Crítica – Sucker Punch: Mundo Surreal

Protagonistas de Sucker Punch

El término «eyecandy» no tiene traducción literal al castellano. Se puede definir como algo extremadamente atractivo visualmente, pero con una gran falta de contenido. Asi se le puede catalogar a «Sucker Punch».

Con un montaje hiperáctivo es como conocemos a Baby Doll (Emily Browning) tratando de sobrevivir a una escena impactante de violencia intrafamiliar. Sin ningún diálogo pero con un alto contenido visual es como la primera escena pretende cautivar al público y así poder seguir a nuestra protagonista en lo que se puede considerar el infierno de estar encerrada en un manicomio. Lo que no sabía era que ese tipo de momentos serían constantes a lo largo del filme.

Conforme pasan los minutos me doy cuenta que la película pretende sustituir los sentimientos de los personajes através del impacto visual. No existe un momento en donde vemos a Baby Doll transmitir sus pensamientos, emociones y deseos; su personaje se vuelve en un ser inmutable hasta que comienza a fantasiar y aún en esos mundos subrreales sólo sobresale la personalidad de una luchadora incanzable de videojuego a la que el control remoto le ordena realizar los movimientos. Como herramienta para mantenernos atento a la realidad, nos vemos expuestos a acciones brutales de los cuales nos dura el impacto por segundos porque que carecen de transcendencia. No existe ningún sólo personaje que valga la pena, es sólo un grupo de muchachas sin personalidad las cuales con breves diálogos debemos de sentir simpatía. El libreto está más preocupado en establecer el camino para el próximo viaje a lo extraordinario, que se le olvidaron los motivos de porque las chicas están tan desesperadas por salir de su encierro.

Los mundos alternos son un festín para nuestros ojos. Sin duda la creatividad estaba enfocada a estimular los sentidos y fantasías de cualquier puberto que se emociona por ver a una chica surcar los aires sin que la gravedad surta efecto. Los vestuarios, peinados y diseños del mundo surreal son el gran acierto de la producción, te puedes pasar horas admirando los asombrosos escenarios creados por la imaginación. El problema está en que el mundo real no resulta tan agraciado. Las escenas de acción a las que somos expuestos cada vez que Baby Doll se le va el avión, son como cubetazos de agua fría a lo que sucede en el mundo real, es tal el contraste que te hace desear que nunca volvamos al manicomio.

El  clímax es un desorden de situaciones a tal grado que el director Zack Snyder perdió por completo el control. En un momento crucial donde se supone que se debe de realizar un gran sacrificio, se vuelve como en un se me olvido algo y ahora regreso. Todo resulta tan destartalado que sólo puedes valorar algunos momentos de belleza visual, que para colmo hasta abusa al ser más de la mitad del contenido donde debemos creer que algo importante esta sucediendo.