Crítica: The Karate Kid

Jackie Chan y Jaden Smith protagoniza The Karate Kid

Es impensable remplazar el Sensei Miyagi, o la legendaria «Patada de Grulla» surcar por los aires en ese momento crucial del clímax. Entonces, alguien se le ocurrió hacer un refrito de aquel clásico del cine con diferentes actores y circunstancias que sólo se asemejan con tal de ponerle la marca registrada de Karate Kid, que por cierto no existe nada de dicho arte marcial. El resultado es un híbrido mutante que para sorpresa de los escépticos cumple su objetivo de entretener y ser un adecuado homenaje a lo que fue pero que nunca alcanza a sobrepasar las emociones de la versión original.

La trama ha sido alterada como si se tratara de una serie criminal en donde hay que proteger identidades y locaciones. Es por eso que tenemos el triunfal regreso de Jackie Chan y Jaden Smith intentando llenar unos zapatos muy grandes para sus capacidades, lo único que tiene de relación con el resto de la serie es el patrón de eventos: al niño lo golpean, el nuevo Miyagi lo entrena para un torneo de Kung Fu (¿?), se enamora y gana.

Lo interesante es que el guión en la boca de los actores es muy sincero, no pretende apantallar y en momentos reconoce que no podrá alcanzar las alturas de la versión original, quizás en una segunda parte sea cuando demuestre la razón de existir de esta versión. Entonces todo esta hecho para adaptar a las capacidades de los personajes, es por eso que las escenas de acción de Kung Fu ciertamente son más adecuadas a Jackie Chan y son más llamativas en estos tiempos que el Karate, al grado que hasta las peleas de los niños son adecuadamente coreografiadas y entretenidas. También en vez de tener al típico ser bonachón de Chan haciendo acrobacias tratando de ser gracioso, tenemos una versión serena, humilde y mesurada que logra credibilidad a la trama.

Hay que reconocer que hasta Jaden Smith contribuye con su heredada cantidad de carisma y que no del todo le pesa la sombra de su padre. El trabajo físico que debió de haber llevado a cabo no pudo haber sido fácil. Hasta su hiperactividad resulta una agradable contribución al ser un contrapeso para el personaje serio del Sr. Han. Si acaso se demuestra su inexperiencia es en las forzadas escenas de amor infantil que tiene que ser sujeto el personaje y que pues lógico que no da más que para tocarse las manos y sonreír. Es ahí donde vemos que la receta de la versión original es impuesta sin importar las nuevas reglas que se tratan de imponer.

El cambio de locación de California a Beijing ciertamente ayuda a crear esa intranquilidad de ser un extraño en exóticas tierras, si acaso se les paso la mano con la imagen del país asiático perfecto que hasta Maestro Limpio se sentiría orgulloso. Es en mostrar esta versión sacarosa de China donde comienza uno a sentir la duración de la película y en donde se debió haber editado momentos que no contribuyen a la historia. Sospecho que esa era la condición para dejarlos filmar o regresarle el pasaporte al director Harald Zwart.

Es una agradable película que aún siguiendo casi al pie de la letra a su antecesora, demuestra que tiene algo de original para mantenernos entretenidos durante su larga duración.