El Hobbit: La Batalla de los Cinco Ejércitos, y de un épico sinsabor

Con todo el espectáculo visual que representa ver miles de orcos, enanos, elfos, humanos, gigantes y sepa que más; uno creía que sería suficiente para salir satisfecho del cine, más no es así. Persiste un sinsabor ante lo que sucede en pantalla porque los personajes a los que hemos visto durante horas no lograron cautivarnos o interesarnos y por lo tanto las escenas épicas tan esperadas se empequeñecen más que un Hobbit.

Por lo general el desarrollo de los personajes se ve limitado por el tiempo de duración, pero es deprimente que en esta ocasión con tres secuelas con más de dos horas cada una no se haya podido hacer de sus protagonistas motivo de emoción o suspenso. No crean que voy a rostizar al director Peter Jackson o calificarlo de incompetente, porque pienso que fueron los retrasos en la producción causados por problemas económicos y al final el abandono por parte de Guillermo del Toro, lo que hicieron que esta trilogía sea inestable, fuera de enfoque y con decisiones cuestionables.

Smaug

Para empezar el abrupto final con Smaug a punto de destruir una aldea en la segunda parte me dejó con más coraje que con ganas de ver el desenlace, y creo que tuvieron que hacerlo ante la falta de dinero por los problemas económicos que padecía en esos instantes la casa productora. Eso es lo que quiero pensar, porque de lo contrario no encuentro sentido el iniciar con un clímax que se siente fuera de lugar y hasta decepcionante porque al menos que te hayas torturado en ver la segunda parte de nuevo, todo este drama de la aldea en llamas sale sobrando. Y hasta me extraña que esto viene del mismo Jackson que eliminó ciertas escenas con Saruman en ‘El Retorno del Rey’ porque supuestamente distraían de la trama principal.

Como una forma de compensar las deficiencias con los personajes, ahora sí tenemos un espectáculo visual a la par con la primera trilogía que quizás no será tan novedoso, pero al menos entretiene. Con vistas panorámicas repletas de enemigos hasta donde la colina digital nos permita ver, el sentimiento de nostalgia nos invade y hasta justifica por momentos la aventura de tantas horas. Aún cuando esto se vuelve como una comedia el que aparecen tantos ejércitos que hasta Gandalf se sorprende y reclamaría por plagio al filme de ‘Anchorman 2’ con su batalla épica entre reporteros, si no fuera que las obras literarias tienen ya sus décadas de existencia.

Erebor

Lo que no sorprenden son esas escenas entre tanta batalla donde mejor esperas que terminen pronto de hablar para dar paso a más acción. Ni yo mismo puedo creer lo que estoy escribiendo, pero es cierto. A estas alturas por más intentos que se hacen para que las escenas emocionales entre quienes se suponen son las víctimas de tanta inestabilidad, tengan algún impacto en mi como espectador, lo único que causan es que pida su remoción en alguna versión alterna, editada, resumida y mejorada.

Es triste que con una adecuada planeación no se haya logrado desarrollar la trama de quienes se supone son los que mueven la trama. El más dañado de todo fue el líder de los enanos Thorin (Richard Armitage) que en breves minutos tiene cambios de actitud que podría uno pensar que son hormonales. Ya cuando teníamos la ligera impresión de que rondaba en la liga de la villanía, unos minutos después con una escena lúdica su transformación es más instantánea que una aspirina frente a una jaqueca. Luego esas proclamaciones de amistad con Bilbo (Martin Freeman) y esos minutos finales cuando ciertos personajes hablan del gran hombre que fue Thorin; de verdad parece todo sacado de alguna otra versión desconocida, porque ese personaje no lo vi.

Enanos

Y aún con sus deficiencias, no puedo negar que visualmente la saga de ‘El Hobbit’ mantiene su calidad como una de las mejores interpretaciones del género de fantasía. Desde sus bellos paisajes, hasta los conceptos de un mundo como Tierra Media, si algo tiene el equipo de talento de WETA es su capacidad de hacer posible tanta criatura imaginable para la mente humana. Esas batallas con miles de pixeles luchando sin ninguna gota de sangre derramada, no dejan de sorprender y emocionar.

Es así como termina una trilogía innecesaria que debió de ser por mucho las dos películas que se habían planeado originalmente. Podrán haber tenido los creadores dificultades, pero lamentablemente no se pudo duplicar esa magia de la primera serie de películas que revolucionaron el género.