Acción

Spectre. Daniel Craig contra los fantasmas del pasado Bond.

“Casino Royale” en 2006 significó un cambio de enormes proporciones para la franquicia de James Bond, pues la película tuvo un realismo que no se había visto en ninguna de las anteriores del 007: un Bond letal y frio al momento de asesinar, mujeres mucho más inteligentes e independientes, casos más realistas; “Casino Royale” fue sin lugar a dudas una película que pareciera que cambiaria las cosas alrededor de la franquicia.

Pero conforme las secuelas fueron pasando, el Bond/Craig poco a poco se había vuelto a meter a los viejos territorios que Connery, Lazenby, Moore, Dalton y Brosnan recorrieron en sus épocas. Poco a poco esos puntos que no entraron en “Casino Royale” se fueron presentando en “Quantum of Solace” y “Skyfall”, provocando opiniones divididas: los fans amaron volver poco a poco a esos elementos tan icónicos en la franquicia, mientras que otros, que se estrenaron con Craig (o que quedaron fascinados con su entrada la franquicia), como que detestaron varios de esos detalles. Con ese panorama en contra o a favor, “Spectre” llega para dividir aun más las aguas entre el público: hay quienes acabaron rendidos ante la película, pero hay quienes terminaron casi odiando lo que Sam Mendes presento en la gran pantalla.

Bond

Es difícil de saber por dónde empezar en esta película, pero creo que empezare con los aspectos positivos y lo primero que destaco son las actuaciones: para esta entrega del 007, nos encontramos quizá ante un enorme casting que desborda carisma a pesar de lo limitados que están sus personajes: Craig sigue demostrando que esta mas que completo para el papen de Bond, con un poco mas de humor muy al estilo de Connery;  Christoph Waltz se siente desaprovechado pero aun saca a flote su talento para destacar como el villano de la película; Ralph Fiennes, Ben Wishaw y Naomie Harris como M, Q y Moneypenny lucen bastante sólidos en sus escenas; y Lea Seydoux demuestra ser una buena chica Bond. También destaco aquí a Dave Bautista (Batista, ex luchador de la WWE) como Hinx, el asesino en turno de la película: es brutal, es callado y con él no se puede jugar sin salir lastimado.

La acción es bastante notable a mi parecer: cuando supe que habían grabado escenas en México (pagadas por el gobierno aparentemente), temía que fuese a ser una escena mal hecha, solo para atraer al público mexicano; y el resultado fue no solo una de las mejores escenas de toda la película, sino más bien una de las mejores escenas de toda la franquicia, haciendo una toma larga increíble apenas comenzando. El resto de la acción no está mal tampoco: la pelea en el tren entre Bond y Hinx es intensa, así como la escena en las montanas; y la pelea en el desierto del Sahara es intensa.

Spectre

Pero no todo lo que brilla es oro en esta entrega de James Bond. Aunque tiene un buen casting, la película comete un par de pecados: el primero es no darle un trato del todo bueno a los nuevos personajes, salvo a Bautista; Waltz logra sobresalir, pero más a su talento que al trato a su personaje que queda bastante a deber y Seydoux es solo un adorno para Craig; y el segundo pecado es el increíble desperdicio de Monica Bellucci. Voy a confesar que antes del 2015 mi conocimiento sobre el agente 007 y su enorme franquicia me era desconocida, pero al momento de saber Bellucci estaría aquí, fue cuando me decidí a ver todas las películas; y saber que todo lo visto fue solo para un cameo de 5 minutos (o menos) me parece insultante, para la enorme figura de la actriz.

La acción en un principio está bien, pero conforme avanza como que va perdiendo lógica (no fuerza), especialmente en sus últimos minutos, cuando la saga literalmente se adentra en terrenos dignos de la era Roger Moore.

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Pero en donde la película en verdad presenta sus fallas en con la historia, que es muy entretenida, pero hace huecos por doquier. Donde radican los problemas es con Spectre. La organización criminal enemiga de Bond por excelencia aunque tiene un plan bastante interesante, falla en su ejecución de manera tan lamentable, que uno se pregunta cómo es que Bond batallo tanto para poder detenerlos. Las conexiones que tratan de hacer con las películas anteriores también fallan; y la idea de emparentar a Bond con el líder de la organización no es mala, pero no siento que este del todo aprovechada.

