Crítica: Piratas del Caribe: En Mareas Misteriosas

Apenas el capitán Jack Sparrow salió librado de su última película con un poco de dignidad y sólo porque logró recaudar más dinero de lo normal. La productora Disney de nuevo realiza otra secuela sin el presupuesto necesario pensando que no va ha ser tan exitosa que las anteriores, pero al menos esperando algo de utilidad. Y ahí va uno a ver la saga, esperando un producto a la par que los anteriores y encontrándose con una película más pirata de lo que debió ser.

Esta es una versión diluida que con los pocos elementos restantes apenas uno puede darse cuenta que es parte de la misma saga, agradezco que la incesante banda sonora me haya recordado que se trata del mismo mundo que conocimos años atrás, en donde existen gran variedad de personajes y un pirata peculiar trataba de sobrevivir las continuas persecuciones políticas por parte de la corona inglesa. Esta última parte al menos no ha cambiado y han sido congruentes en continuar las aventuras en la búsqueda del agua de la vida, pero el resto parece que ocurrió una catástrofe y sólo unos cuantos han sobrevivido.

Johnny Depp en exceso es perjudicial para la salud, será un personaje icónico que de su sorprendente imaginación haya regalado al mundo momentos increíbles, pero no puede sólo. Todo el show sobre sus hombros se vuelve tedioso, más en esta ocasión cuando no existen otros personajes capaces de mantener nuestra atención, lo peor es que el elenco restante como el Sr. Gibbs (Kevin McNally) o el capitán Barbossa (Geoffrey Rush) se ven debilitados sin sus fieles acompañantes. Las nuevas adiciones como el capitán Barbanegra (Ian McShane) y su talentosa (todavía torpe para expresarse en inglés) hija estelarizada por Penélope Cruz, no ofrecen la alegría necesaria para hacer de esta nueva aventura una tarde agradable, se han encargado de ofrecernos momentos de tensión en donde Jack Sparrow solo mueve la ceja de desaprobación y un poco de horror ante lo que sucede. No es necesario que la cinta se convierta en un drama, sin embargo al director Rob Marshall se le sale de las manos como si el salero se le hubiera caído a la sopa con tal tipo de escenas

Es ahora cuando se siente la ausencia de Keira Knightley y hasta de Orlando Bloom en el departamento de amores imposibles. Los novatos no son capaces de producir ni el más mínimo interés por su dilema, la radiación de un móvil provoca más efectos que ver a ese par en pantalla declarándose eterno amor. El misionero Philip Swift (Sam Claflin) es una cara perpetua de calamidad y su exótica pareja de Syrena (Astrid Berges-Frisbey) no puede derramar una lágrima sin que parezca una abominación de los efectos del botox. Ni el otro disque amor entre Jack y Angélica logra despegar porque existe demasiado jugueteo, es hasta el final cuando le ponen todos los kilos los actores para evitar, sin mucho éxito, parecer hermanos en constante pelea.

La trama consiste en lograr reunir los objetos necesarios para poder tomar el agua de la vida y todavía cuando logras la gran hazaña, tienes que realizar todo un tramite burocrático para saber quien da quien en años. Nada nuevo para esta saga que tiene a sus personajes en un ir y venir que a veces confunde al mentir con demasiada frecuencia.

Los últimos minutos con el Sr. Gibbs y Jack caminando en la playa, riéndose de su victoria, me despertaron de una pesadilla y me hizo recordar de lo que debe de ser Piratas del Caribe. No biografías históricas con realeza demandando favores, juzgados o asesinos en serie disfrazados con barbas o parches; es entretenimiento y como tal debo de estar feliz por seguir a Jack en sus aventuras y no arrepentirme del viaje.

Trailer Piratas del Caribe: En Mareas Misteriosas