los oídos de tan falsos que se escucharían.

No hay que olvidar al rechazo de los «Huevocartoons» llamado Humpty Alexander Dumpty, quien tiene un pasado en común con el Gato y es el cerebro de la operación para robar los frijoles mágicos que están en poder de los malandros Jack y Jill (nada que ver con Adam Sandler). No será fuente de muchas risas, pero si el culpable de ser quien haga que la trama funcione, (hasta con su ridículo final que involucra una terrible bestia azotando el pueblo de San Ricardo) además de tener un complicado pasado que requiere de varias sesiones de terapia con el psicólogo.

Después de todo la precuela funciona cuando se enfoca en el felino. La trama no es muy imaginativa, a veces los villanos son molestos y tiene un final visible desde el varias decenas de minutos atrás. Pero cuando el Gato está en el centro de atención, no deja de ser entretenido el pequeño chupacabras.