No es mala “Spectre”, de hecho diría que es bastante recomendable (mas de lo que fue “Quantum of Solace” o incluso “Skyfall”), pero en verdad le hacía falta una repasada al guion, que por momentos quiere bordear lo ridículo, y eso afecta mucho la opinión; al final, no deja de ser una buena opción en la gran pantalla.

Los 4 Fantásticos. Otro experimento fallido

Es una tristeza lo que ocurre con esta película. En serio lo es. No me causa enojo, o furia como varios han expresado, más bien lástima por todas la personas involucradas en el proyecto. Se tenía un muy buen elenco (aún con la controversia de Antorcha Humana); también un  joven director Josh Trank  que llamó la atención de varios con su bien vista ‘Chronicle’, y sobre todo había un presupuesto por parte de FOX porque necesitaban otro producto además de los X-Men.

Teniendo tantas producciones de superhéroes, es evidente la clara necesidad de distinguirse del resto, además de una pasada experiencia que con todo y errores produjo una secuela. Es solo que el enfoque de esta película resulta catastrófico. Si la palabra resulta exagerada, permítame explicarles porque.

Hace unos años, cuando Marvel retoñaba, existió una película llamada Hulk (espero que la recuerden). Fue un experimento en aquellos tiempos pioneros donde todavía la ‘fórmula’ no estaba establecida y un director extremadamente sensible como lo es Ang Lee, decidió imprimir su propio estilo, y prácticamente hizo cine. Dicho filme dedicó la mayor parte de su tiempo a desarrollar el personaje de Bruce Banner a niveles psicológicos extremos. Lógico que los fanboys y público en general que llenan los cines, esperaban más ¡Hulk Smash! y no tanto un Hulk sentimental. Al dedicarle más de 2/3 partes a temas familiares y una última parte a la destrucción de dunas de arena, la película se volvió un ejemplo de lo que no se debe de hacer. Es por eso que para evitar el ‘aburrimiento’, tenemos por cada 5-10 minutos de diálogos al menos la misma cantidad de acción para compensar.

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Pues, ahora con 4 Fantásticos, no entiendo que es lo que trataron de hacer al dedicar tanto tiempo a los personajes cuando el género del cómic no lo demanda, y el experimento de hace años con Hulk no resultó como se esperaba. Primero es la acción, la aventura, el suspenso y sobre todo los eventos heroicos y no tanto el desarrollo escolar, familiar o de plano ecológico. Con esto no quiero decir que no sea necesario, y ustedes saben como me he quejado en otras producciones cuando no ponen atención a desarrollar a los personajes, pero hay límites y además formas económicas para lograrlo.

Se vuelve desesperante como promesas de actores se encuentran conversando en escenas de oficina con el único propósito de sonreír y hablar de una máquina teletransportadora que si esto se tratara de un infocomercial, ya la hubiera comprado. Es un desperdicio tremendo de tiempo que se podría haber utilizado en aventuras más allá de la búsqueda de un planeta en otra dimensión, o  al menos dedicarnos a explicarnos las motivaciones de Victor von Doom (Toby Kebbell).

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Pero la ambición del libreto se limita a desarrollar las personalidades de los 4 Fantásticos, y hasta en eso falla. Tanto tiempo dedicado a tensión romántica entre Reed Richards (Miles Teller) y Sue Storm (Kate Mara) para no ir a ninguna parte. Luego entra Victor en un triángulo amoroso que no enciende lo suficiente ni para calentar un malvavisco. Ni que se diga de la trágica transformación de Ben Grimm (Jamie Bell) , quien se desaparece a la mitad de la película, para regresar en pequeñas dosis y mostrar cara de emo digital. Tampoco se me puede olvidar un Johnny Storm (Michael B. Jordan) tan apagado que hasta se extraña la versión de Chris Evans.

