FICM 2013, entre lo sorprendente y lo rídiculo

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El festival más importante de México, según los expertos, llevó a cabo su onceava edición, un logro que hay que recalcar independientemente si te gusta dicho festival o no. Si bien había tenido la oportunidad de acudir en anteriores ediciones no fue sino hasta este año que se me presento una oportunidad de oro al poder acudir. Entre compañeros de la universidad, todos estudiantes de cine, nos pusimos la meta de organizar un viaje, ajeno a la propia escuela, y acudir al festival. La proeza se llevo a cabo y el viaje en si fue magnifico. El festival, no tanto.

Luego de un poco más de cinco horas de viaje, una distancia sensata para viajar en autobús, al llegar a la ciudad de Morelia, hermosa en todos los aspectos, nos pusimos en marcha a las diferentes sedes del festival solo para encontrarnos con la ridícula noticia de que no había funciones disponibles para ninguna película. Seguramente estén pensando lo mismo que un servidor y es que la noticia fue tan devastadora que muchos nos quisimos suicidar. Minutos después del comprensible shock psicológico en el que estábamos procedimos a relajarnos y a analizar la situación. ¿Era posible eso? No, había una equivocación. En realidad no era una equivocación sino una pésima organización. Lo explico.

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El festival tuvo la «brillante» idea de poner a la venta los boletos de las películas más prestigiosas por línea, es decir, podías comprar boletos desde tu computadora o medio virtual sin la necesidad de pararte en el cine. Esto se logra entender en el cine comercial y semanal pero es reprochable en este tipo de eventos. La mayoría del público, entre ellos muchos estudiantes, acuden a Morelia desde diferentes partes del país, incluso los propios michoacanos, oriundos de la sede del festival, acuden al evento para poder maravillarse y disfrutar de celebridades y de muchas películas que en la vida podrán ver en una sala de cine en lo que resta del año. El festival es pues una oportunidad única para que el público mexicano pueda apreciar películas premiadas en diversos festivales del mundo ya que normalmente, quitando la capital de nuestro país, es muy improbable que lleguen a sus respectivas ciudades de residencia. La emoción y corazón del festival es compartir con miles de personas una única sensación cinéfila de verdad al todos, en igualdad de condiciones, disfrutar las películas y convivir con actores y demás celebridades. La prensa es igual de importante, pero nunca superior al espectador. Ese fue el error fatal de Morelia.

Y es que en realidad no era que no hubiera boletos para ninguna función, sino que gran parte de las localidades estaba destinada a la prensa. Por ello cuando los miles de ilusos quisimos conseguir boletos nos encontramos con la noticia de que la prensa es primero y el público no importa, o al menos no importa tanto. Como era de esperarse, luego de un casi linchamiento a los encargados de cinépolis, se liberaron boletos para que el público pudiese disfrutar la mitad de los filmes en competencia. ¿En qué consistía esa famosa «liberación? Fácil, si los asientos encargados a la prensa no eran reclamados, o en su defecto eran cancelados, estos mismos serían destinados al público. Por ello cada hora se repetían filas interminables de personas que reclamaban un boleto. Y es que si después de hacer dos o tres horas de fila llagabas a la taquilla para pedir un boleto, a la función que fuera, te encontrabas con la nefasta noticia de que tenías que esperar otra hora o regresar en otro horario para ver si de casualidad se liberaba alguna función. Y si, te volvías a formar y así seguía el show infinito.

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Por fortuna, creo que muchos no la tuvieron, pudimos entrar a varias funciones luego de la desesperante espera bajo el sol y la lluvia michoacana. Sin embargo las películas más prestigiosas eran prácticamente imposible de ver, a tal grado que si pedías un boleto los encargados de la taquilla se reían. Pero bueno, no todo fue malo. Las conferencias de prensa y las estrellas invitadas tuvieron una agradable interacción con el público y eso se agradece. Pese a nuestra corta estadía, solo fuimos dos días, disfrutamos entre la camaradería y cine un festival que si desea convertirse en el mejor de México debe trabajar mucho más, no en traer películas premiadas, sino en facilitar al público una mejor accesibilidad a este tipo de eventos. A final de cuentas el cine es visto por millones de mexicanos entre los que más de la mitad son meros espectadores y no periodistas.

El FICM represento, en términos generales y en espera que finalice, una muy agradable experiencia para un servidor y creo que ofrece, pese a sus limitaciones y errada organización, una oportunidad única para acudir a un evento de proporciones internacionales en las cuales podrás, en su mayoría, apreciar buen cine. No por nada la cinta encargada de inaugurar el festival fue la obra maestra de Alfonso Cuarón, Gravedad. De igual manera el cine mexicano fue excelentemente representado por más de una decena de mexicanos que presentaron proyectos sumamente interesantes y que en lo que resta del año se estarán hablando de ellos. Si tienes la oportunidad, y resides en nuestro país, el festival de Morelia es un estupendo escaparate para que disfrutes con tu familia o amigos una experiencia única. No todo es tan malo, no se preocupen.