Crítica: Saga Crepúsculo – Twilight

Bella y Edward en Crepúsculo

Hace un año no me deje llevar por la mercadotecnia que fue el fenómeno de Meyer y es hasta ahora me he atrevido a ver Twilight en vísperas del estreno más importante de fin de año.

Respeto al público mayormente femenino que adora la serie de libros y no pretendo ofender sus gustos con mi siguiente crítica, ni con el posterior análisis de su inevitable secuela. No he leído ninguno sólo de los libros , ni pretendo hacerlo en un futuro con fines comparativos por lo que puedo opinar por la cinta y no por la obra literaria.

Bella Swan (Kristen Stewart) se ve obligada a mudarse de la soleada ciudad de Phoenix, Arizona hasta el lluvioso pueblo de Forks, Washington con el fin de vivir con su padre, al quien no ha visto en varios años debido al divorcio de sus padres. Es en una de esas aburridas clases de biología conoce a Edward Cullen (Robert Pattinson) e inmediatamente comienza a existir una atracción amorosa.

A partir de entonces somos victimas de constantes diálogos sobre el continuo dolor que padece Edward con su vida de vampiro y la incesante insistencia de Bella por querer estar a lado de él. Comprendo que en papel todo ha de haber sido emocionante, pero cuando escuchas las palabras por parte de dos actores que parecen que están haciendo las cosas a fuerzas, la magia no es como uno se la imagina. Decir que las complicaciones de su entorno son lo que les impiden estar juntos es ridículo por que aquí el que hace la vida imposible es Edward con su constante quejumbre del futuro sombrío que le depara a Bella .

La definición de vampiros a lo largo de la historia del cine a cambiado tanto que solo ha quedado su insaciable hambre por la sangre humana. Aquí tenemos una familia de vampiros de lo mas contemporánea, que vive en las colinas y que han establecido reglas de convivencia con los nativos conocedores del secreto de los Cullens.

Toda la trama importante se desarrolla con una lentitud al grado que los momentos románticos se vuelven una repetición constante de intercambios entre un de cazador con su comida. Desde poses eróticas en las alturas de los árboles y pinos frondosos de Washington , hasta una escena dentro de un restaurante, todo se vuelve en un te quiero comer pero no puedo porque te amo. Lo que hace tolerable la cinta es el ángulo del amor imposible y que se a perdido tanto últimamente. Es intrigante pensar en las consecuencias que un romance pueda traer para ambos mundos pero que no son explicados en este filme (quizá para la próxima ).

El final involucra la persecución de nuestra protagonista por parte de un trío de vampiros dedicado a cazar humanos en los alrededores del nido de amor de Bella. Es aquí donde vemos el primer intento de la autora por prolongar la historia y así continuar con la continua tortura de los personajes. Tan fácil como haber dejado que Bella se haya convertido en vampiro, pero no, Edward tiene que complicar su existencia y seguir sufriendo antojos. En el fondo todo es una gran novela de lo más cursi, con protagonistas deseosos de amor y espolvoreado de seres sobrenaturales. Quita los vampiros y tienes un incesante Edward que sufre depresión de su existencia y una Bella obsesionada al grado de ser enfermedad.