El libreto no conforme con desesperarnos a que algo suceda, resulta ser un auténtico relleno por no llegar a nuestro destino. No es hasta la mitad de la película, después de tanta palabrería de innumerables descubrimientos en planeta ‘basurero’,  que por fin nuestros protagonistas sufren su dichosa transformación. Uno esperaría un incremento en adrenalina, o por lo menos algo que no sea otro misero bunker militar, pero no es así, regresamos a puras escenas de drama y un poco de aire libre con locaciones en Centroamérica.

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Esta cinta es deprimente, además de causar claustrofobia con tan limitadas locaciones su tono es sobrio, opaco, desalentador. El diseño de producción no ofrece un detalle del cual maravillarse, y hasta los efectos visuales carecen de imaginación. Y por más que quiera defender a la promesa que es el director Josh Trank, mucha de la culpa es suya. Es evidente que no pudo con el trabajo.

Al igual que Joss Whedon con Vengadores 2, ahora Trank se queja de interferencia por parte de la casa productora a la hora de editar su obra. Mientras que al primero logró justificar que tenía un acierto en sus manos, el cual fue arruinado por la falta de tiempo, aquí con 4 Fantásticos veo unos ejecutivos desesperados por inyectarle algo de sabor a un pozole desabrido. No encuentro forma de como hubiera podido salvar este proyecto, porque sus errores están desde su concepción.

Misión: Imposible – Nación Secreta. Desafiando expectativas

Es sorprendente como Tom Cruise ha logrado desafiar las expectativas de una franquicia que en un principio no tenía demasiadas esperanzas de vida. Después de dos primeras películas que se hunden en la confusión de su libreto o excesos

de dirección con John Woo, no fue hasta la tercera oportunidad cuando el mismo Cruise como productor resucita una franquicia con el entonces novato director J. J. Abrams, y de ahí en adelante logra tener un éxito generalizado al cual le debemos las secuelas.

Porque seamos sinceros, Misión Imposible jamás ha estado dentro de las prioridades de la audiencia. Es cierto, la tercera parte logró salvar la vida de la franquicia, pero jamás como para volverse una cita obligada en el cine. Apenas fue con el director Brad Bird y su Protocolo Fantasma, cuando la saga se consolidó como una a la cual hasta los críticos podían recomendar.

Y es así que llegamos a la quinta secuela de una saga que funciona como la serie de televisión que la inspiró. Cada una de las películas se desenvuelven como capítulos separados, donde lo poco que tienen en común, son los protagonistas que se van agregando en el camino.

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Entonces, para mantenernos atentos desde el principio es necesaria una secuencia de acción que se vuelve en la identidad del filme y que requiere a Tom Cruise incrustado en el fuselaje de un avión en pleno inicio de vuelo, nada más para despertar a la audiencia y ver la cara de terror del actor en la publicidad. ¡Muy bien!

La trama es un reciclaje de pasadas entregas y en general del género del espionaje. Otra vez un agente secreto es perseguido por el gobierno al quien sirve, su agencia de espionaje amenazada en ser eliminada del presupuesto, sin recursos y con solo un pequeño grupo de amigos que lo ayudan a descubrir la nueva supermalvada organización secreta que desea gobernar el mundo.

El rostro del nuevo plan de villanía es Solomon Lane (Sean Harris), un hombre con una voz irritada que demanda jarabe, pero de mente brillante para lograr reunir un grupo de ex-agentes secretos llamados «El Sindicato». Su capacidad de predecir los movimientos de sus adversarios lo hacen tan temible que el director opta por mantenerlo en las tinieblas y guardarlo hasta el final.

Esperaba más del auto llamado Sindicato o la tan publicitada nación secreta. Con el simple nombre prometía tener el mundo a sus pies y con el Armagedón a la vuelta de la esquina. Pero que le vamos a hacer, ya en estos tiempos lo villanos no se dan tan fácilmente, y las organizaciones del mal en la actualidad son tan incompetentes, que duran una película. A lo mejor Spectre va a tener mejor suerte en un par de meses.

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Lo que si vale la pena es la inclusión de Ilsa Faust (Rebecca Ferguson) como la rompecorazones de Ethan y compañera de aventuras. Jamás en toda la saga había tenido una co-protagonista que por lo menos estuviera a la par y no fuera la dama en desgracia. Lo interesante es que hasta se le ofrece una mayor cantidad de tiempo y en lo personal ayuda en el transcurrir de los minutos.

