Los descendientes, los deberes de un padre de familia

Los descendientes

No creo bajo ningún motivo que Los descendientes sea una mala película ni mucho menos, más sin embargo me ha dejado algo de decepción al haberla visto con tanta expectativa, una expectativa que dicho sea de paso, se acrecentó aun más con las criticas y buena recepción que la película tuvo alrededor del año pasado en los Estados Unidos, donde al parecer la colocan cómo una de las claras favoritas a alzarse con el Oscar a mejor película del año. Un premio que si me lo pregunta, esta altamente sobrevalorado, más observando la lista completa de filmes que aspiran a dicho reconocimiento. Habiendo visto lo que vi, me salen varias incógnitas, quizás la mayor es que aun no logro entender el cómo una historia cómo Los descendientes pueda ser considerada un logro cinematográfico.

Un logro que se apoya, según la crítica, en la dirección del talentoso Alexander Payne, creador de esa maravilla llamada Sideways, titulada ridículamente en México cómo Entre Copas, y no me malinterpreten, Payne es un gran director y escultor de actores, eso ya de sobra lo se, pero aquí de su talento, no vemos más que ráfagas. Lo mismo con uno de los actores más carismáticos y de mayor talento de su generación, cómo lo es George Clooney, en quien recae el peso dramático de la historia y el único responsable de salvar una película que sin él, hubiese sido fácilmente olvidable.

Tanto Clooney cómo Payne logran, cada uno en sus apartados, hacer menos aburrida y predecible una cinta muy irregular y tediosa. La historia que nos cuenta Payne se basa en la novela del mismo nombre de Kaui Hart Hemmings, en la cual nos metemos en la piel de Matt King (Clooney), un padre de familia, abogado, que deberá afrontar un nuevo futuro: su esposa ha sufrió un terrible accidente, por lo cual deberá hacerse cargo, por primera vez en un rol serio, de sus dos hijas, al mismo tiempo que deberá cerrar un trato multimillonario que pone en jaque una herencia familiar. Una trama interesante por donde la veas, desafortunadamente, mal desarrollada.

La relación de King con sus hijas, maravillosas ambas, sobretodo una talentosa Shailene Woodley, en la piel de la hija mayor Alexandra, es sobrecogedora y poderosamente humilde, sin sobreactuaciones ni inverosímiles situaciones, sino más bien planteando situaciones reales que maximizan una relación padre-hijo, más que creíble y emotiva, siendo esta misma relación, por mucho, lo mejor de esta historia. Olvídense de la risible subtrama amorosa que rodea gran parte de la película, ya que en realidad lo que aporta es muy poco, y entorpece algo que ya se estaba solidificando, cómo lo era la relación familiar.

Una relación familiar sostenida en Clooney quien da una actuación sumamente sencilla y verdadera, metiéndose a su papel de padre de familia perdedor, un reto que deberá afrontar conforme trascurra la trama de la historia. Su personaje tiene crecimiento y una interesante curva dramática que lo hará madurar y ser una mejor persona de cómo lo vimos en un principio. Maravilloso. Por lo demás, poco que rescatar, quizás una fotografía hermosa por parte de Phedon Papamichael, y una música adecuada para el tipo de escenario que vemos en pantalla. Las seis nominaciones que opta a los Oscares son exageradas e inmerecidas, personalmente.

Si gustas de un buen cine y de buenas historias, es mejor que te abstengas de visualizar éste producto, ya que probablemente no sea de tu agrado, principalmente por que Payne nunca se decide entre si usar un tono dramático o cómico en su historia, situación que termina por destruir una buena premisa que tenía un alto potencial pero que fue desaprovechada de manera increíble. Una simple historia de familia que trata de contarnos los porvenires de la sociedad y del entorno tan cruel de la familia pero que en realidad nunca se siente contundente ni mucho menos satisfactorio. Recomendable para verla en la sala de tu casa, solo, y siempre y cuando no tengas nada más que hacer. Una decepción muy triste, más por los involucrados.