‘No se aceptan devoluciones’, sentimiento que vende

Eugenio Derbez es un actor que lo quieres o lo odias, no hay puntos intermedios. Depende de sus gustos personales que tan tolerable sean a sus estilos de comedia, en lo personal, ver una de sus series de televisión es un volado: como puede presentarse con un personaje vulgar-simplón que te deja un mal sabor de boca, o con un sketch reírte de ingeniosas situaciones en donde hasta te puede provocar una carcajada. Después de su estelarizar en 2010 la película ‘No eres tú, soy yo’, la pensé dos veces en mirar otra de sus películas. Fue debido a la excesiva publicidad, no solo por parte de la prensa mexicana, si no hasta la de Estados Unidos, lo que me hizo cuestionarme la calidad de producción.

‘No se aceptan devoluciones’ es una cinta que exige ser evaluada desde la perspectiva de un asistente casual, que de un crítico de cine, de lo contrario no hay lugar para disfrutar lo que ofrece. Me la pasaría la mayoría del tiempo creando un listado de errores, que pondrían en vergüenza a los inocentes que pensaron en que podía ser nominada a premios Óscar. Pero debo de reconocer que tiene un acierto por el cual se esta recibiendo el respeto de la audiencia y es simplemente porque te hace sentir.

Bebe Maggie

La trama de un padre al que le dejan de encargo a su propio hijo para que lo crié, es una historia que hemos visto una buena cantidad de veces y de mucha mejor forma. De inicio se nos pide creer que un personaje como Valentín (Eugenio Derbez) tiene la suerte de encontrar un chofer trailero que lo lleve a la frontera, lo cruce de ilegal a Estados Unidos y que por mandato divino encuentre un productor dispuesto a ofrecerle trabajo de doble en las películas. Todo lo anterior a cuestas de la gran personalidad de actor, que por cierto agradezco que esté a su 50% de maniaca energía, porque a veces fastidia.

Están equivocados aquellos que piensan que Derbez es la estrella de la película. Podrá toda la publicidad intentar convencernos de lo contrario con pósters y entrevistas, pero es la pequeña actriz Loreto Peralta a quien deben de ir todos los halagos. Es por ella que el actor cómico muestra una faceta desconocida y lejos de su características irreverencias que terminan por aburrir, hace de Valentín un personaje que derrota sus traumas infantiles con el justificado propósito de darle una vida de princesa a su hija.

Jugando

Admito que todas las escenas de fantasía con las cartas relatando las aventuras de la madre desnaturalizada que la abandonó a su suerte, son demasiado cursi. Se pasaron con el azúcar. Entiendo la necesidad de hacernos creer en un amor entre padre e hija, pero un poco de control hubiera sido recomendado. No era necesaria tanta sacarina. El talento natural de Loreto era más que suficiente.

La película también sufre con escenas de relleno que no contribuyen a la trama o donde la comedia no se consuma del todo. Si esperan carcajadas de montón, entonces vayan reduciendo las expectativas. Esta es una historia de amor que funciona, aún con todos sus errores. Ese es el motivo por el cual el público ha respondido más al sentimiento, que a las técnicas de narración primitivas que utilizó Derbez.

Derbez y Peralta

Si tengo algo que reclamar, es la falta de realismo de un libreto que busca solucionar sus conflictos por arte de magia. No hay complicaciones que no se puedan solucionar de la forma más absurda posible. Desde que Valentín logra cruzar la frontera, la conveniente aparición de la madre, la resolución de un juicio y hasta el retorno a México (cuando se supone que no podía regresar al país); entre más lo pienso, deberían darle un Óscar a Loreto por mantenerme atento a lo que en otra ocasión hubiera sido un rotundo fracaso.

El desenlace es rápido y furioso. La revelación de paternidad muy al estilo de los programas amarillistas de ‘Laura’ o ‘Cosas de la Vida’, le brindan una nueva faceta a las aventuras que acabamos de presenciar. Pero la cereza del pastel se la lleva el engaño con la ausencia tempranamente anunciada de un personaje. Lágrimas inesperadas se presentan en los rostros de la audiencia y pues tenemos comentarios en los foros de ser la mejor película en años. Lo cual no es cierto.

Madre e hija

Hay que reconocer que aún con un libreto plagado de errores, son las actuaciones las que sacan a flote una película destinada al olvido. Hasta mis respetos a Derbez, cuando en los últimos minutos muestra una faceta de un padre que acepta las circunstancias y les hace frente. Es en las decisiones que toma como director y en los cambios de tono en donde tengo dificultades: por un lado muestra madurez al no denigrar una relación lesbiana y control en los sentimientos del Valentín; y por el otro le sube al volumen en el melodrama con música de fondo, excesivos momentos cursis (que no debo de olvidar, que dentro del contexto se justifican) y una villana personificada por la figura maternal.

Me da gusto que haya tenido la película éxito. ¿Vale la pena? Por el mensaje que tiene y que se taladra con fuerza en el desenlace; sí que lo es. ¿Qué si me hubiera gustado otra estilo de narración? También. No era necesario tanto melodrama, ni fantasía. Si hubiera tenido mesura Derbez en controlar sus estilo de telenovela y haber realizado una decorosa edición que elimine las escenas relleno; entonces tendríamos un mejor resultado. Pero lo que importa es la taquilla y esta ya ha dado su veredicto. Respecto a premios o reconocimientos. Por favor, no hagan el ridículo

Nota: Había sido muy generoso con la evaluación. Después de un debate con Josué y una segunda revisión, no me queda otra que degradar de tres a dos estrellas. (18-oct-2013)