Con la inclusión de Ilsa durante la mayor parte de la trama, el resto del equipo sufre en su tiempo de exposición. Los principales damnificados son el veterano Ving Rhames, como miembro vitalicio de nostalgia; y el actor Jeremy Renner como burócrata y no tanto como el supuesto repuesto de Cruise. En realidad, me daba igual el tiempo que les dieran a los dos ya mencionados. Lo bueno es que no intentan incluirlos por obligación, aunque su presencia se vuelva más relleno que por necesidad. De todas formas, lo que me agrada de esta secuela es que al menos tiene la inteligencia de saber que es lo que funciona y que es lo que ayuda al público para obtener una experiencia plena.

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Claro ejemplo es la que quizás sea una de las mejores secuencias de la saga que involucra la cacería de asesinos dentro de la Ópera Estatal de Viena. ¡Y es gloriosa! Llena de intriga, emoción, suspenso, todos esos calificativos que hubieran sido perfectos tratándose del clímax de la película. Seguimos con otra secuencia que involucra el sumergirse en un tanque de agua y una persecución en motocicletas tan bien editada que llegamos desde el centro de la ciudad, hasta las montañas de Marruecos en pocos minutos. ¡Vaya que esas máquinas son veloces! Hasta que llegamos al desenlace que tristemente palidece con el resto de la adrenalina que nos venía proveyendo la película.

Descubrimos que el villano no resulta ser tan inteligente como parece y el libreto de Drew Pearce y Will Staples sufre un descalabro al convertir Ethan Hunt en una memoria USB. No suficiente, utilizan el cariño que le tenemos al personaje de Benji Dunn (Simon Pegg) como manipulación para apalancar unos últimos minutos que no son tan intensos como los que nos tenían acostumbrados.

De todas formas, no deja de ser una buena secuela gracias a la intensidad de un Tom Cruise que no demuestra sus años y el trabajo del director Christopher McQuarrie que elige construir secuencias con inteligencia y dejando a un lado los efectos visuales solo cuando sean necesarios.

Comparando este filme con el resto de la saga, esta vez no logra superar el buen sabor de boca que dejó Protocolo Fantasma, de todas formas, mantiene el interés y no dudaré en ver la siguiente aventura del agente Ethan Hunt.

El Agente de CIPOL. Solo preparándonos para Spectre.

El 2015 parece haber sido un buen año para el cine de espías, que podría convertirse en el género ganador dependiendo de cómo se comporte el film número 24 de James Bond en noviembre. En un año donde la comedia, el terror, el romance y hasta el género de superhéroes quedaron a deber, el cine de espías pareció encontrar el modo para hacer sus películas entretenidas y todavía con algo de creatividad.

Inicio todo con “Kingsman: el Secreto Servicio”, que resultó un gran homenaje al género de espías de los 60 y 70 por parte de Matthew Vaughn; de ahí, siguió la comedia “Spy”, protagonizada por Melissa McCarthy y que, sorpresivamente, resultó ser una buena comedia sobre el género (aunque aquí me baso en otros comentarios, ya que no he visto esa película); y hace poco más de un mes, Tom Cruise nos entregaba la quinta entrega de la franquicia “Misión Imposible”, con la entrega “Misión Secreta”, dando una de las mejores películas del verano.

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Con estos tres antecedentes a favor, resulta triste ver como “El Agente de CIPOL” queda como un producto un tanto mediano en comparativa a las tres mencionadas anteriormente (cuatro, si Bond cumple con las expectativas). No es mala la película, es solo uno siente que había potencial para entregar un producto más sobresaliente (buenos actores, buena premisa) que lo visto en pantalla.

La historia de juntar a dos tipos (agentes, en este caso) que no se llevan bien por diferentes circunstancias (en este caso, pertenecen a naciones enfrentadas, con ideologías diferentes) y que son obligados a hacer equipo para evitar un problema brutal (ex nazis obtener una bomba nuclear) no es nada nuevo, y eso se convierte en un problema para la película, que sigue los mismos pasos que esta fórmula y eso puede aburrir a muchos: un primer encuentro que no termina en buenos términos, una misión en la que estarán forzados a hacer equipo, el hecho deque empiezan a llevarse bien conforme avanzan; en síntesis, nada nuevo bajo el sol en la aplicación de esta historia.

