Francotirador, un vistazo al psique norteamericano

Durante el monólogo inicial de los últimos premios Oscar, Neil Patrick Harris enfatizaba que American Sniper había logrado recaudar la mitad de todos los ingresos de las siete películas nominadas. Tal hazaña es digna de reconocimiento, si no fuese por varios factores que no tienen que ver con la calidad de la película.

Se ha vuelto costumbre que en la última semana del año, un buen número de películas realicen su estreno con el fin de obtener nominaciones. Esta no fue la excepción, y durante más de un mes el filme paso desapercibido, los medios de comunicación ni en cuenta de su existencia hasta que apareció en la terna de mejor película al Oscar. Inmediatamente los ojos se centraron a la producción de Clint Eastwood y más los que se dicen afines a los principios conservadores del partido político Republicano.

El contenido patriótico de un hombre que escuchó el llamado de su país para combatir terroristas, fue anzuelo suficiente para que la audiencia de Estados Unidos asistiera al cine para presenciar la historia de un héroe. Por supuesto que la polémica de quienes se oponían a tal título generó mayor interés y la obligación de ver la película fue mayor con tal de estar al día.

Kyle y nina

Como director, Eastwood es demasiado competente al no perder de vista a su protagonista, le encantan que muestren carácter y sobre todo estoicos ante los problemas que uno tras otro aparecen en su camino. Conocedor de la polémica que implica el oficio de francotirador en un país invadido injustificadamente, el se dedica a querer mostrar la vida de Chris Kyle (Bradley Cooper) como aquel cazador de campo que después de la serie de atentados terroristas de 1998, escuchó el llamado de su país para luchar.

Hace un par de años, Eastwood fue criticado por su burla a Obama en una convención de Republicanos y sabe bien que su mayor logro es querer contar esta historia. Entiende que generar polémica no lo va a llevar a nada, que sus creencias son suyas propias y que no va a cambiar a nadie con su comportamiento de anciano delirante. Pero me entristece, que en esa aparente moderación existan fisuras de ese pensamiento retrograda de que Estados Unidos es la víctima y ellos los defensores de su forma de vida.

La trama es un cuento de hadas, lleno de ilusiones y de clichés que rivalizan con las nuevas interpretaciones de Disney. Sin complicarse la existencia, los malos de la película son todos los que usan turbante y Chris Kyle el defensor de los marinos que van en sepa que chingados objetivo. Desde la azotea dispara con precisión a todos quienes amenazan a las tropas de tierra y hasta tiene tiempo de comunicarse con su esposa. A fuerzas Eastwood tira todo lo que encuentra para humanizar a un personaje que se metió por elección propia al infierno.

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Quienes buscaron la adrenalina con escenas sin parar de guerra, con el transcurso de los minutos descubrieron su ausencia. Existen las típicas escenas de emboscadas, tiroteos o interrogatorios a extras musulmanes tan trillados que se obtienen en el catálogo de Hollywood. Si cayeron en la trampa de la publicidad que les vendió conflicto bélico, descubrirán que es un drama personal de un veterano de guerra tratando de superar sus traumas.

El patriotismo es una herramienta muy poderosa y en las manos correctas puede hacer grandes cosas. El llamado a combatir a tierras extrañas, bajo supuestas amenazas, es reconocido por un sector de la población que no entiende la manipulación a la que han sido sujetos. El creer que la libertad se defiende con una pistola, o que su estilo de vida es amenazado por terroristas, socialistas, liberales o agendas gay; se a vuelto una constante de un país tristemente perdido en su ego.

‘American Sniper’ no es una gran película, ni mucho menos para recibir nominaciones. Es una visión corta de una realidad con los miles de veteranos de guerra que son relegados a centros psiquiátricos, es la ilusión de que luchar en países extranjeros es justificado y plenamente una fantasía porque la realidad duele. Es la historia de un hombre que por voluntad propia fue y luchó en conflictos como invasor, asesinó a innumerables individuos, regresó a su hogar lleno de traumas y, como dice el dicho: a quien hierro mata, a hierro muere.