Crítica: Inmortales

Inmortales

Superman (Henry Cavill) tiene que vencer al malvado Ivan Vanko (Mickey Rourke), con la ayuda de las visiones proféticas patrocinadas por la chica de «¿Quién quiere ser Millonario? (Freida Pinto) y el entrenamiento guerrero de Mr. Ollivander (John Hurt). Todo esto traído para ustedes por los productores de «300», quienes están dispuestos a reescribir la mitología griega una película a la vez.

Entonces no necesitan saber que involucra grandes masacres en los campos de batalla, con escenas estilizadas y con una ambientación extremadamente digital. Pero debo de considerar que el principal motivo por el que muchos de ustedes están dispuestos asistir al cine es simplemente por las escenas de acción. Y , ¿qué tal resultan? Pues a decir verdad, con excepción de un desenlace de al menos 20 minutos con hombres luchando en un pasillo que recuerda a un tren subterráneo, no existe mucho de originalidad o de importancia. Resulta más efectiva la película en las crueles escenas del villano torturando gente y el impacto de ver a Zeus (Luke Evans) castigar a uno de sus hijos, que cualquier gran batalla.

Es lamentable que contando con la asistencia de actores reconocidos el libreto de Charley Parlapanides y Vlas Parlapanides no pueda ni tan siquiera emitir dialogos decentes para evitar que nuestro héroe Teseo (Henry Cavill) haga el ridículo mientras solicita la asistencia de los guerreros para derrotar a los invasores. Los personajes son tan acartonados que hubiera sido mejor como en los videojuegos de Zelda donde nadie habla y toda la trama la tenemos que leer en la pantalla. Hasta el grandioso Mickey Rourke esta destinado a mejor expresarse a través de despiadados actos en donde llega ha rostizar a gente sólo porque odia a los dioses que no escucharon su suplicas y ahora va en busca del arma capaz de liberar a los Titanes que pueden destruirlos.
Pero si en el guión tiene sus fallas, no puedo negar que indudablemente es una bella producción con escenarios digitales que sólo pueden ser concebidos en una computadora y que no le restan lo atractivo que resultan a nuestros ojos la aldea en medio de un acantilado, los templos y hasta la prisión de los titanes que se encuentra adentro de una montaña. Es entonces donde se puede dar uno cuenta que la propuesta visual del director Tarsem Singh (conocido mejor por la cinta «La Célula») es lo que hace amena la producción.

Las actuaciones tampoco están del todo mal. El principal atractivo para ver la película es el actor Henry Cavill desarrollarse en el genero de acción para ver si tiene las cualidades necesarias para su personaje como el hombre de acero. Por el momento es aceptable en las escenas de acción que requieren esfuerzo físico, haciéndonos creer sus grandes habilidades en la lucha y la espada, hasta resulta interesante en aquellos obligados momentos íntimos con la bella Freida Pinto quien siempre merece nuestra valiosa atención

El malévolo Rey Hyperion interpretado por Mickey Rourke, hace más acto de presencia que cualquier intento por sobrepasar la pantalla con sentimientos o ideas más allá de la venganza. Su poder radica en impactarnos con su actos antes que cualquier lógica por destruir a los ineptos dioses.

Y hablando de ellos, resultan tener menor presencia a la que el título de la película sugiere, sólo se dedican a estar en un gran balcón observándonos como cucarachas a las que sólo hay que ignorar por un sentimiento de ego que les impide actuar en los asuntos humanos. Uno se la pasa esperando a sus deidades para que realicen algo asombroso o que por lo menos aparezca, pero sólo son utilizados en una batalla final y su presencia resulta ser un gran desperdicio.