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Ahora, que la historia sea repetitiva no significa necesariamente que todo va a terminar en un mal producto, aun la historia puede ser divertida, ¿verdad? Bueno, por momentos lo es: la película en general está bien contada, pero tiene momentos que no aportan mucho a la historia, y otros momentos que parecerían estar contando demasiadas veces conforme avanza.

Un punto que juega bastante a su favor es el diseño de producción: la película es ambientada en los 50 o 60, y luce espectacular; desde los vestuarios de los protagonistas, los autos, los edificios, los aparatos de espionaje, toda la película presume estar en una época donde el espionaje estaba de moda; incluso la música es sacada de éxitos del momento, sin lugar a dudas.

En cuanto a las actuaciones, diría que estoy más que satisfecho con la mayoría de estas personas: Henry Cavill y Armie Hammer lucen fantásticos como los agentes Napoleón Solo e Illya Kuryakin, de la CIA y KGB respectivamente. Hay muchos que se quejan de estos actores por sus papeles en películas anteriores (Cavill como el “Superman” asesino en “Man of Steel” y Hammer por “El Llanero Solitario”, aunque yo creo que estuvieron decentes), pero aquí en mi opinión lucen fantásticos, aunque Hammer por momentos parece perder el acento ruso que obliga su personaje.

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Los villanos son también bastante buenos, mostrando la amenaza que deberían ser, mi principal aplauso para Elizabeth Debicki como Victoria Vinciguerra, que destila belleza y maldad en buena forma. Pero a mi gusto quien falla seria Alicia Vikander. Esta chica es, supuestamente, la nueva apuesta de Hollywood para futuras películas y puede que no actúe mal, el problema es que ya conmigo van dos películas (“El Séptimo Hijo” y esta entrega) y en ninguna me ha convencido. Además de eso, su personaje (de la doble espía/interés romántico) no me parece bien desarrollado. Ojala en “The Danish Girl” le vaya bien, porque conmigo al menos ha quedado a deber.

Otro punto a comentar es el tono que Guy Ritchie utiliza en esta película: trata de agregar su toque de comedia en la entrega: por momentos funciona (la escena de Solo comiendo un sándwich mientras Kuryakin es perseguido en lancha es genial), pero por otros nada más no.

Sera en noviembre cuando la última película de espías del año (James Bond) se estrene, y ver si en verdad se consolida el 2015 como uno de los mejores del género; pero si necesitan de otra historia de espías en lo que llega el 007, diría que esta película no está mal para pasar el rato.

Terminator: Génesis, de la confusión temporal del amor junto al abuelo

Hace ya varios años un joven director desafió sus limitantes económicas y nos ofreció una película con una historia de un cyborg del futuro dispuesto a destruir la flama de la pasión entre dos individuos demasiado calenturientos. Los resultados de tal encuentro fueron la creación del único humano capaz de destruir a las máquinas nacidas de otra flama de la pasión entre un Iphone y el sistema operativo Android: Skynet.

Luego pasaron otra buena cantidad de años y ese joven llamado James Cameron decidió desafiar las posibilidades de que en esos tiempos la secuelas eran pésimas y continuó su relato de una familia donde un el cyborg, era el padre; una psicótica mujer con delirios de persecusión, era la madre;  y un adolescente con el talento de robar cajeros automáticos, era el hijo. Pero como nada es perfecto, el tío que de cariño le llamaron T-1000, sufrió un terrible accidente con un burrito en el microondas y decidió vengarse de la familia del cyborg .

James Cameron tuvo razón en dejar ir un proyecto que él mismo considero había llegado a su fin. El que las circunstancias hayan permitido a otros intentar llevar más allá la historia de un cyborg del futuro, no se ha vuelto un privilegio, más bien un error.

Esta es la cuarta versión (contando la adaptación a la televisión) y en vez de mejorar, se degrada en el cine chatarra que tanto abunda y por lo cual algunos están dispuestos a defender.

Debería de existir una advertencia, o de plano un cyborg que destruya todos quienes piensan que es una inversión saludable seguir produciendo contenido respecto a Terminator.

