Crítica: Kung Fu Panda 2

No encontraba motivo alguno para que existiera una secuela, es más , ni podía imaginarme de que los productores eran capaces de crear algo remotamente entretenido que justificara una segunda parte más allá del aspecto económico.  Para mi fortuna y la de todos los fanáticos del oso panda, no sólo logra avanzar sobre la historia establecida en la primera parte si no hasta es mucho mejor que su predecesora.

La trama no tiene mucho de original, ni el guión es un ejemplo de complejidad narrativa para que los «peques» se pierdan en un laberinto de eventos incomprensibles. Es la simple historia de los orígenes de nuestro protagonista al ser evidente que un  ganso no puede ser el padre biológico de un oso, y que risa me causo que Tigresa se burlara de lo obvio que es el asunto. Pero como requisito debe de existir un villano algo peculiar al tratarse de un pavo real,  con un arma capaz de amenazar el arte del Kung Fu y por supuesto que dominar China ( al menos es conformista). Por mi parte extrañe que el maestro Shifu estuviera más involucrado, atrás quedaron las risas de los entrenamientos y la búsqueda de aprobación de los Cinco Furiosos, en verdad que es una secuela que no requiere de las mismas formulas.

Es en los personajes donde radica la fortaleza de la producción. Existe una escena al principio de la cinta con el maestro Shifu educando a nuestro ya establecido «Guerrero Dragón» sobre la paz interior. que hasta los pelos de la piel se te erizan. Esa fue la primera advertencia de que ya no estaba viendo un producto más de mercadotecnia (hasta cierto punto siempre lo será) , si no un trabajo de artistas que buscan transmitir emociones a un público ávido de salir de la sala de cine con una sonrisa en el rostro. Si acaso tiene un segundo acto algo repetitivo por la necesidad de rellenar la duración de la cinta con peleas, persecuciones y explosiones, es en los últimos quince minutos cuando  la promesa de ver algo maravilloso se hace realidad. El desenlace me deja más que satisfecho y hasta con la ansias de ver la tercera parte.

La dirección de la desconocida Jennifer Yuh (ahora ya no tanto) es increíble. Las tomas de cámara siempre son dinámicas, en constante movimiento, y lo mejor es que no te pierdes detalles de la acción. Todavía en un acto de soberbia en las escenas que nos ayudan a observar el pasado de Po,  se utilizan técnicas de animación tradicional tan bellamente ilustradas que hacen ver el arte digital como una elección de estilo y no una forma económica de realizar películas animadas.

Algo que es notable es que Po no resulta ser tan hiperactivo como en la primera parte, claro que tiene sus momentos, pero no son gritos desesperados para llamar la atención. En pocas palabras se vuelve más digerible y lo increíble es que llegan a ver momentos sentimentales melodramáticos que funcionan, casi al grado de ser extra sacaroso. Nunca pensé que un ganso pueda ser capaz de interpretar las angustias de un padre por el bienestar de su hijo.