Crítica: Loco por Ella

Está comedia romántica es medianamente entretenida gracias a las mesuradas actuaciones de sus protagonistas. Sin exagerar, logran cautivar al momento de enfrentarse a un problema nada peculiar, aún cuando el resto de la trama sigue la misma fórmula que sus predecesoras.

A Jason Bateman se le debe de agradecer la interpretación de una persona neurótica llamada Wally, quien irremediablemente se enamora de su mejor amiga Kassie (Jennifer Aniston). Al final es a él quien seguimos durante una buen rato de la cinta, aún cuando la que presenta el conflicto es ella. Lo que sucede es que ya se le esta acabando el tiempo y la chica desea tener un hijo, por lo que cansada de buscar pareja, mejor decide localizar esperma para realizarse una inseminación artificial. De nuevo tenemos otra cinta con la misma temática, como lo fue The Back-up Plan con Jennifer López.  Lo que la hace diferente es el pequeño detalle de la identidad del padre.

Los inconvenientes comienzan cuando se nos vende la idea de que será una experiencia cómica, cuando en realidad no lo es. Todo funciona más como drama, con algunas situaciones ligeras gracias a Leonard (Jeff Goldblum) y hasta el niño actor que resulta del embrollo, pero lejos de eso no existen carcajadas o locuras fuera de serie. Es más, el guión se toma muy en serio el asunto de madre soltera y los problemas que va a tener el niño al saber que es producto de una inseminación artificial, sólo que se comete el error de estar envuelto en situaciones por más desgastadas.

Hay momentos en donde uno comienza a ver el reloj por la lentitud de la cinta a resolver su dilema. Vemos como Kassie se la pasa distrayéndose con un tipo, del cual sabemos que no va a ningún lado, y por el otro a Wally y el niño Sebastián (Thomas Robinson) haciendo cosas cotidianas. No es hasta los últimos diez minutos cuando por fin tenemos una conclusión de lo más prevista desde el inicio.

Es por eso que lejos de las actuaciones y uno que otro momento meloso (pero sincero), la película no encuentra el ritmo necesario para ir al grano y se pierde en escenas de relleno.