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En esta ocasión somos testigos de los eventos que llevaron a John Connor (Jason Clarke) del futuro, enviar a su padre Kyle Reese (Jai Courtney) a salvar a su madre Sarah Connor (Emilia Clarke) y tener una noche romántica que permitiera su creación. Hasta ahí todo iba bien. Dentro de mi cabeza hasta estaba pensando lo exagerada que había sido la crítica. No es hasta después de 15 minutos de coherencia narrativa que la película de forma repentina comienza a sufrir de epilepsia crónica y todo se va al carajo.

Tenemos al T-800 con todo y pectorales, un T-800 (Arnold Schwarzenegger) ya desgastado, Sarah Connor sin traumas llega a salvar el día, luego un T-1000 (Lee Byung-hun) versión Hyundai, y por último un joven policía que se envejece en el actor ganador del Oscar: J.K Simmons. Bueno, la lucha libre tiene más armonía que lo que trataron de hacer.

El libreto de Laeta Kalogridis y Patrick Lussier intenta construir una versión alterna a todo lo que hemos visto antes. La idea no es descabellada, es hasta entendible cuando dos de las secuelas fracasaron en desarrollar sin éxito el futuro de la saga. Es solo que la divergencia que ocurre cuando Kyle regresa al pasado, provoca disparates que sin ser expertos en física temporal, destruye nuestro básico entendimiento de los viajes a través del tiempo.

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Es entendible que el director Alan Taylor no se detenga a explicarnos con claridad lo que sucede. Prefiere pisar el acelerador con escenas de acción que satisfacen a la audiencia, en vez de dejarse llevar por el lodo del libreto que seguro ni él pudo comprender. Y no lo culpo.

El problema es que no es suficiente. Se pone la soga al cuello al pretender que las escenas de acción logran justificar la existencia de esta versión alterna. El valor que le da a esta película radica en una pelea a muerte en el hospital, destrucción en el puente Golden Gate, una persecución en un helicóptero supersónico, y en el reciclado del set de la máquina del tiempo. Ahí tienen su Terminator: Genesys.

Están en todo su derecho el sentirse satisfechos quienes piensan que tales escenas de acción son suficientes, para mi solo demuestran lo decadente que se ha vuelto el cine, porque lejos de la adrenalina del momento, no se puede esconder de las deficiencias que hacen chatarra esta película.

Lo triste es que con todo y la confusión de libreto, existían oportunidades de que este filme contribuyera al legado James Cameron.

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La posibilidad de desarrollar el romance entre Sarah Connor y Kyle Reese, debió de ser el anclaje que permitiera a la acción tener peso o por lo menos suspenso. A cambio las interacciones del dúo son infantiles, y con una terrible dificultad de expresar sentimientos. Aquel vínculo entre el soldado con traumas de guerra y la víctima del destino, es intercambiado por el héroe que no sabe nada y la dependiente del cyborg que insiste que no es obsoleto.

Es entonces, que al tener tus protagonistas degradados en un romance estilo Crepúsculo, lo que sobresale es un Arnold dispuesto a ser el bufón de la película. Por más que quieran hacerlo pasar como el héroe de acción y nos llenen de escenas heroicas con el cyborg indestructible, en realidad eso es lo que se ha reducido su personaje. Y con ello destruyendo cualquier factor miedo a los Terminators que se supone son armas letales para destruir la humanidad.

Lo más decepcionante es el desperdicio que hacen de la mitología que muchos otros quisieran poder tener. Aquí no se necesitaba crear personajes o una historia interesante, porque ya está puesta sobre una mesa. Lo que necesitaban hacer era desarrollar algún hilo suelto, pero optan por destruir todo y construir de las cenizas, eso no es el error, lo que si se vuelve un error es la ineptitud como lo hacen.

John Connor era el héroe que salvaría a la raza humana. Por él Sarah Connor sacrificaría su propia vida, al grado de arruinar la suya propia. Todo giraba alrededor de este salvador que lograría derrotar a las máquinas. ¿Entonces que se les ocurre hacer? Convertirlo en villano, y de los peores. No conformes, deciden arruinarlo con sus promocionales dejando desprotegida una película que desesperadamente necesita de sorpresas.

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El grado de ineptitud se consolida con el desperdicio del actor Matt Smith, en un papel que me imagino no fue el que le vendió su representante. Es entonces evidente que este proyecto no tiene pies ni cabeza.

Nunca se logra tener un objetivo o crear algo de valor que justifique la existencia o tan siquiera el derecho a utilizar Terminator en su título. Es un reciclaje de ideas de dos buenas películas, que por más que quieran destruir su legado, estas se consolidan como verdaderas joyas de género de ciencia ficción.

Creo que llego el tiempo de tomar la cadena y bajar lentamente a Terminator a la piscina de acero derretido, porque es evidente que sus protocolos no le permite auto-destruirse, por más que insista que está viejo y no obsoleto.

Tomorrowland. El “incierto” futuro de Disney.

Parece ya una costumbre que Disney, año con año, tenga por lo menos una película que fracase en taquilla y obligue a los ejecutivos de la empresa del ratón a modificar sus planes sobre futuros proyectos. En 2010 tuvo doble golpe con los fracasos de “El Príncipe de Persia: Las Arenas del Tiempo” y “El Aprendiz de Brujo”, donde el sello de Jerry Bruckheimer no terminó siendo garantía; en 2011 fue el turno de la producción animada “Marte necesita mamas”, pero la pobre publicidad no apoyo mucho; en 2012, “John Carter” se convirtió en una de los fracasos más grandes de todos los tiempos; en 2013, fue el turno de “El Llanero Solitario”, que no levantó ni con Johnny Depp en su reparto. En 2014 no hubo ningún fracaso así, y pareciera que esa racha se había terminado. Hasta que llego el turno de Tomorrowland de estrellarse ante el monstruo de mil cabezas.

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He de confesar que la primera vez que vi la película salí decepcionado de la sala: visualmente la película era impresionante, pero en la historia quedaba a deber y los personajes no me habían convencido. Pero pasado el tiempo y pensando más detenidamente sobre la película, me encontré disfrutando genuinamente esta entrega. Lo único que habría que hacer es dejarse llevar por todo: la historia, los personajes, los efectos, las actuaciones, incluso por la música y el diseño de producción. Combinado todo eso, nos encontramos ante una película bastante buena, aunque tiene sus pequeños detalles.

De esos detalles quizá el más grave sea Britt Robertson como Casey Newton; no creo Britt sea una mala actriz, pero el problema es que carga con el personaje menos interesante de todos: una adolescente 100% optimista y que siempre le ve el lado positivo a las cosas; no es que sea malo ese enfoque, es solo que aquí no termina por convencer y creo que se debe a los actores que rodean a Britt, que les toca personajes mucho más interesantes que el de ella. Eso quizás no sería un problema si no fuera porque Casey es el personaje principal de la historia, quitándoles minutos a los personajes de Clooney y Laurie especialmente.

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Clooney hace lo que puede para sacarle jugo a su personaje, con resultados bastante interesantes; Laurie es criminalmente desperdiciado, con un giro a villano que sale de la nada y crea un final bastante forzado. De los personajes, es sin lugar a dudas Raffey Cassidi es quien se lleva los mejores momentos, ya que su interpretación como la robot Athenea es lo mejor que hay en el rango de la actuación. Le auguro un buen futuro a esta niña.

Pero el mejor brillo de la película, cae en los efectos especiales: estos son mostrados en buena cantidad, sin llegar a excesos, y transmiten algo de magia que hace que te enganchen con la historia.

Hablando de la historia, una de mis acusaciones era que tardo bastante en adentrarse, precisamente, al mundo de Tomorrowland, y que cuando entramos a este, no nos encontramos precisamente con la publicidad que los trailers y posters nos ponían. En un principio yo me decepcione con este resultado, pero confirme mas lo termine pensando, esto transmite un mejor mensaje de lo que uno pudiera esperar: en vez de esperar esa magia, tu créala; un mensaje que, en estos tiempos, no se debe de obviar.

Puede que la película, en historia, no este del todo bien; pero tiene la suficiente magia para engancharte y llevarte a un viaje increíble, de esos que uno quisiera vivir.